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05/04/2021

"Cuando pisé las islas sentí que iba a ser protagonista de algo muy importante"

A 39 años del desembarco en las Islas Malvinas, el ex combatiente Ángel Callea hizo un recorrido por su historia personal, pero que también forma parte de la historia nacional. 
"Cuando pisé las islas sentí que iba a ser protagonista de algo muy importante"
"Cuando pisé las islas sentí que iba a ser protagonista de algo muy importante"

En conversación con Noticias, Angel Callea, quien actualmente es docente, músico y un activo colaborador en la comunidad de Carmen de Patagones, comentó que el año 1982 lo encontró sin trabajo y como civil, luego de haber cumplido con el servicio militar, que entonces era obligatorio.

A Carmen de Patagones llegó en el año 1986 en un contexto nacional en donde todo lo militar era mal visto, incluso quienes habían defendido la patria poniendo el cuerpo, como eran los soldados. Luego con el correr de los años esa visión cambió, hasta llegar a los reconocimientos actuales.

La guerra

Consultado por la fecha 2 de abril , Angel Callea expresó: “Siempre es un recuerdo muy sentido para nosotros y ahora que estamos más viejos mucho más. Nos ponemos más melancólicos, es así, pero tuvimos la suerte de que cuando se popularizó la internet pudimos comenzar a  conectarnos con nuestros viejos compañeros, con los que estuvimos en Malvinas. Eso nos sirvió mucho”.

Al preguntarle cómo lo encontró aquel lejano abril de 1982 comentó: “Hice el servicio militar en el año 1981 y me dieron de baja en los primeros días de marzo de 1982. Cuando se desató el conflicto yo era civil, el 2 de abril cuando se tomó las Islas Malvinas lo vi por TV”.

Después de aquella fecha, en plena Semana Santa, "un jueves me fueron a buscar en un jeep. En esa época vivía en el gran Buenos Aires. Fueron con un par de soldados, me llamaron y luego fuimos a buscar a otros. Nos dejaron en la compañía, que quedaba en Pablo Podestá”.

Unos tres días después “nos trasladaron hasta El Palomar -ubicado en la zona Oeste del Gran Buenos Aires-. La verdad que no sabíamos a dónde íbamos, nadie lo sabía. Nos cargaron en un avión de Aerolíneas, sin asiento para que entráramos más. Bajamos en Río Gallego y ahí nos dijeron que había que esperar otro avión para ir a Malvinas, ese mismo día pisamos las Islas. El 12 de abril estábamos en las islas”.

Al llegar “lo primero con que me encontré fue con mucho frío y viento, sobre todo para un porteño, no entendía nada. Tuve una sensación muy rara porque no estaba convencido de lo que hacía el Gobierno de esa época con Malvinas, porque la situación económica era muy difícil, yo la pasaba mal y mi familia también, la política de Martínez de Hoz nos había dejado muy mal parados”.

"Cuando pisé las islas sentí que iba a ser protagonista de algo muy importante, se me puso en el cuerpo el peso de las maestras de primaria que me hablaban de Malvinas, que eran nuestras. Lo que no creía era en la decisión de ese Gobierno. Así llegue a las islas".

Una vez en Malvinas, “estuve durante todo el conflicto bélico, hasta el final de la guerra el 14 de mayo, fecha de  la rendición. Me quedé unos días más como prisionero, no por mucho tiempo, a los cuatro o cinco días salí en barco para el continente. Al llegar a Buenos Aires nos engordaron un poco en Campo de Mayo y para el 24 de mayo estaba en mi casa”.

Arribo a Patagones

Después de la guerra los primeros años fueron muy duros para todos los ex combatientes, “en mi caso terminé en Patagones en 1986 porque en el Gran Buenos Aires ser ex combatiente era un mote muy difícil de llevar. Si buscabas laburo y decías que eras ex combatiente no te lo daban, por las dudas”.

Al arribar a Carmen de Patagones, “tardé mucho tiempo en decir que era ex combatiente, pero la realidad era otra. De acá para el Sur se vivió de otra forma, cuando dije que era ex combatiente ya tenía laburo”, recordó Angel.

En cuanto a los Gobierno de entonces, "después de 1983, no los voy a justificar, pero bueno la primer época de Raúl Alfonsín, que fue cuando se hicieron los juicios a la Junta Militar, todo lo que tenía que ver con los militares estaba mal visto y en esa misma bolsa nos pusieron a nosotros, los soldados”.

En su caso personal, como ex combatiente, “la primera vez que hablé de Malvinas fue en un acto realizado en el año 1988, en el Concejo Deliberante de Patagones. Me dieron cinco minutos, pero hablé como 40. Después nos empezamos a organizar como agrupación y así trabajamos hasta el día de hoy, a punto de cumplir 30 años como Agrupación de Ex Combatientes de Malvinas”.

Al día siguiente, “todavía lo recuerdo, trabajaba en Acción Social y me agarró el Director, que era radical y me dijo “cómo podes hablar bien de Malvinas, de los milicos”, entonces le dije “mira yo estuve allá, perdí compañeros, no fuimos porque éramos milicos”, después con los años todo cambió. Cambió el Gobierno y medio que nos tiraron una chirola, nos dieron una pensión graciable y obra social, no era una pensión honorifica como fue después con Néstor Kirchner”.

En esa época “tenía compañeros que vivían de vender estampitas en los trenes y fue así por mucho tiempo. Por eso tuvimos más suicidados de los que cayeron en la guerra. Fue por falta de acompañamiento, volvimos de Malvinas y nos pegaron una patada en el trasero, no les importábamos a nadie”.

Reconocimiento

En los 90 “llegó la pensión y después de 2000 comenzamos hablar del síndrome postraumático, fue luego de un encuentro de Salud organizado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Luego de 2003 hubo un censo y a partir de entonces se jerarquizó la pensión, pasó de graciable a honorifica y de mínima a algo más importante”.

Finalmente, al preguntarle por su actualidad, año 2021, Angel Callea expresó: “No me puedo quejar, pude tener trabajo, me he podido desarrollar profesionalmente y estudiar. Hay gente que no lo pudo hacer y es lógico, las heridas  de una guerra son muy profundas, yo tuve suerte de tener amigos que me acompañaron y estuvieron cerca. El hecho de trabajar todos los años por el tema Malvinas en las escuela nos hizo muy bien a todos”.

Actualmente Angel Callea continúa con su actividad como docente, además de haber retomado la música, ya no como baterista de alguna banda de rock, ahora en pandemia recuperó como él mismo lo dice "un viejo amor", el acordeón a piano que tocaba desde su infancia.