Un proyecto de la UNRN busca prevenir la degradación del ecotono Espinal-Monte
El manejo de los pastizales naturales, la conservación del monte nativo y la actividad ganadera están estrechamente vinculados en el noreste de la Patagonia. En este contexto, un proyecto de investigación de la Universidad Nacional de Rio Negro (UNRN), busca diagnosticar el estado de los pastizales del ecotono Espinal-Monte, evaluar su disponibilidad forrajera y definir estrategias de manejo que permitan compatibilizar producción y conservación.
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El trabajo se desarrolla en tres subregiones, siendo el sur de La Pampa, Puán-Villarino y Patagones, en la provincia de Buenos Aires. La propuesta parte de una problemática concreta que es la degradación del pastizal provocada por un manejo inadecuado del pastoreo con ganado doméstico puede reducir la estabilidad productiva de los sistemas, afectar su sustentabilidad y generar cambios en la biodiversidad, la materia orgánica y la fertilidad de los suelos.
La investigación contempla la evaluación de pastizales con distintos grados de disturbio y la determinación de la disponibilidad de forraje en cada situación. A partir de ese diagnóstico se buscan establecer posibles estrategias de manejo con una planificación de mediano y largo plazo.
Si bien, el proyecto también tiene un componente de formación profesional, como estrategia de transferencia, prevé la particiapación de estudiantes próximos a graduarse de las carreras de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur, la Universidad Nacional de Río Negro y la Universidad Nacional de La Pampa.
La finalidad es que los futuros profesionales adquieran un conocimiento profundo de estos sistemas y una mirada analítica que también pueda abrir caminos hacia estudios de posgrado vinculados con las problemáticas productivas y ambientales de la región.
El monte como reservorio de carbono
El estudio de los pastizales se vincula, con una problemática ambiental más amplia que tiene que ver con el estado de la vegetación leñosa del noreste patagónico.
Desde el Centro de Estudios Ambientales desde la Norpatagonia (CEANPa), docentes investigadores, estudiantes y becarios estudian los cambios de la vegetación natural de la región en relación con disturbios naturales y antrópicos. El objetivo es comprender su dinámica, predecir tendencias de cambio, contribuir al manejo sustentable del recurso natural y promover la conservación y valoración de la vegetación del ecotono Sur Espinal-Monte.
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Según explicó a NoticiasNet, la Dra. Silvia Torres Robles, docente einvestigadora del CEANPa-UNRN, las zonas áridas y semiáridas “fueron históricamente menos consideradas en los inventarios forestales clásicos, aunque constituyen reservorios estratégicos de carbono”.
En el noreste patagónico predomina una vegetación leñosa y las precipitaciones varían aproximadamente entre 750 y 250 milímetros. Esa variación determina características propias del Espinal y del Monte, razón por la cual el área es abordada como un ecotono.
La vegetación leñosa tiene allí un papel relevante en el almacenamiento de carbono. Los estudios realizados por el equipo determinaron “un valor medio de biomasa aérea leñosa de 12 toneladas por hectárea”, con registros de hasta 70,8 toneladas por hectárea en los sitios con mayor cobertura.
Cuando esa vegetación es eliminada, desmontada o quemada, el carbono almacenado se libera a la atmósfera en forma de dióxido de carbono. Al mismo tiempo, se pierde un servicio ecosistémico relacionado con la mitigación del cambio climático.
Pero las consecuencias no se limitan al carbono, y la pérdida de cobertura vegetal deja los suelos expuestos a la erosión eólica e hídrica, con posibilidades de generar voladura de suelos, cárcavas e inundaciones.
Sequías, desmontes y sobrepastoreo
En el noreste patagónico, la estructura de la vegetación está condicionada por una combinación de disturbios naturales y antrópicos. Entre los primeros se encuentran “los fuegos periódicos y las sequías extremas”; entre los segundos, “los desmontes y el uso ganadero”.
La región presenta además una marcada variabilidad de las precipitaciones entre años. Existen períodos con excedentes hídricos y otros con déficit, incluyendo períodos de extrema sequía.
Para Torres Robles, la combinación de “sequías extraordinarias con desmontes masivos o sobrepastoreo puede debilitar fuertemente la capacidad de recuperación del sistema”.
Después de años de sequía y severos desmontes, “se produjeron grandes voladuras de la capa fértil del suelo mediante nubes de polvo que llegaron hasta el litoral marítimo de Carmen de Patagones”.
La eliminación del monte también afecta la capacidad del ambiente para absorber agua. La vegetación nativa funciona como una suerte de "esponja" frente a las precipitaciones, por lo que su pérdida puede contribuir a la saturación de los suelos y a inundaciones. Como ejemplo, se menciona el anegamiento de la Ruta Nacional Nº 3 en el paraje La Querencia.
Los cambios también se reflejan en la composición y estructura de las comunidades vegetales. En sectores sobrepastoreados o con desmontes mal gestionados pueden alterarse especies clave como el caldén, el algarrobo dulce, el piquillín y el chañar. Esto puede derivar tanto en la pérdida del estrato herbáceo como en procesos de matorralización, con formaciones arbustivas extremadamente cerradas y sin un desarrollo adecuado del estrato arbóreo.
Una relación directa con la producción ganadera
El manejo ganadero aparece así como uno de los factores centrales para definir la evolución de estos ambientes.
Una ganadería adecuadamente gestionada debe mantener una cobertura leñosa que permita la subsistencia de pastos y arbustos nativos, al mismo tiempo que regula la carga ganadera.
Desde la investigación se plantea que un manejo del monte con ganadería integrada permite mantener un equilibrio entre el pastizal y la cobertura arbustiva. De esta manera, se busca evitar tanto el sobrepastoreo —que elimina el estrato herbáceo— como el crecimiento excesivamente cerrado de la vegetación arbustiva, que puede incrementar la acumulación de biomasa combustible leñosa y favorecer incendios severos.
La degradación tiene además consecuencias económicas para los productores, como “la pérdida de cobertura vegetal y el deterioro del suelo” reducen la receptividad ganadera de los campos y pueden provocar pérdidas importantes, particularmente “durante los años secos, cuando disminuye fuertemente la disponibilidad de forraje”.
La leña, un recurso aprovechado pero poco registrado
En este sistema, la vegetación leñosa también constituye un recurso utilizado por las comunidades.
Según la información relevada por el equipo, la leña es actualmente “el principal producto forestal maderero reconocido en el ecotono Sur Espinal-Monte”. Proviene principalmente de desmontes destinados a áreas agrícolas o pasturas, del mantenimiento de alambrados, de vías de circulación del ganado y de cortafuegos.
Las especies más aprovechadas son el piquillín (Condalia microphylla) y el chañar (Geoffroea decorticans). En menor medida se aprovechan el caldén (Neltuma caldenia, anteriormente Prosopis caldenia) y el algarrobo dulce (Neltuma flexuosa), principalmente provenientes de podas.
Se trata de una actividad que tiene “un importante valor social y una demanda constante, tanto a nivel local como en otras zonas de la Patagonia”.
Sin embargo, históricamente se desarrolló de manera informal y no fue adecuadamente contabilizada dentro del circuito comercial forestal oficial. Además, la leña suele obtenerse como subproducto de la eliminación del monte y no mediante planes de aprovechamiento forestal ordenado.
Los resultados preliminares del trabajo indican que el rendimiento promedio estimado del recurso leñero es “de 15 toneladas por hectárea, mientras que la recuperación y renovación de la biomasa requiere entre 12 y 20 años”. Si la extracción supera esos tiempos de recuperación o elimina completamente la cobertura, advierten, el sistema deja de ser sustentable.
Un desafío que atraviesa tres provincias
Uno de los principales desafíos identificados es que el ecotono Espinal-Monte comprende territorios de La Pampa, Buenos Aires y Río Negro, tres jurisdicciones que adoptaronamiento territorial a las comunidades leñosas del noreste provincial, mientras que Buenos Aires y La Pampa sí incorporaron estos ambientes sus respectivas leyes de bosques nativos en diferentes momentos y con distintos criterios de protección.
En el caso de Río Negro, la Ley 4366/2010 inicialmente no incluyó en el ordenamiento territorial a las comunidades leñosas del noreste provincial, mientras que Buenos Aires y La Pampa sí incorporaron estos ambientes a sus respectivos ordenamientos, según el relevamiento presentado por el equipo.
A esto se suma una cuestión conceptual como la definición de "bosque" utilizada en distintos marcos normativos puede estar centrada en formaciones continuas con árboles de gran porte, dejando en un segundo plano ecosistemas semiáridos con cobFrente a este escenario, la investigación plantea que la planificación de la actividad productiva debe realizarse a escala de cada establecimiento. Las decisiones deberían considerar las características particulares de cada campo, incluyendo sueloerturas leñosas abiertas o matorrales.
Sin embargo, esos ambientes pueden presentar una elevada densidad de individuos —se observaron valores de hasta 368 individuos por hectárea en la región— y cumplen funciones ecológicas relevantes.
Por eso, uno de los planteos centrales es avanzar hacia una articulación interprovincial de los criterios de protección y manejo.
Manejar para producir y conservar
Frente a este escenario, la investigación plantea que la planificación de la actividad productiva debe realizarse a escala de cada establecimiento. Las decisiones deberían considerar las características particulares de cada campo, incluyendo suelo, clima y cobertura vegetal, además de los intereses sociales y productivos.
En los campos ya desmontados y degradados, “proponen implementar acciones de restauración mediante la siembra o incorporación de plantas nativas” para recuperar la cobertura vegetal y mejorar la capacidad productiva.
En aquellos establecimientos que todavía conservan monte nativo, el objetivo “es mantener una estructura de vegetación diversa, con mosaicos de áreas abiertas y densas”, y ajustar estrictamente la carga ganadera para favorecer la convivencia entre árboles, arbustos y pastos.
También plantean la necesidad de desarrollar planes de manejo sustentable que regulen la extracción de leña, especialmente “de piquillín y chañar, estableciendo turnos de rotación de corte acordes con los tiempos de recuperación del sistema”. Esto permitiría transformar una actividad actualmente informal en una fuente de trabajo formal, permanente y sostenible para los pobladores rurales.
A la vez, el equipo de docentes y estudiantes considera fundamental utilizar mapas de cobertura leñosa e imágenes satelitales para monitorear de manera continua el estado de conservación, la biomasa disponible y los cambios en el uso del suelo. Los modelos desarrollados por el CEANPa-UNRN combinan información satelital con datos obtenidos en campo.
El desafío, en definitiva, es comprender que la conservación y la producción no necesariamente constituyen objetivos contrapuestos. El diagnóstico de los pastizales, el manejo de la carga ganadera, la conservación del monte y el aprovechamiento ordenado de los recursos forman parte de una misma discusión sobre el futuro productivo y ambiental del ecotono Espinal-Monte.