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AIRE PARA SENTIR

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12/06/2026

El desafío de las pantallas en el hogar: "Los chicos aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos"

En su columna en Radio Noticias (105.5 MHz), la psicopedagoga Mercedes Querejeta analizó el impacto del uso abusivo de la tecnología en niños y adolescentes.
Mercedes Querejeta propuso buscar acuerdos familiares en lugar de recurrir a la prohibición de los dispositivos. Foto: Archivo de NoticiasNet.
Mercedes Querejeta propuso buscar acuerdos familiares en lugar de recurrir a la prohibición de los dispositivos. Foto: Archivo de NoticiasNet.

El uso de la tecnología y los dispositivos móviles dejó de ser una novedad para transformarse en un componente central - y muchas veces conflictivo - de la vida cotidiana. En una nueva edición del espacio "Aire para Sentir" por Radio Noticias, la psicopedagoga, coach ontológica y especialista en inteligencia emocional, Mercedes Querejeta, invitó a reflexionar sobre la vinculación y desvinculación afectiva que genera el abuso de las pantallas en el entorno familiar.

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Lejos de una postura prohibitiva, la especialista remarcó que la tecnología "llegó para quedarse" y que el verdadero reto radica en cómo los adultos gestionan sus propios hábitos frente a las nuevas generaciones. "Nosotros como padres cuestionamos que nuestros hijos están todo el día con el celular, aislados y sin comunicarse, pero ¿cuál es el modelo que les estamos mostrando? Los chicos aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos", advirtió.

Tiempos sugeridos según la edad

Al momento de analizar el impacto de los dispositivos, Querejeta diferenció las sugerencias técnicas que manejan los profesionales de la salud y la educación según las distintas etapas del desarrollo.

En ese sentido, remarcó que hasta los dos años de edad el uso de pantallas debiera evitarse por completo en los niños. Posteriormente, entre los dos y los seis años, los especialistas sugieren un máximo de una hora al día, siempre bajo el control y la presencia física de un adulto responsable.

Para la franja que va de los seis a los doce años, la psicopedagoga advirtió que el uso debe ser supervisado de forma estricta, poniendo especial atención tanto en la regulación de los contenidos como en los riesgos asociados a la exposición en entornos digitales, tales como el acoso sexual o el acceso a material inapropiado.

La urgencia de la pausa

Asimismo, analizó cómo la inmediatez de las pantallas satura de estímulos a los jóvenes, elevando los niveles de ansiedad, aislamiento social y dificultando la concentración a nivel educativo.

A esto se suman consecuencias físicas tangibles como la fatiga visual, los trastornos posturales, el sedentarismo y la obesidad. "El uso del celular altera el sueño, nos pone irritables y acelera la hormona del estrés (cortisol). No está bueno para nadie, ni siquiera tener el teléfono sobre la mesita de luz con las notificaciones activadas", detalló Querejeta.

Para ejemplificar la preocupación global sobre el tema, se citó la reciente tendencia en países europeos como Suecia, que tras una fuerte digitalización educativa, resolvió realizar una millonaria inversión para reintroducir los libros y el papel en las aulas, buscando recuperar los procesos de atención profunda y los beneficios de la escritura a mano ("puño y letra").

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Acuerdos familiares sin caer en la prohibición

Frente a una realidad donde los adultos también justifican su hiperconectividad a través del teletrabajo o las obligaciones diarias, la psicopedagoga señaló que el celular suele ser "el resultado de cómo nos comunicamos en general". Por ello, instó a romper el "piloto automático" y ensayar dinámicas comunitarias.

Querejeta propuso implementar dinámicas consensuadas, como establecer la "hora sin celular" durante el almuerzo o la cena, fijar un límite de desconexión una hora antes de dormir, o aplicar la técnica de la "canastita" para dejar los dispositivos bajo llave durante las reuniones con amigos o familiares.

"Ninguna conversación profunda vamos a poder tener con nuestros hijos si no tenemos muchos momentos compartidos en real presencia. No se trata solo de estar físicamente, sino de una escucha activa basada en la curiosidad y el disfrute, no en la crítica o la coerción. El darnos cuenta de lo que nos pasa es siempre el principio del cambio", concluyó.

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