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07/09/2026

Bullying y ciberbullying: cómo reconocer las señales de alerta y actuar a tiempo

La Sociedad Argentina de Pediatría puso en alerta sobre la continuidad entre las agresiones presenciales y digitales.

La interacción cotidiana entre adolescentes ha trascendido los límites de las aulas. Si bien el aula sigue siendo un terreno fértil para la violencia entre pares, el ámbito digital ha extendido estas interacciones al ámbito virtual. Según un reciente documento de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), los conflictos que comienzan en el aula a menudo continúan en plataformas como WhatsApp, redes sociales e incluso videojuegos, creando un fenómeno que es cada vez más "híbrido". 

La problemática es considerable y los números son prueba de ello. Las Pruebas Aprender 2023 revelaron que el 63% de los estudiantes de sexto grado había experimentado al menos un incidente de violencia durante ese año. Este porcentaje ilustra la gravedad del problema, dando cuenta del número de niños afectados por esta forma de intimidación. Asimismo, un estudio realizado por UNICEF Argentina destaca que la proporción de adolescentes de 13 a 17 años que reportaron haber sido acosados subió del 25% al 41% entre 2024 y 2025.

No todas las disputas entre compañeros deben ser etiquetadas como bullying, sostuvo la SAP, aclarando que factores como la intención de causar daño, la repetición de los incidentes y un claro desequilibrio de poder son necesarios para categorizar un conflicto como tal. Con el ciberbullying, el asunto se complejiza dado que puede tomar la forma de burlas, mensajes injuriosos, perfiles falsos, exclusiones, y difusión de información personal o manipulación de contenidos multimedia.

El informe de la SAP no solo aborda la problemática del bullying convencional, sino que también explora cómo las tecnologías emergentes, incluyendo la inteligencia artificial, están amplificando las posibilidades de acoso. La facilidad con la cual una publicación dañina puede alcanzar a una gran audiencia y la dificultad de su eliminación representan aún mayores riesgos. Además, el anonimato ofrecido en línea hace más desafiante la identificación de los individuos causantes del acoso.

El impacto físico y mental en los jóvenes es innegable. Síntomas como cansancio, cefaleas, problemas digestivos, desórdenes de sueño, alteraciones alimentarias, descenso en el desempeño académico, confinamiento social, ansiedad y variaciones en el estado de ánimo alertan sobre posibles situaciones de acoso. En los casos más severos, los afectados pueden sufrir depresión, tener pensamientos suicidas o incluso realizar intentos.

Para afrontar estas circunstancias, la SAP recomienda una serie de acciones, enfatizando la importancia de atender, escuchar y apoyar al niño o adolescente victimizado, preservar las pruebas digitales del acoso y trabajar en conjunto con las instituciones escolares y las familias involucradas. Además, se aconseja evitar que la persona acosada enfrente al perpetrador directamente o que responda de manera violenta.

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