La Residencia de Gobernadores y un objetivo distinto al pensado hace 100 años
Por Silvano Eric Rosso
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La Residencia de los Gobernadores es un emblema de la arquitectura y el patrimonio de la ciudad. Una verdadera joya, próxima a cumplir 100 años del inicio de su construcción.
Ideada para ser la casa que hospede a gobernadores y sus familias, ya no cumple esa función pensada para la Viedma de hace un siglo.
La demanda de los mandatarios ya no es la misma de la que se podía imaginar en la década del 20’, cuando gobernar Río Negro era atender la realidad de unos pocos pobladores del extinto territorio, en una ciudad que todavía se reponía de la destructiva inundación y que no tenía confirmada su identidad de capital.
Dentro de cuatro años, se cumplirá un siglo de su inauguración; y darle un uso público es el objetivo pensado por la actual administración.
La gobernadora Arabela Carreras lo confirmó. Optó por no habitarla, y alquilar un inmueble mas modesto al que inicialmente trascendió. Misma decisión habían tomado sus dos más inmediatos antecesores.
Con las miras puestas al mes de agosto de 2024, cuando se cumplan 100 años de su inauguración, se iniciarán obras para la puesta en valor, que complementarán otras que ya se hicieron para festejar el nonagésimo aniversario celebrado en 2014, en el marco del primer mandato de Alberto Weretilneck.
La residencia cuenta con poco más de 600 metros cuadrados de superficie cubierta. Su estilo arquitectónico es del denominado “renacimiento neocolonial”.
Tiene techos recubiertos de tejas sobre estructura de madera, paredes de mampostería tradicional revocadas a la cal, pisos de mosaicos, cerámicos y madera, carpintería de madera y revestimientos de mayólicas.
El paso de los gobernadores
No son los últimos tres los que optaron por no habitarla. Antes lo había hecho Edgardo Castello, que por su condición de viedmense optó por seguir viviendo en su casa particular, ubicada a un par de cuadras de la Residencia y de la Casa de Gobierno.

El último gobernador que la habitó fue Miguel Angel Saiz. En el periodo de la democracia, también la habitaron Osvaldo Alvarez Guerrero, Horacio Massaccesi y Pablo Verani.
Carlos Soria, ni bien asumió, denunció un avanzado estado de deterioro, y pretendía recorrerla junto a periodistas para dar testimonio de su afirmación: hecho que finalmente no ocurrió.
Tras su temprana muerte, 20 días después, su sucesor Alberto Weretilneck, rápidamente tomo la decisión de no habitarla, e iniciar las obras necesarias para convertir este emblema de la arquitectura capitalina en un museo.
Arabela Carreras sigue la misma línea. Así lo confirmó esta semana. Confirmó que la centenaria casona que supo oficia de residencia a los gobernadores se transformará en un museo que se utilizará para recorridas de estudiantes, vecinos y turistas. Asimismo será la sede de eventos para la promoción de productos regionales.
Pero desde su inauguración en 1927, fueron varios los referentes máximos institucionales de Río Negro que hicieron su paso.
La reconstrucción publicada por el periodista de Viedma Carlos Espinosa, indica que la construcción de la residencia oficial de los gobernadores rionegrinos fue realizada entre los años 1920 a 1924, durante la gestión del gobernador Víctor Molina, con el loable objeto de dotar a la capital del territorio de la infraestructura necesaria para que los titulares de la gobernación contaran con una vivienda acorde a su jerarquía.
Cabe señalar que hasta la inauguración, a mediados de 1924, los gobernadores territorianos residían en hoteles de Patagones.
Desde su habilitación, en 1924, la residencia tuvo la siguiente secuencia de moradores: Orfilio Campana, Alfredo Vitérbori, León Quaglia, Domingo Perfetti, Federico Uriburu, Rodolfo Lebrero, Miguel Montenegro, Emilio Berenguer. Gualberto Wheleer, y Carlos Ramos Mejía, hasta 1957.
En 1958 allí el primer gobernador electo, Edgardo Castello, siguió viviendo en su casa particular y la residencia se utilizaba para alojar huéspedes oficiales. Más tarde la habitaron Carlos Ramos Mejía interventor-, Carlos Nielsen, gobernador electo; José Fasseri, Carlos Uhalde, Luis Lanari, Juan Figueroa Bunge y Roberto Requeijo interventores militares entre 1966 y 1973; Mario José Franco, gobernador electo hasta 1976.
Después del golpe militar la ocuparon Aldo Bachmann, Julio Acuña y Carlos San Juan, hasta 1983; tras la recuperación de la democracia fueron sus habitantes Osvaldo Alvarez Guerrero, Horacio Massaccesi, Pablo Verani y Miguel Saiz.
Museo y otros usos, en la mira de las autoridades
Desde hace tiempo ya se vienen analizando nuevos objetivos para la centenaria casona.
Ubicada al centro de la ciudad, que en un siglo a crecido de manera exponencial, ya no es apropiada para asegurarle la privasidad que toda persona de Estado, y con tan alto cargo, necesita.
No es posible resguardar la intimidad si obligatoriamente se debe convivir con trabajadores que están a disposición del principal huésped, que por las agitadas agendas de los tiempos modernos, muy periódicamente permanecen en un espacio estable.

Ya en 2014, con miras al nonagésimo aniversario, se concretó la idea de entonces, de que no pase inadvertida la existencia de esta casona que ocupa una céntrica media manzana.
Fue entonces que se bajaron las ligustrinas circundantes como para darle más realce al edificio central y a los jardines, quitando toda privasidad si el mandatario en su descanso pretendía permanecer en los jardines.
Ese mismo año, la Residencia de los Gobernadores fue sometida a varias tareas de embellecimiento.
Para la ocasión se reacondicionó la fachada completa del edificio y se realizaron trabajos de pintura conservando la tonalidad actual de los colores.
Asimismo se ejecutaron trabajos de mejoramiento de los jardines y de recambio de luminarias en el edificio y Patio Colonial.
Cabe señalar que estos son los trabajos más importantes que se han realizado en el histórico edificio por desgaste del mismo con el paso de los años.
Carreras adelantó nuevas obras, para llegar al centenario con la casona totalmente recuperada.
Extractos: Perfiles y Postales, de Carlos Espinosa