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AIRE PARA SENTIR

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09/10/2026

¿Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda? El peso oculto del "yo puedo sola"

Las razones detrás de la autosuficiencia extrema, el costo físico y emocional de no delegar, y por qué aprender a recibir es también un acto de amor propio.
Mercedes Querejeta analizó las raíces de la autosuficiencia extrema, advirtiendo sobre el desgaste físico y emocional de cargar con todo sin permitirnos recibir ayuda. Foto: Gentileza.
Mercedes Querejeta analizó las raíces de la autosuficiencia extrema, advirtiendo sobre el desgaste físico y emocional de cargar con todo sin permitirnos recibir ayuda. Foto: Gentileza.

Detrás de la frecuente frase "yo puedo sola" o "yo puedo solo" suele esconderse mucho más que una simple cuestión de organización. En su habitual espacio "Aire para sentir" dentro del programa El Radar (Radio Noticias 105.5 MHz), la psicopedagoga y coach ontológico especializada en inteligencia emocional, Mercedes Querejeta, reflexionó sobre las raíces profundas de la autosuficiencia, el control y la dificultad que enfrentamos al momento de aceptar colaboración.

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Durante la charla con el equipo del programa, la especialista señaló que este comportamiento está íntimamente ligado al binomio entre dar y recibir. "Normalmente somos personas que estamos muy dispuestas a sostener, a ayudar, a escuchar, pero nos cuesta mucho ponernos en el lugar del merecimiento, de recibir", explicó Querejeta, graficándolo con la cotidiana escena de cargar seis bolsas del supermercado y rechazar cualquier asistencia bajo la premisa de poder con todo.

El control y el mito de la "mujer maravilla"

Uno de los ejes centrales de la columna fue el análisis del control y las consecuencias físicas y emocionales de cargar con todo el peso cotidiano.

Querejeta indicó que, al intentar resolver todo por cuenta propia, se busca mantener el dominio sobre el tiempo, el modo y el lugar en que ocurren las cosas. Sin embargo, cuando se rechaza la ayuda ajena bajo el pretexto de que "nadie lo va a hacer como yo", se genera un entorno que termina por desacostumbrarse a colaborar.

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"Yo antes decía: 'Tengo que dejar de lado la mujer maravilla, la que todo lo puede, la que todo lo hace'. Y esto tiene un costo importante: primero, un enojo constante porque nadie ayuda, y un gran costo a nivel físico por la hiperexigencia y el exceso de perfeccionismo", advirtió la coach.

Asimismo, destacó que detrás de esta postura se oculta un temor a exponer la vulnerabilidad. Muchas veces se asocia erróneamente el pedido de auxilio con la debilidad o la pérdida de valor personal, cuando en realidad se trata de una manifestación de inseguridad arraigada en historias vinculares y familiares previas.

Claves para el cambio: autocompasión y aprendizaje

Frente a este escenario, Querejeta remarcó que "la conciencia es el principio del cambio". El primer paso consiste en detectarlo y transitar el proceso con paciencia y autocompasión, entendiendo que no se trata de modificar conductas de la noche a la mañana.

Entre las recomendaciones para empezar a revertir esta dinámica, la especialista sugirió:

Ensayar con pedidos menores y concretos: Comenzar por delegar cuestiones cotidianas sencillas, permitiendo que el otro participe.

Aceptar la ayuda desde la otredad: Comprender que el otro colaborará desde su propia forma de ser y sus tiempos, y no exactamente bajo el esquema idealizado que uno impone.

Desterrar la culpa y la deuda afectiva: Entender que recibir un favor no significa quedar atado a una obligación, sino abrirse al merecimiento y al cuidado mutuo.

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“Dejate cuidar, dejate querer”, sintetizó Querejeta al cerrar el espacio radial, recordando que la palabra sana y el reconocimiento de nuestras propias necesidades son fundamentales para construir vínculos más equilibrados y saludables.

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