2026-07-20

AIRE PARA SENTIR

Dejar todo para "después": por qué demorar una decisión es un autoboicot que pasa factura

Mercedes Querejeta analizó las causas psicológicas detrás del hábito de postergar y brindó herramientas prácticas para pasar de la idea a la acción.

El ritmo de la vida moderna suele exigir inmediatez. Sin embargo, frente a las responsabilidades diarias - sean domésticas, académicas o laborales -, surge a menudo un enemigo silencioso pero muy común: la procrastinación.

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Este hábito de posponer lo que debemos hacer, incluso aquello que es sumamente importante, fue el eje de análisis de la psicopedagoga y coach ontológico Mercedes Querejeta en su columna "Aire para sentir", emitida en el programa El Radar por Radio Noticias (105.5 MHz).

La especialista invitó a "parar la pelota" para reflexionar sobre un comportamiento que, aunque parezca inofensivo en el día a día, puede complejizar profundamente nuestra salud y nuestras relaciones.

Querejeta comenzó aclarando que postergar no siempre es negativo. "El hecho de postergar tiene un aspecto sano en el ser humano porque nos permite organizarnos, planificar y priorizar lo importante sobre lo urgente", explicó. El problema real aparece cuando esta conducta se transforma en un comportamiento repetido y habitual.

"Cuando nos pasamos dejando para mañana casi todo, esto tiene consecuencias importantes en nuestro bienestar. Nos genera ansiedad, desorganización, estrés y hasta culpa. Vamos dilatando y la vida se va complejizando", advirtió la profesional.

¿Por qué lo hacemos? La trampa del cerebro y el autodiálogo

Una de las grandes preguntas del bloque fue por qué las personas siguen procrastinando a pesar de conocer sus consecuencias negativas. La especialista señaló que se trata de un mecanismo inconsciente impulsado por diversos factores:

Exceso de perfeccionismo e inseguridad: "Quiero hacer las cosas tan bien, me pongo la vara tan alta, que por miedo a la frustración o por dudar de mi propia capacidad, prefiero no hacerlo", detalló.

Dependencia de la validación externa: Estar permanentemente pendientes de la mirada y la aprobación del otro puede paralizarnos.

La búsqueda de placer inmediato: Existe una explicación neurológica detrás de esto. El cerebro busca el cortoplacismo y el ahorro de energía. "Se produce una lucha entre la corteza cerebral (que planifica) y el sistema límbico (que busca el placer). El cerebro no busca que seamos felices, busca que sobrevivamos; por eso tiende a suplantar una tarea compleja por una más sencilla o divertida", afirmó Querejeta. Incluso, reveló que la decisión de postergar genera un alivio momentáneo y una dosis de adrenalina que el cuerpo interpreta como disfrute a corto plazo.

La especialista también derribó las excusas más comunes, como el clásico "no tengo tiempo" o la falsa creencia de "yo funciono bajo presión". Esto último es muy recurrente en jóvenes universitarios a la hora de presentar una tesis o rendir exámenes. "No es lo mismo estudiar cinco horas un solo día que una hora cada día; el nivel de fijación y aprendizaje es totalmente diferente, y nos ahorramos una situación de alta ansiedad", ejemplificó.

La procrastinación no es un problema puramente individual. En el ámbito laboral o en los proyectos colectivos, dilatar las tareas genera lesiones en los vínculos. Al no cumplir con el rol correspondiente, se sobrecarga al compañero de trabajo, lo que deviene en roces y un clima de estrés generalizado.

Escuchá la columna completa:

NoticiasNet · Aire para Sentir - Mercedes Querejeta - Procrastinar

¿Cómo romper la resistencia y pasar a la acción?

Para desactivar este círculo vicioso de autoboicot, Mercedes Querejeta propuso una serie de estrategias basadas en la toma de conciencia y las herramientas que aporta el coaching:

La toma de conciencia y el autodiálogo: el primer paso es registrar qué nos estamos diciendo a nosotros mismos para justificar la postergación. ¿Es miedo? ¿Es pereza? Identificar la "autoexcusa" es clave.

Visualización positiva: conectarse con la emoción de cómo nos sentiríamos si esa tarea ya estuviera resuelta. Eso ayuda a mitigar la frustración acumulada.

Dividir en etapas (de lo sencillo a lo complejo): quitarse la presión de resolver todo de hoy para mañana. Para alcanzar un objetivo complejo (como ordenar el placard, hacer un trámite médico o avanzar en la universidad), se debe fragmentar en acciones pequeñas.

Bajar las ideas al plano práctico: "Si no podés armar un plan completo hoy, empezá por ir a comprar un cuaderno y anotar la lista de tareas pendientes: qué, cómo, cuándo y con quién. Un solo paso ya te saca del lugar donde estás", enfatizó.

El bloque radial concluyó con una invitación abierta a los oyentes a revisar la cantidad de tareas acumuladas en el día a día (domésticas, sociales o laborales) y a recordar el viejo pero efectivo refrán popular con el que cerró la columna: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".

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