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27/09/2025

Una ex gimnasta de Viedma que encontró en el teatro y el circo una nueva forma de vivir

Hoy, Yamila Arzúa Rinaldi es artista, profesora, creadora y referente. Vive del circo, entrena con pasión y sigue acompañando a otros en sus propios procesos.
“Hoy me siento cómoda", reconoció la elástica joven.
“Hoy me siento cómoda", reconoció la elástica joven.

Como muchos jóvenes que salen a buscar nuevas oportunidades tras terminar la secundaria, Yamila Arzúa Rinaldi, una viedmense que dejó su huella en la gimnasia local, tuvo que atravesar un camino largo y difícil antes de reencontrarse con su verdadera pasión. 

A sus 39 años, se puede mirar atrás sin miedo ni vergüenza. Dejó muy lejos aquellos días en los que no podía subir una escalera por el exceso de peso o en los que los ataques de pánico le impedían salir de su casa.

Pasé por varias situaciones con respecto a mi cuerpo y a mis pensamientos”, contó recientemente en diálogo con Radio Noticias (105.5). Su tono, reflexivo pero firme, dejó entrever los años de trabajo físico y emocional que le permitieron transformar el dolor en arte.

Desde pequeña, Yamila encontró en la gimnasia artística una pasión. Comenzó a los 8 años, entrenaba con dedicación diaria y llegó a consagrarse campeona nacional. “Para mí no era un sacrificio entrenar, a mí me gustaba”, recordó. Sin embargo, a los 14 años, una mala experiencia con su entrenador marcó un quiebre definitivo. “Tuve una muy mala experiencia… y a los 15 estaba muy enojada con el deporte, con todo lo que era el entrenamiento”, confesó.

Ese episodio la desconectó de su cuerpo y de todo lo que el deporte representaba. Durante años evitó cualquier actividad que le recordara esa etapa: comenzó a fumar, a beber y a comer compulsivamente. Llegó a subir más de 30 kilos. “No podía ni subir una escalera”, explicó. 

El teatro y el circo: una comunidad de rescate

El gran punto de inflexión llegó cuando se mudó a Bahía Blanca, primero para estudiar diseño de interiores, aunque su corazón la llevó al Profesorado de Teatro. Y fue allí, en ese nuevo mundo artístico, donde encontró una comunidad que la abrazó y la inspiró.

“Conocí gente muy linda que ya hacía circo, malabares con tres pelotitas…”, relató. “Fue una comunidad de rescate”, dijo destacando lo importante que fue el entorno para reconstruirse. “Obviamente no voy a quitar el esfuerzo personal, pero el entorno me ayudó muchísimo”.

Fue entonces cuando descubrió que lo que antes era solo un ejercicio en su etapa de gimnasta —la vertical— en el circo era una disciplina completa: la parada de manos. “No lo podía creer. Tenía una disciplina específica. Como la tela, como los malabares, como el trapecio”.

De a poco, fue reencontrándose con su cuerpo desde otro lugar, más libre y creativo. Y al mismo tiempo abandonó por completo el alcohol durante cinco años, dejó de fumar, y adoptó el entrenamiento como estilo de vida, aunque siempre consciente del trabajo que implica. 

El teatro y el circo fue su curita al alma: el arte como terapia

Además de sus funciones, Yamila es profesora de entrenamiento, aro y parada de manos, y acompaña a sus alumnos con una mirada comprensiva y empática, basada en su propio recorrido. “Si te castigás, te quedás sentada”, repite a quienes se frustran en clase. Siempre invita a mirar lo que sí se ha logrado: “Si podés caminar una cuadra, caminala durante 10 días. El día 11 seguro hacés media más sin darte cuenta”.

La parada de manos, en particular, se volvió su disciplina favorita, pero también un espacio emocional profundo: “A veces es más terapia que otra cosa”, confesó. La vertical, para ella, es una lucha constante: “Para mí es jodidísima...”.

Yamila nunca negó su pasado. Todo lo contrario, lo expuso en redes sociales con un impactante “antes y después” que generó elogios y críticas. 

En 2010, Yamila se sumó a la Compañía Giroscópica y comenzó a tomar cursos en Buenos Aires, donde se especializó en aro y parada de manos. Más tarde, junto a su pareja Nicolás Diez, fundó el Dúo Guiño, un proyecto artístico a pulmón que comenzó con funciones “a la gorra” en plazas y llegó hasta el Teatro Municipal.

Allí interpretó a Pipa, un personaje que fue creciendo con ella y que hoy considera inseparable de su vida. Junto a Nicolás hacen todo: la gráfica, los audiovisuales, la venta de entradas 

Hoy, Yamila Arzúa Rinaldi es artista, profesora, creadora y referente. Vive del circo, entrena con pasión y sigue acompañando a otros en sus propios procesos.

Su historia, sin adornos, muestra que se puede transformar la vida con esfuerzo, contención y autenticidad. “Hoy me siento cómoda. Hay muchas luchas con uno mismo, pero se puede. Cuando empezás a notar cambios, se van destrabando cosas”.

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