Un pintor pasa sus días como jubilado haciendo rostros de coyas y mapuches
Por Fernando Manrique
Fotos: Vanesa Schwemmler
Este martes pasamos por la calle Pueyrredón por un encuentro que nada tiene que ver con esta historia. Casi por casualidad nos llamó la atención un dibujo con un color naranja vivo de fondo, acomodado en un bastidor donde se juntan varias obras.
Con timidez, tocamos la puerta y allí nos topamos con Julio Martínez. Un apellido común si buscamos en una guía telefónica, pero con una trayectoria de vida que parece sacada de una película. Es que el hombre de 67 años fue militar durante la mitad de su vida, hasta que se destapó, estudió en la Escuela de Arte Alcides Biagetti, se recibió de docente y hoy hace lo que realmente le gusta: pintar rostros de pueblos originarios.
La temática no es antojadiza, dado que él viene de Jujuy y tiene raíces coyas. Tejió relaciones con mapuches y le gusta reivindicar a los ancestros mediante el arte, muchas veces eurocentrista.
Entre su enorme repositorio, en un tallercito donde con suerte entran tres personas, hay varios cuadros que parecen fotos: un coyita con un cordero y su piel curtida por el frío, una mujer con una mirada potente a la que apoda su "Negra", otro nene con una sonrisa de oreja a oreja y toda la inocencia de la edad de 8 años, un lonco que está firme como un roble y hasta la pieza de un hombre desnudo como frotando en el universo.


Con "Sueño de Manuel" de Ecuador Manta como musicalización, Julio contó: "Estudié en la Escuela Alcides Biagetti, me recibí de docente, ejercí la docencia y antes de la pandemia me jubilé. Ahora estoy haciendo algunas pinturas, porque siendo docente las energías se las dedicas a los chicos. En mi tallercito tengo un espacio de libertad, hay cosas viejas, algunas nuevas y la mayor parte trata de la temática indígena".
"Cuando estudiaba en la Escuela de Arte, siempre se basan en un arte europeo, como que todas las pinturas nacieron allá y creo que no sabemos valorar el arte latinoamericano. Nosotros nos criamos con cánones europeos, una figura humana es de siete cabezas y media y en cambio un poblador latinoamericano es gordito, morochito, no tiene nada que ver con los cánones de belleza europeos, hay otro concepto de belleza", detalló.
Graficó incluso que hay obras de indígenas que parecían figuras europeas clásicas, pero con el agregado de tener flechas y plumas. Distinguió en esa línea a los ángeles arcabuceros cuzqueños que tienen a los españoles con un estereotipo fuera de la regla.
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Además de ser experto con el pincel, Julio es escultor lo cual claramente demanda una técnica superior pero igualmente se le anima. Y en un día, ya posee los trabajos finalizados. Una de las más queridas es la de una ñusta, que era el nombre que usaban las princesas del Imperio Inca, quienes eran dadas en sacrificio.
El artista citó que los mapuches con los que estuvo siempre pedían buenos pensamientos, buenos sentimientos, buenas palabras y buena sabiduría, con lo cual "no te piden ni auto, ni casa, ni dinero, sólo piden salud". Algo parecido es lo que le pasa a nuestro entrevistado, debido a que nunca solicitó estar en una exposición del Centro Cultural ni vende sus cuadros invaluables. Con que aparezca un vecino del barrio Lavalle o del Don Bosco que andaba paseando por la zona y se llene sus ojos con las pinturas e historias detrás de cada uno, ya está satisfecho.
De todas maneras, se ilusionó con que la Municipalidad o personas en lugares de toma de decisiones lo convoque a exponer sus creaciones. Es que mucho se habla de la cuestión indígena en fechas resonantes como el 12 de octubre, pero el resto del año parece que está escondida debajo de la alfombra.
Así como hubo un escándalo por no poner la bandera de los pueblos originarios en el día de la fundación de la Comarca, también debería ser motivo de lío que no se impulsen espacios para que este arte sea visibilizado.
Aunque no lo crea, los cuadros fotografiados en este artículo por primera vez salieron de ese pequeño taller de calle Pueyrredón, porque hasta ahora no estaban en Internet ni en ningún otro periódico. Pasen y disfruten.