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10/04/2026

Las mujeres que encuentran en las motos una nueva forma de vivir la libertad

Las de alta cilindrada siempre estuvieron relacionadas con los hombres, pero las mujeres le perdieron el miedo. Contaron sus experiencias.
"Pochi", Ana Laura y Carla hablaron de su pasión por las motos. Foto gentileza.
"Pochi", Ana Laura y Carla hablaron de su pasión por las motos. Foto gentileza.

La moto siempre estuvo relacionada al hombre. En todas las familias hay un adolescente que la pide apenas puede sacar el carnet, por la adrenalina que genera, por gusto. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se ha vuelto un medio de transporte para las mujeres que le perdieron el miedo.

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El foco no está en la necesidad, en eso de que es el medio de transporte motor más accesible. Sin ir más lejos, muchas chicas, que pueden llegar al auto, prefieren la moto y hasta las tunean y les hacen modificaciones. La comarca Viedma-Patagones es un claro ejemplo, y por eso NoticiasNet salió a buscar testimonios de esta pasión. "Pochi" (@pochi.rider) Ana Laura Vidal y Carla, contaron sus experiencias. 

—Durante mucho tiempo se asoció la moto con lo masculino. ¿Sentís que eso está cambiando? ¿Cómo lo vivís vos?

Pochi: Si, siento que está cambiando bastante. Más que nada cuando se trata de una moto grande ya que es pesada y ‘peligrosa’, se asocia mucho a lo masculino y da intriga corromper eso. En Viedma veo más chicas en motos grandes y/o de alta cilindrada, es muy lindo ver como la disfrutan, la cuidan y la personalizan a su gusto. Yo la disfruto bastante, suelo usarla mucho y la cuido como si fuera un hijo. Ja, ja, ja.

Ana Laura Vidal: durante mucho tiempo la moto estuvo muy asociada a lo masculino, pero siento que eso viene cambiando cada vez más. Hoy hay muchas mujeres ocupando ese espacio con naturalidad, sin necesidad de encajar en ningún estereotipo. En lo personal, nunca lo viví como algo que tuviera que "demostrar", sino como un lugar propio. Para mí la moto va mucho más allá de un gusto, es algo terapéutico. Salir a la ruta, que seamos solo ella y yo, llegar al mar con mi equipo de mate… es mi forma de desconectar de todo y volver a mí.

Carla: Si, ya cambio... las motos se volvieron algo mixto. Yo lo vivo normal, nunca noté eso de que las motos sean más de hombres. Uso moto desde los 15 años y nunca noté la diferencia.

Ana Laura Vidal en su Benelli. Foto: gentileza

 

—¿Cómo empezó tu vínculo con las motos? ¿siempre buscaste motos grandes?

—"Pochi": Me llamaron la atención siempre, pero ‘eran peligrosas’ o ‘eran cosa de hombres’. No es que era tabú en mi familia, pero el miedo siempre estuvo. Aprendí a manejar en una 110, sin embrague y no era mía… tendría unos 17/18 años. Mi primera moto es la que tengo ahora, me encanta, pero quiero ir por una de alta cilindrada.

Ana Laura Vidal: mi vínculo con las motos y los vehículos en general empezó desde muy chica. Crecí en un entorno donde siempre estuvieron presentes: mi papá tiene un taller mecánico y además corría carreras de jeep en el Safari, así que en casa nunca faltaron los fierros, desde cuatriciclos hasta motos. Por eso siento que es algo muy propio, muy natural en mí todo lo que tenga que ver con el motor, el olor a combustible y la adrenalina. Empecé a manejar a los 7 años y desde entonces no paré. Con el tiempo fui inclinándome más por las cilindradas grandes, porque me atrae la sensación de potencia, la adrenalina y esa libertad que te da la velocidad cuando estás arriba de la moto.

Carla: arrancó a los 15 años, con una moto que era de una amiga y la manejaba yo. También en una 250 Yamaha que era para hacer circuito, iba con un amigo... hasta que me compre mi motito 110.

—¿Alguna vez sentiste que tenías que demostrar? El famoso y ya pasado de moda: ‘anda a lavar los platos’

—"Pochi": no. Es más, a muchas personas le impresiona que una chica ande en una moto grande, subestiman mucho. A mí y sé que a otras chicas de la comarca que estos comentarios las incentiva a seguir, no hay que demostrarle nada a nadie, solo avanzar.

Pochi hace motovlogs, graba videos y va comentando mientras conduce. Foto: gentileza

 

Ana Laura Vidal: sí, claro que pasa. Pero nunca lo viví como algo que me limite, sino todo lo contrario. Si alguien siente que tiene que ponerme a prueba o tirar un comentario como ‘andá a lavar los platos’, para mí queda en evidencia su propia inseguridad. Yo no estoy acá para demostrarle nada a nadie. Mi lugar me lo gané haciendo, aprendiendo y siendo constante. Y mientras algunos siguen hablando, yo estoy arriba de la moto, disfrutando y avanzando. Al final, los prejuicios se caen solos cuando hay actitud y seguridad.

Carla: no, no. De hecho, ahí en el circuito que esta como yendo para el tren había muchas mujeres y la onda de la moto es como que no se mira a los demás, cada uno está en su mambo… nunca me paso de una situación de esas.

—¿En algún momento tuviste miedo? ¿Alguna anécdota de caídas?

—"Pochi": el miedo siempre aparece cuando te pones el casco. No porque sea imprudente, hay gente que comete errores con el auto y, lamentablemente, se la lleva más el de la moto. Una anécdota del año pasado fue cuando iba de acompañante en una moto, se nos cruzó por izquierda otra moto de más cilindrada y nos caímos… esa vez me pusieron diez puntos en la pierna.

El antes y el después de Carla, siempre con una moto. Foto: gentileza

 

Ana Laura Vidal: no lo definiría como miedo, pero sí hay algo de desconfianza, sobre todo por cómo manejan los demás. Muchas veces el mayor riesgo no está en uno, sino en la imprudencia ajena. Y eso no significa que quienes andamos en moto hagamos todo perfecto, pero sí es cierto que estamos mucho más expuestos ante cualquier error en la vía. Tuve una situación bastante fuerte: un vehículo se mandó cuando yo tenía el paso y, para evitar el impacto, tuve que tirarme con la moto. Se dieron a la fuga y, como suele pasar, las cámaras no funcionaban, así que nunca supe quién fue. Fue la primera vez que terminé en una ambulancia por un accidente. Por suerte, dentro de todo la saqué barata: tuve golpes, algunas lesiones y una fisura en el pie. Ahí entendés realmente la importancia del equipo. Llevaba casco, campera y calzado adecuado, y eso hizo toda la diferencia. Ojalá sea la última, pero también fue una experiencia que me hizo tomar aún más conciencia sobre la seguridad.

Carla: sí, me pasó que me caí. Bah, me patiné, no llegué a caerme, en las piedras. Y decí que me da miedo pasar por donde hay muchas, paso re lento si hay mucha piedra. Ja,ja,ja.

—¿Qué significa la moto en tu vida?

—"Pochi": mi movilidad, mi trabajo (hago delivery) y mi forma de sentirme libre. Despejo mi cabeza y siento esa adrenalina que nada te lo puede dar. Se hizo parte de mi vida, me acompaña todo el tiempo.

Ana Laura Vidal: la moto ocupa un lugar muy importante en mi vida. Para mí es una compañía constante: si tengo un mal día, salgo a andar y me despejo; si el día está lindo, es la mejor excusa para disfrutarlo. Es un espacio propio, donde conecto conmigo, pero también con otros, porque compartir salidas con compañeros moteros, reírnos y vivir esa misma pasión, es algo realmente especial. Lo vivo como algo terapéutico y sano, siempre que se use con responsabilidad. Porque así como amamos la moto, también tenemos que aprender a cuidarnos. La seguridad tiene que estar primero, siempre hay alguien esperándonos en casa.

Carla: una movilidad más...que me encanta porque podés andar por todos lados. Amo mi motito.

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