El informe del estado del río confirma presencia de contaminantes
El resultado es categórico y confirma las sospechas de muchos sectores de la comunidad, sobre la existencia de materiales contaminantes.
Hubo énfasis al asegurar que “el río no está muerto” y que la acción solidaria de las partes permitirá recobrar su optimo estado.
El estudio se realizó en dos oportunidades. En el año 2018 , una en invierno y otra en primavera/verano.
El estudio permitió conocer el estado ambiental del río al establecer una línea de base para evaluar a futuro la evolución de los indicadores ambientales más relevantes.
Se relevaron 21 sitios en la cuenca (2 sobre el río Limay, 2 sobre el río Neuquén y 17 sobre el río Negro). Los sitios de muestreo fueron los más representativos de la cuenca, sobre los ríos Limay, Neuquén y Negro.
Con rigor científico se tomaron las muestras, su conservación, su traslado, y el análisis de las mismas en los distintos laboratorios.
Las principales conclusiones del estudio permiten establecer que ve está lejos de ser un río muerto, si puede considerarse un ecosistema impactado.
La cuenca está afrontando una fuerte presión antrópica, que es la acción de las actividades del hombre sobre el ambiente producto de la concentración poblacional y el desarrollo de actividades agrícolas, extractivas e industriales.
Por otra parte, tanto los compuestos clorados como los aromáticos persistentes medidos en este estudio dan cuenta del impacto ambiental tanto actual como pasado, ubicando a las actividades frutihortícolas y de neta presencia humana (transporte vehicular, quema de pasturas y de combustibles) como las principales fuentes de origen.
Desde el punto de vista bacteriológico, los niveles de Escherichia coli y Enterococos (bacterias de la materia fecal) detectados, evidencian un constante ingreso de estos organismos al sistema.
La presencia de poliaromáticos persistentes evidenciaron mayores concentraciones en Fernández Oro, Allen, Pomona y Carmen de Patagones, (aguas abajo de la desembocadura de la planta de tratamiento de efluentes urbanos) y la Isla La Paloma.
La evaluación de la calidad ecológica del agua, con el índice de macroinvertebrados, clasificó a algunos sitios con una calidad regular a mala, principalmente en Cipolletti, Fernández Oro, General Roca y Chichinales.
En relación a la fauna ictica (presencia de peces), es crítica la composición comunitaria ya que la abundancia de especies exóticas e invasoras es muy alta, lo que implica disrupciones al ambiente.