OPINIÓN
¡Atrapado en libertad!. Milei y la desregulación de los alquileres
Un rápido repaso por las empresas Inmobiliarias de la ciudad de Viedma arroja un número que supera las 30. Aun con distintas dimensiones, en una ciudad que cuenta con cerca de 80 mil habitantes, se concentran más de tres decenas de empresas que ofrecen viviendas, departamentos y propiedades en alquiler. Para un importante sector de la población, la vivienda y su acceso ingresan en el tenebroso juego de la oferta y la demanda. La desregulación del gobierno de Javier Milei, empeora el panorama.
La derogación de la “Ley de Alquileres” por parte del gobierno de “La Libertad Avanza” (DNU) deja todo liberado a la voluntad de “las partes”: el plazo del alquiler, la moneda a utilizar y la indexación del contrato. Dice el texto: “las partes son libres para celebrar un contrato y determinar su contenido” (Art 958). Esto es, se pone en igualdad de condiciones a sectores concentrados con individuos y familias, formalizando una situación de clara inequidad. No hay partes, ni libertad, cuando unos tienen propiedades y otros no, cuando unos están obligados a alquilar, y otros no.
Lo que quiere Milei es que no haya ninguna legislación sobre los alquileres, y quede todo librado al juego de la oferta y la demanda. Con estas políticas, se legaliza la modelización del capital sobre la vida de los sujetos. Las empresas inmobiliarias o los locatarios particulares, se ven habilitadas -ahora más que antes- a exigir determinadas condiciones para acceder al alquiler, más allá de los costos monetarios y las garantías exigidas. Situación que ya existía, pero se agudiza con esta flexibilización. Dice un referente de la Unión de Inquilinos Rionegrinos (UIR): “además, en el caso de encontrar un alquiler disponible, hay requisitos que lo tornan aún más difícil, como no tener chicos ni mascotas”. Y agrega, en tono dramático: “los que no tienen a dónde ir se quedan presos donde están, se tienen que quedar y aceptar el precio que pone la inmobiliaria".
“No tener chicos ni mascotas”, “quedar preso”, “quedarse y aceptar el precio” son claras alusiones a una forma de dominación que busca una rentabilidad apropiándose de trabajo ajeno, pero que además, produce subjetividades de subordinación. Bajo estos mandatos del capital, se subordinan proyectos de vida, bienestar, autonomía, etc. El alquiler determina no solo donde tienen que vivir las personas no-propietarias sino también como deben hacerlo, configurando una “economía de la obediencia”.
En este aspecto, es interesante contrastar esta realidad con la visión propia de los representantes de los propietarios. Explica un referente de las inmobiliarias viedmenses: “el tema es si venís a alquilar este departamento y tenés un mastín napolitano. Acá lo que hay que analizar es la aptitud. O viene alguien a querer alquilar ese mismo departamento con 8 hijos y medio, porque la mujer está embarazada. No hay aptitud”. (Entrevista propia, 2023).
Según datos de la Federación de Inquilinos, el 21% de la población de Viedma alquila una casa o un departamento para vivir. A este elemento, habría que sumarle todo un subregistro de alquiles informales. Otro tanto, tiene dificultades habitacionales ya que necesita remodelar sus viviendas (porque están inhabitables) o necesita una nueva porque no tienen. Un importante sector de la población de la ciudad se ve obligado a destinar más del 50% de sus salarios a un alquiler o vivir precariamente en un barrio popular.
La renta inmobiliaria es una promesa de riqueza futura para los propietarios y al mismo tiempo, la expropiación del mismo futuro para los sectores desposeídos. Es la puesta en continuo presente -stand by-, de los proyectos de los sectores sociales subalternos. La enajenación del proyecto de vida de las y los trabajadores, en pos de un “eterno presente” puesto a producir. Bajo este imperio de la renta, donde el león impone su ley de la selva, vive una gran porción de la población en nuestro país.
* Lic. en Ciencias Políticas egresado del CURZAS (Centro Universitario Zona Atlántica y Sur-UNCO).
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