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NOTICIASNET EN EL CAMINO DE LA COSTA

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04/03/2022

Sergio Méndez, un rosarino que eligió a Pozo Salado como su lugar en el mundo

Prisionero por decisión en un paraíso terrenal.
Sergio Méndez, un rosarino que eligió a Pozo Salado como su lugar en el mundo
Sergio Méndez, un rosarino que eligió a Pozo Salado como su lugar en el mundo

Pozo Salado es un lugar único en la costa atlántica rionegrina, elegido en verano por cientos de vecinos de la zona, pero también por visitantes que llegan desde diferentes puntos del país e incluso del exterior.

Sus extensas playas y sus aguas cristalinas sin lugar a dudas son el gran atractivo de esta sector de la costa atlántica.

Si bien llegado marzo se termina el turismo y quedan muy pocos vecinos estables, la villa marítima tiene a un habitante que está todo el año, su nombre es Sergio Méndez, un hombre de 59 años de edad, oriundo de Rosario, provincia de Santa Fe, quien llegó como turista, conoció el lugar, se enamoró del paisaje y nunca más dejó de venir en vacaciones, hasta que decidió definitivamente radicarse en esta playa ubicada a unos 120 kilómetros de Viedma.

NoticiasNet dialogó con ésta persona que hoy en día vive en una de las pocas viviendas que hay en Pozo Salado y que administrar el único hospedaje.

En su vivienda hay agua, gas energía solar y lo básico para vivir en un lugar donde la naturaleza se impone por su belleza.

Decisión

Consultado sobre su decisión de instalarse en la pequeña villa marítima, comentó que “llegué por primera vez hace 17 años, lo hice con mi familia. Éramos cuatro personas en una pequeña carpa. Me acuerdo que llegamos un 1 de marzo, no había nadie, sólo una señora que aún hoy tiene una propiedad”.

Según afirmó lo suyo con Pozo Salado “fue amor a primera vista. Con mi familia nos quedamos un mes de vacaciones, después volvimos a Rosario y regresé  a mi actividad laboral como gerente de un sanatorio y como titular de una empresa de construcción”.

Durante un tiempo “veníamos todos los años de vacaciones acá hasta que un día se dio la posibilidad de comparar la casa. Primero la mirábamos y parecía un sueño porque no venía nadie, estaba siempre vacía. Hasta que un día se dio la oportunidad de comprarla y lo hice”.

Fue así que una vez que adquirió la propiedad, “la arreglé, hice algunas mejoras y la dejé bien para usarla todos los veranos. Con mi familia nos veníamos el 29 o 30 de diciembre para pasar Año Nuevo y nos quedábamos hasta los primeros días de febrero”.

Durante cada uno de los veranos que venía a Pozo Salado “iba haciendo muchas amistades a la vez que seguíamos disfrutando de la casa en familia. Decidimos hacer unos dormis, pero nunca nos quedamos a vivir acá. Luego por cuestiones de la vida con mi mujer nos separamos y con el tiempo me vine”.

Los dormis “los comencé hacer un octubre de 2019, en ese momento ya me había separado, así que me quedé noviembre y diciembre, luego se me vino la temporada, después se desató la pandemia y entonces que quedé acá, no me fui más”.

No obstante, "cada tanto voy a Rosario a ver a mis hijos y continuó con la actividad en la empresa de construcción, pero ahora manejo todo desde acá”.

Maravilloso

Al preguntarle cómo es vivir en Pozo Salado, tanto en verano como en invierno, expresó que “es maravilloso, esto para mí es el sueño del pibe, tener una casa así, a metros del mar, quién no tiene un sueño semejante”.

En este orden, añadió que “acá hay ocho nueve casas más, los vecinos son esporádicos, vienen por el fin de semana, algunos cada 20 días, pero llega marzo y no queda nadie. Los únicos que quedamos son; los guardias ambientales, que son una excelentes personas, y yo, no mucho más”.

Según afirmó, “no es fácil la soledad, pero el lugar acompaña mucho, sobre todo acompaña la belleza de la naturaleza, creo que no hay un lugar más lindo en el mundo. En verano aquí la vida es mucho más fácil de llevar, hay mucha gente, uno conoce muchas historias de diferentes personas, cosas increíbles”.

Durante la temporada “hay de todo, pero cuando termina no hay nada, entonces el día a día se hace largo. De todos modos se le busca la vuelta, hago mantenimiento de la casa, sigo haciendo obras afuera y las manejo desde acá. Si bien no gano tanta plata como antes, estando allá, tampoco me preocupa porque no necesitó ganar más plata que la que tengo. Con 59 años no necesito más que salud y vivir la vida donde quiero estar”.

Según afirmó, “estoy muy bien acá, no me falta de comer, tengo lo mío, Dios no me puede dar más de lo que me dio. Acá me encontré el 19 de marzo cuando se desató la pandemia, totalmente solo y entendí que esto es un regalo de Dios”.

Visitantes

Al preguntarle por los visitantes, de qué punto llegan, comentó que “vienen de todas partes del mundo, de Francia, Alemania, España y de distintos puntos de la Argentina. La gente del exterior que llega a Pozo Salado me han dicho que no existe una playa en el mundo como la que tenemos acá, con los tres accidentes geográficos juntos: Una caleta, extensas playas y los acantilados, es un lugar único”.

Y añadió: “es verdad tenemos playas de 750 metros de ancho, que no tiene pozones, no tiene corrientes traicioneras, son más de 5 kilómetros de playa, con aguas transparente en donde los niños se pueden bañar sin problemas, por más cantidad de gente que haya acá la playas nunca se llena”.

De todos modos, reconoció que “si es verdad que nos faltan cosas y creo habría que tener mejores servicios y el gobierno de Río Negro debería hacer hincapié en eso, además de promocionar mucho mejor esta semejante belleza que tiene. Acá hay huellas de animales prehistóricos, cosas que vas caminando y las ves, pero no están protegidas. No entiendo porqué no le dan la importancia que se merecen”, finalizó Sergio Méndez.

Sergio Méndez, un rosarino que eligió a Pozo Salado como su lugar en el mundo
Sergio Méndez, un rosarino que eligió a Pozo Salado como su lugar en el mundo
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