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OPINION

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19/05/2024

La lucha por “una nueva vida”. Los merenderos en la era Milei

Por Patricio Lobos*
La lucha por “una nueva vida”. Los merenderos en la era Milei
La lucha por “una nueva vida”. Los merenderos en la era Milei

El gobierno de Javier Milei decidió que los merenderos son “casta”. Que no hay plata para miles de  familias, ancianos y ancianas, niños y niñas, que reciben una asistencia alimentaria para paliar en parte, la situación de pobreza extrema. Pero no todas son pálidas, persiste la lucha de los vecinos y vecinas del barrio “Nueva Vida” de Viedma por poner un plato de comida para quienes más lo necesitan.

El merendero organizado por los habitantes del ese barrio popular y el acompañamiento de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA)-Autónoma, se transforma en una experiencia común y solidaria para atravesar estos tiempos de crisis y desánimo. 

Se prende el fuego. Los chorizos esperan la mano del asador. De a poco van llegando los vecinos y vecinas para acompañar el ritual de juntarse en medio de la tormenta económica que golpea cuerpos y mentes de los trabajadores y trabajadoras. Se trata de un alimento para el cuerpo, pero también para la esperanza. La de una nueva vida, que todos los días construyen los habitantes de este barrio y de tantos otros. La toma, el barrio popular, tiene hedores, al decir de Rodolfo Kusch, alejados de la pulcritud ciudadana que se encierra para alimentarse. La toma es sonora también, se escuchan los niños y niñas jugar, los perros ladrar, los serruchos, motosierras y martillos trabajar. 

Hace cuatro años, en el invierno de 2020, cientos de familiares ocuparon terrenos ubicados entre las rutas 1 y 3, aledaños a los barrios Lavalle-Mi Bandera. Como en todas las ocupaciones de tierras, llega un grupo de familias a las que luego se suman otras. Algunas provenientes de los barrios cercanos: historias de familias ensambladas, convivencia de varias generaciones, imposibilidad de pagar un alquiler, búsqueda de una autonomía para los jóvenes. Otra gente venida del norte del país o Bolivia a trabajar la cebolla en los campos del extremo sur de la provincia de Buenos Aires y el IDEVI. 

El barrio “Nueva Vida” atravesó muchas inclemencias. Empezó en el contexto del COVID-19, la crisis sanitaria que golpeó con mayor fuerza a los más vulnerables. El “#quedate en tu casa” no funciona en estos barrios. El estado no los cuida, menos el mercado en tiempos de Milei. Luego de mucho aguante, el barrio comenzó a consolidarse. Los vecinos y vecinas levantaron casillas, algunas más precarias otras de material, se confeccionaron las calles, se pusieron los servicios de manera informal y precaria. Pero la avanzada judicial cambió los planes: causas, encarcelamiento de mujeres y finalmente una mediación que terminó en el traslado del barrio a terrenos aledaños. 

“Fue muy duro el traslado. Teníamos un merendero hecho de material y lo tiraron. Fue empezar de nuevo”, nos decía una vecina que trabaja en el merendero. Siempre es un volver a empezar para estos vecinos y vecinas. Empezar un barrio, correrse a otro espacio y ahora, afrontar el total abandono del estado nacional a los merenderos que solo sobreviven por el acompañamiento de organizaciones sociales, la propia solidaridad de vecinas y vecinos y una ayuda del estado municipal que es corta y no alcanza. 

Pero pese a las dificultades, la precariedad de esa vida, la lucha cotidiana, los inviernos y veranos, los habitantes irradian esperanzas: de progreso, de libertad, de autonomía. Palabras, que se han transformado en consignas “libertarias” del individuo realizado, que se salva solo, que no necesita a nadie. Palabras que en la toma se re-significan, es esfuerzo singular, pero también (y especialmente) esfuerzo conjunto, común, colectivo. “Acá nos ayudamos entre todos. No te voy a decir que no hay problemas, pero nos cuidamos, hacemos las cosas juntos: un vecino puso la luz, otro conectó el agua, nos miramos la casa cuando alguno sale”, dice otra vecina. 

¿Que se ataca cuando se deja sin asistencia a un comedor?. Primero, un sustento alimentario vital. Segundo, un sustrato comunitario. Los merenderos y comedores, son las únicas instituciones en esos barrios donde no hay salita, jardines, escuelas, ni servicios de recolección de basura, colectivos, etc. Hoy, estos espacios son sostenidos por los habitantes y las organizaciones sociales. ¿Cómo se puede pensar un futuro con estas emergencias?. 

Se hizo la ronda y cada una/o se presentó. Se comieron los chorizos. Los chicos siguen jugando alrededor. Toca irse, volver a nuestras casas que tienen techo, baño y calefacción. Cuando nos estamos yendo, ocupan el lugar fieles de una iglesia evangelista. Llegan con parlantes, vestimenta de murga, pelotas, ropa y calzado, improvisando con tablones (los mismos en que nos habíamos sentado antes) una feria americana popular. El barrio, tiene distintos sonidos, olores y colores. Y la gente, distintas estrategias para vivir o sobrevivir. 

* Lic. en Ciencias Políticas egresado del CURZA (Centro Universitario Zona Atlántica-UNCo). 
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