El acoso sexual callejero es padecido por la mayoría de las mujeres
Lidia Sicardi
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Aún tengo el recuerdo de un episodio de muchísima connotación mediática que, inclusive de muchos años atrás, marcaron un antes y un después, aunque falta mucho y muchas veces se llega tarde.
En el año 1992, la periodista Silvia Fernández Barrio, en medio de la cobertura del atentado a la Embajada de Israel, expresó: ‘Me tocaron la cola‘. Sí, había sido víctima de acoso sexual callejero y lo expusieron.
Digo que lo expusieron porque ella no estaba al aire en este momento, pero el hecho ‘dio de comer‘ a los medios por varios días, sin caer en cuenta que a esa colega, a esa mujer, no sólo la marcaron para siempre en lo que a su integridad y cuerpo refiere, sino a su carrera. ‘Me destrozaron la carrera‘, dijo en una entrevista unos años más tarde Fernández Barrio, ‘la gente recuerda más eso que la bomba a la Embajada, las personas que murieron, las que quedaron heridas. Queda la anécdota de que a una mujer le tocaron el traste y no se acuerdan de que en Argentina pusieron una bomba y nunca se supo quién fue‘, expresó la periodista.
A este episodio le sucedieron burlas y comentarios de todo tipo, desprestigiándola como mujer, como profesional, e intentando ponerla en ridículo frente a una sociedad que no esperaba que una mujer defienda su integridad.
En la actualidad, este tipo de acoso sexual continúa, y lo sufrimos todas las mujeres. Más chicas, más grandes, no hay edad, no hay apariencia física, no hay vestimenta ni color de piel. El solo hecho de ser mujer basta para que, al ir caminando por la calle o por algún lugar público, algún acosador diga o haga algo.
El acoso sexual callejero es sufrido de manera sistemática, ocurriendo incluso varias veces al día desde edades muy tempranas, lo que genera traumatización de la mujer, no sólo por hechos de acoso especialmente graves, sino por su recurrencia.
Las prácticas consideradas acoso sexual callejero incluyen: Miradas lascivas, ‘piropos‘, silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos, gestos obscenos, comentarios sexuales, directos o indirectos al cuerpo, fotografías y grabaciones del cuerpo, no consentidas y con connotación sexual, tocamientos (‘agarrones‘, ‘manoseos‘, ‘punteos‘), persecución y arrinconamiento, masturbación con o sin eyaculación y exhibicionismo.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, si te acosan en la calle o en otros lugares de acceso público podés hacer la denuncia. La persona que te acosó puede recibir como sanción una multa, hacer trabajos comunitarios o arresto.
Esta sanción es muy esperada por todas las mujeres y en lo cual se está trabajando desde diferentes sectores políticos en nuestra ciudad.
La Cámara de Diputados de la Nación debatió el 20 de marzo del corriente año un proyecto que penaliza el acoso callejero: llegó al recinto y volverá a la comisión de Legislación Penal para afinar el texto. Quieren que se fije con mayor precisión cuándo se trata de un caso de acoso.
El acoso en estadísticas
El informe ‘Paremos el acoso callejero‘ que fue presentado en el Congreso por el movimiento Mujeres de la Matria Latinoamericana arrojó cifras que reflejaron el grave problema en que se convirtió el acoso en la vía pública argentina. En el relevamiento, se encontró que el 100% de las mujeres encuestadas sufrió algún tipo de acoso a lo largo de su vida (de mayor a menor, bocinazos, silbidos, comentarios sobre su apariencia) y el 50% recibió un comentario sexualmente explícito; al 47% las siguieron en la vía pública y al 37% un hombre le mostró sus partes íntimas; el 29% fue tocada con intención sexual en la vía pública.
Para realizar este informe, me permití hacer una encuesta, donde el 99% de las mujeres, con edades de entre 14 a 60 años, afirmaron haber padecido acoso sexual callejero. Aquí algunos de tantos testimonios recogidos y los cuales agradezco que hayan compartido:
‘Vení, mamita, a barrerme la cocina‘, (trabajadora de la Cooperativa de limpieza que hace el barrido por la noche en las calles de Viedma).
‘Pasó un tipo en moto y me dio un chirlo en la cola‘, (trabajadora de la Coop. de Limpieza).
‘Qué buena estás, o silbidos‘, (Antonella, 21 años).
‘Me hacen gestos, me silban, o tocan bocina. Me siento incómoda, amenazada, sobre todo irrespetada‘, (Abril, 19 años).
‘Desde los 13 años que sufro acoso callejero, silbidos y todo eso‘, (Brenda, 16 años).
‘Desde adolescente sufrí acoso callejero. Antes se creía un piropo, ahora ya se entiende que es algo que molesta‘, (Carmen, 54 años).
‘Me dicen cosas sobre mi cuerpo. Qué linda cola, o tetas. Un asco‘, (Catalina, 12 años).
‘Cuando salgo a correr, me tiran besos o gritan cosas, ejemplo, ‘te hago mía‘‘, (Romina, 17 años).
‘Prácticamente todos los días me dicen cosas camino al colegio. Incluso una vez intentaron secuestrarme‘, (Paz, 14 años).
‘Recibo piropos de mis compañeros de trabajo, y en la calle rara vez‘, (Dora, 46 años).
‘Guarangadas de todo tipo‘, (Verónica, 43 años).
Mi apreciación, en todos los casos que describen los tipos de acosos, y que me pidieron no publicar por vergüenza a ser reconocidas en tal o cual situación, es indignante.
Voces que representan
Mariana Arregui es concejal de Viedma. Vivió, una vez más, acoso por parte de desconocidos mientras caminaba por la ciudad. ‘Lo que pasó el otro día (por el día del hecho) fue algo desgastante. Me dio mucha bronca y expresé esa bronca en mi Facebook personal sin medir que esto tiene un contenido político‘, expresó Arregui a Noticias, haciendo referencia al descargo en la red social, lo que tuvo mucha repercusión en la Comarca.
‘Es algo que nos pasa a todas las mujeres, en un montón de ámbitos reiterativamente‘.
‘Hay que visibilizar una cuestión que está naturalizada, y nadie la problematiza. La empezamos a problematizar las mujeres porque somos las que sufrimos esa violencia en las calles‘, expresó.
‘Acá hay un sistema que le dice a los tipos que tienen derecho sobre nuestros cuerpos, y ese derecho lo ejercen de distintas maneras, gritándonos en la calle o diciéndonos lo que tenemos que hacer, controlándonos. Hay un montón de expresiones que algunas terminan en una escala de violencia física, que termina en femicidio‘, remarcó.
En una parte de la publicación de su perfil personal decía: ‘Caminar por las calles de la ciudad con un vestido sigue siendo hoy un desafío. Esta mañana tuve que bancarme a 3 tipos asquerosos que creyeron que tenían el derecho de opinar sobre mi ropa y mi cuerpo e incluso uno de ellos tocándose‘.
Hecho totalmente repudiable desde donde se lo vea.
También, y en comunicación telefónica con Noticias, Genoveva Molinari se expresó frente al mismo tema: “Lo venimos sufriendo desde toda la vida, desde que somos chiquitas, y la verdad que es un cambio netamente cultural que tiene que terminar con toda esta estructura de patriarcado y machismo donde estaba bien decirle a la mujer que pasaba por la calle cualquier guarangada, lo que era llamado ‘piropo‘ y decían cualquier barbaridad. O que en la calle pasabas y te mostraban un miembro y vos salías corriendo y son cosas que te intimidan pero era ‘qué gracioso‘ para la persona que lo hizo. Los hombres sobre todo tienen que empezar a tomar conciencia que no está bueno, que a las mujeres esto nos molesta, no nos parece agradable. Hay toda una concepción que debemos modificar y trabajar”, comentó.
Evelyn Rousiot, concejal viedmense, también se refirió al tema cuando consulté su opinión: ‘En el tema acoso callejero, como en tantos otros temas, me parece que como sociedad estamos evolucionando en cuestiones que antes las veíamos como naturales o que formaban parte de la cultura, de la idiosincrasia de cada uno de los pueblos, hoy ya no lo son. Hoy ya son situaciones que en realidad de toda la vida nos incomodaron, pero ahora lo podemos expresar sin temor a que alguien pueda llegar a burlarse de eso. Antes lo tomábamos como una situación natural, cosa que me parece muy importante que hayamos evolucionado, que hayamos entendido y comprendido que nadie tiene por qué hacernos sentir incómodos en el normal desenvolvimiento de nuestra vida cotidiana‘.
Quise una opinión desde una mirada de mujer, pero quien se encuentra dentro de una organización feminista como Mujeres Organizadas de la Comarca, y quien me atendió es Ana Ibañez para hablarme de una próxima campaña en contra del Abuso Sexual Callejero: ‘Nosotras venimos pensando en esto, en cómo volcarlo directamente ante una problemática que sufrimos casi todas las mujeres y las disidencias. El 99 por ciento puede dar testimonio de que han sufrido algún tipo de acoso en la vía pública, desde comentarios verbales, miradas lascivas, persecuciones, exhibicionismo, acoso sexual. De esto nos ha llegado la semana pasada casos de un hombre que se masturbaba frente a unas pibas que entraban al Colegio Malvinas, de Patagones, y así casi a diario comentarios‘.
‘Estuve haciendo una recolección de voces, la mayoría jóvenes, que hablan de qué precauciones toman las mujeres en las calles. Desde ir con las llaves en las manos por si pasa algo, ir con gas pimienta, llevar la cámara del celular encendida porque ya le ha pasado de que le gritaban cosas y saca el celular y se pone a filmar y esto cesó. Todo esto es porque tienen miedo‘, expresó Ana.
En la misma bolsa no
No. No podemos poner a todos los hombres, porque los acosadores son en su mayoría hombres de entre 14 a 65 años, aproximadamente, en la misma bolsa. No es justo.
Ellos también lo sufren cuando llega una integrante de la familia, o su pareja, o una compañera de trabajo o estudio, alterada por haber sido víctima de acoso sexual callejero. Y lo sufren quienes valoran a la persona en sí, sin géneros, corriéndose de las costumbres con las que fueron criados.
Se me viene a la mente la pregunta ‘¿te gustaría que esa persona a la que maltrataron y humillaron en la calle fuera tu madre, tu hermana, tu pareja, tu hija?‘. Claro que no, no les gustaría, por lo tanto tampoco harían pasar a una persona por una situación violenta.
Las costumbres están muy arraigadas, en hombres y en mujeres, pero poco a poco van cambiando, y hasta me atrevo a decir que en estos últimos años ese cambio vino muy rápido, porque es lo que se necesita, es el derecho que nos debemos como sociedad: respeto ya.
Introspección femenina
Las mujeres comenzamos a vernos como personas independientes del sistema regido por el patriarcado. Esto nos llevó a respetarnos, y cuando al fin lo logramos, a hacernos respetar.
En el colectivo de mujeres, incondicionalmente nos acompañamos, y es en ese acompañamiento donde nos sentimos más fuertes a la hora de enfrentar el acoso sexual callejero.
Si bien hay campañas pensadas y llevadas a cabo por diferentes organizaciones de mujeres, en su mayoría feministas, también nos cuidamos y acompañamos como sociedad.
He visto, y compartido, en redes sociales campañas como: ‘Si sos mujer o niña, y ves que alguien te va siguiendo o estás en peligro, agárrame de la mano como si me conocieras. Sin vergüenza explicame rápidamente qué sucede. #juntas gritamos, #juntas corremos, #juntas nos defendemos, #ayudémonos a salvarnos‘.
También he recibido en mi teléfono personal, compartido por alguien a quien quizás no conozca, consejos de diferentes cuidados que podemos tener las mujeres a la hora de salir, como por ejemplo: ‘Avisá a una amiga a qué hora salís, qué taxi tomás. Dejá un enlace con tu ubicación a una de tus amigas hasta que entrás a tu casa.
Avisá a algún familiar que estás saliendo del colegio, del trabajo, etc.‘.
Y hay cada vez más aplicaciones para teléfonos que marcan el recorrido que una persona realiza y que puede compartir con otra que la ‘cuida‘.
Esto no es otra cosa que vivir con miedo, miedo a la violencia. Porque el acoso sexual callejero es violencia. El acoso sexual callejero destruye, marca de por vida, nos daña, y en los peores casos nos mata.
Reflexionemos, y les pido que reflexionen quienes aún no lo han hecho, porque ante la violencia todas y todos somos responsables, exigiendo y brindando respeto.