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Columnistas

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02/08/2024

En defensa de la Educación Sexual Integral (ESI)

Por María Cecilia Peña (*)
En defensa de la Educación Sexual Integral (ESI)
En defensa de la Educación Sexual Integral (ESI)

La Ley Nacional N° 26150 de Educación Sexual Integral (ESI) sancionada en 2006 establece el derecho de niños, niñas, adolescentes y jóvenes a aprender contenidos vinculados a la sexualidad desde una perspectiva amplia, interpelando enfoques biologicistas y biomédicos para entender la sexualidad como una construcción y una dimensión constitutiva de las personas a lo largo de sus vidas, que integra aspectos emocionales, psicológicos, éticos, sociales, culturales.

Se trata de una perspectiva que garantiza en las Escuelas, Jardines e Institutos de Formación Docente, saberes que incluyen la subjetividad, la afectividad, las historias de vida, como dimensión inseparable de la sexualidad, desde un enfoque de Derechos Humanos.

Desde esta integralidad, la ESI enseña acerca del ejercicio real de los derechos, la valoración de la diversidad, el cuidado del cuerpo, el desarrollo de comportamientos de autocuidado y de cuidado de los otros y las otras, a “decir no” frente a comportamiento de otras personas que incomodan o confunden y a pedir ayuda cuando lo necesiten.

Su presencia en las escuelas posibilita desnaturalizar estereotipos de género, romper mandatos culturales que sostiene la masculinidad hegemónica y enseña a los varones que la ternura, la sensibilidad, el cariño, también les pertenecen.

Aporta miradas para la construcción de vínculos sexo-afectivos desde el respeto, la equidad, el cuidado, la responsabilidad y el consentimiento, desplegando estrategias para enseñar a reconocer las distintas formas de ejercicio de las violencias, para darse cuenta e identificarlas cuando las padecen, y también enseñando a no reproducirlas.

Se trata de contenidos y saberes precisos y validados científicamente que se trabajan en clave pedagógica, es decir, son graduales, pertinentes y adecuados a la edad evolutiva de niños, niñas y adolescentes, manejados con profesionalismo por los y las docentes.

Esta perspectiva pedagógica de la ESI implica enseñar atendiendo los lineamientos definidos e impulsados desde el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, el Consejo Federal de Educación y las áreas específicas de los Ministerios de Educación de las Jurisdicciones.

A lo largo de estos años, las políticas públicas educativas de fortalecimiento de la ESI, aún con pendientes, fueron haciendo realidad esta perspectiva en las escuelas, habilitando transformaciones significativas en términos de contenidos de enseñanza y también contribuyendo crear y construir formas más democráticas, hospitalarias y emancipadoras de habitar las escuelas.

Hoy sabemos que muchas y muchos estudiantes han podido identificar y poner nombre a las situaciones de violencia y abusivas que atravesaban, luego de las clases de ESI y han podido contarlo a sus docentes.

También se ha constatado la disminución de las cifras de los embarazos no intencionales en la adolescencia y nuestras y nuestros adolescentes tienen más herramientas para detectar, interpelar, analizar y prevenir las violencias en vínculos interpersonales, las diferentes formas de discriminación, los maltratos, el acoso, la violencia sexual.

Estos son solo algunos de los muchos avances y potencialidades que significa la presencia de la ESI en las escuelas y la vida de nuestros y nuestras estudiantes. La ESI es una oportunidad para la ternura, la empatía y el cuidado, como dice Liliana Malts2 y una pedagogía contra la crueldad. La posibilidad aprender sobre estos contenidos, implica, sin duda, interpelar este orden injusto y cruel que es el patriarcado, y se torna imprescindible para aportar a la construcción de sociedades más democráticas, justas, inclusivas y solidarias, donde no se atropelle la dignidad humana.

En este presente, en el que los discursos de odio están exacerbados, la ESI está en riesgo. Volvemos a escuchar discursos sociales y políticos que se pronuncian en contra de la ESI, con argumentos anti-derechos que no consideran el amplio plexo normativo de ampliación y restitución de derechos que otorga ciudadanía plena a nuestros niños, niñas y adolescentes, que ya no son considerados “propiedad” de las familias, sino sujetos de derecho, tal como lo define la Convención Internacional sobre los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes con rango constitucional desde 1994 en nuestro país.

En este sentido, el Estado tiene la responsabilidad y la obligación de estar presente para cuidarlos, respetarlos y hasta en ocasiones, protegerlos de sus propios ámbitos familiares, porque sabemos que muchas situaciones de vulneración de derechos ocurren en la intimidad de las familias. Los derechos no son elegibles, les corresponden a sus destinatarios y destinatarias, y es así que, el derecho a la ESI no es renunciable, porque somos parte de un estado que tiene la responsabilidad de construir y trabajar para el bien común.

La ESI promueve la corresponsabilidad entre familias y escuelas, apostando a sostener vínculos para garantizar derechos. Las familias tienen un rol significativo y protagónico desde la construcción de acuerdos comunes, entendiendo que, en ocasiones, la escuela maneja con profesionalismo temas que significan tabúes, censuras, mitos y silencios en las tramas familiares y que en las escuelas circulan cada vez con más apertura y rigor científico.

La escuela tiene la responsabilidad de fortalecer esta alianza para desarmar prejuicios. La ley Orgánica de Educación Nacional N° 26206 sostiene que la Educación Pública es un Bien Público y un Derecho Social, y que el estado tiene responsabilidades políticas, éticas y pedagógicas ante las nuevas generaciones. Sabemos que la retirada del estado en políticas públicas educativas tiene efectos devastadores en los entramados sociales y en la subjetividad de niños, niñas y adolescentes. Comprometernos en la defensa la ESI, es asumir el compromiso que tenemos en la protección y el cuidado de nuestras infancias y adolescencias. Es una responsabilidad generar instancias de conversación y diálogo en las comunidades para seguir apostando a fortalecer el derecho a la ESI que es el derecho a infancias y adolescencias con proyectos de vida más libres y felices.

(*) Especialista en Derechos Humanos y Educación Sexual Integral. Profesora en Letras (UNS). Diplomada Superior en Ciencias Sociales con mención en Psicoanálisis y Prácticas Socio-Educativas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso (2014) -Especialista Superior en Educación y Derechos HumanosMinisterio de Educación de la Nación- (2018) -Diplomada en EducaciónSexual Integral por la Universidad Nacional de Tres de Febrero UNTREF (2022) -Especialista Superior en Educación Sexual Integral- Ministerio de Educación de la Nación (2023) -Especialista Superior Docente en ESI- Dirección de cultura y Educación de la Prov. de Bs. As. -Investigadora del Observatorio Argentino deViolencia en las escuelas.

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