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30 AÑOS DE NOTICIAS

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03/04/2026

Los Marcet, la historia del kiosco Amancay y la producción de chocolates

Un negocio que comenzó tras una herencia familiar a principios de los '70, en pleno centro de Viedma y que significaba para muchos un espacio social.
Sol Marcet y las exquisitas bandejas de su producción.
Sol Marcet y las exquisitas bandejas de su producción.

En el corazón de Viedma, una tradición que ha sabido adaptarse al paso del tiempo sigue deleitando a generaciones: el kiosco Amancay. Este emblemático sitio no solo es un punto de encuentro comercial para los vecinos, sino que también se transformó gracias al espíritu emprendedor de la familia Hildemann-Marcet y, más adelante, por la pasión y creatividad de Sol Marcet, quien llevó la historia a otro nivel con la producción artesanal de chocolates.

Leer más: El legado de Amancay: una tradición hecha chocolate

Los orígenes

La historia del kiosco Amancay comenzó varias décadas atrás, cuando la familia Hildemann-Marcet decidió instalar un comercio en el centro de la ciudad de Viedma. Este kiosco rápidamente se convirtió en un punto central para la comunidad, no solo por su oferta de productos cotidianos, sino por la calidez y el trato cercano que ofrecían sus dueños.

La confianza y la relación con los clientes hicieron que el kiosco trascendiera de un simple negocio a un lugar de referencia para quienes vivían y transitaban por esa zona. No sólo fue un negocio, fundado por Emma Hildemann y Alberto Marcet a principios de los ’70, sino que se transformó en un espacio de intercambio social. Un punto de referencia para charlas cotidianas que compartían vecinos quien se quedaban a intercambiar opiniones o compartir emociones, acomodándose en sillas instaladas en la vereda de la avenida 25 de Mayo al 600.

La transformación hacia la producción de chocolates artesanales

El legado de la familia Hildeman-Marcet fue fundamental para sentar las bases de lo que se conoce como una tradición local. Sin embargo, fue la siguiente generación la que encontró una forma innovadora de renovar y expandir ese legado.

Con la llegada de Sol Marcet a la dirección del kiosco Amancay, el negocio tomó un rumbo diferente pero igualmente exitoso. Apasionada por la gastronomía y con un especial interés en la chocolatería, Sol decidió seguir –en sus ratos libres- los pasos de su madre Liliana en la producción ya que en el ’94, ofrecía sus delicias tomando en cuenta que también en sus espacios libres se dedicaba a la elaboración de tortas de cumpleaños, alfajores y conitos de dulce de leche.

Sobre ese paso audaz que combinó el respeto por la tradición familiar con una visión renovadora, Sol y su papá Carlos –quien dedicó mucho tiempo frente al negocio- recordaron la época en que Emma compartía muchas horas conversando con sus clientes llenando un supuesto “vacío social” en la comunidad.

Destacaron toda una trayectoria de reestructuración comercial en los 30 años del diario Noticias. Primero fue una tienda, casa de modas y mercería, y posteriormente Amancay pasó al rubro de kiosco con la elaboración de chocolates y alfajores artesanales más un adicional: la incorporación en la venta de productos regionales.

“Veíamos que se notaba el aumento de público que teníamos que querían llevar algún recuerdo de Viedma, y no había nada, entonces fue un motivo como para incorporar nuevos productos de artesanías para turistas y gente de Viedma que se llevaba para regalar cuando viajaban a otros lugares, y se introdujo además el rubro de regalería y  de habanos importados”, apuntaron.

Ambos comparten una anécdota muy especial. A mediados de la década del ’90, los integrantes de un equipo de básquet profesional la llamaban a Emma –fallecida en enero de 2022- para encargarles productos para el viaje. “Esto es un negocio que se mantuvo en el tiempo y nunca cerró sus puertas”, pusieron de manifiesto.

Insistieron en que “nunca se perdieron los valores tomando en cuenta que muchos recuerdan a Emma por la atención que siempre dispensó a quienes llegaban al negocio porque era atenta, simpática, siempre bien arreglada, siempre servicial”.

Respecto de qué significa ser parte de la historia de la capital rionegrina, resaltaron que “nos sentimos orgullosos, porque no sé cuántos negocios han perdurado a lo largo del tiempo, tantos años, y ahora con las redes sociales, hay gente que nos escribe, se queda muy contenta con el negocio. Tenemos muchos clientes de distintos lugares del país, siempre se fueron muy conformes”.

Sol por su parte inscribe la trayectoria dentro de las cuestiones familiares. “La producción de chocolates las arrancó mamá. Primero como hobby luego de aceptar un retiro voluntario bancario logrando tener la habilitación, después de que ella falleció en marzo 2015 seguí yo con los alfajores y chocolates para dar continuidad a su sueño (de Liliana) que quería tener una chocolatería el día de mañana, y además participamos en una feria en la Rural” de Palermo.

Los años que vendrán

Los Marcet también bucearon sobre las posibilidades futuras. “Ojala que esto continúe, que pueda seguir siendo un negocio tradicional, familiar, es un cable a tierra en contacto con la gente, y nos hace bien, porque nacimos ahí, y se pueda ampliar en otros lugares”, concluyeron.

Sol y su actual colaboradora Alicia.

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