Potencial olivarero: Por qué los aceites de oliva de la región logran un rinde superior al promedio nacional
La olivicultura en Río Negro continúa consolidándose como una economía regional de altísimo valor agregado. Aunque el potencial del sector es enorme, la presente temporada se encuentra atravesada por los contrastes climáticos típicos de la Patagonia.
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Así lo detalló Jonathan Marilef, licenciado y técnico de la Estación Experimental del INTA Valle Inferior, en una entrevista con el programa "Tocá Madera" por Radio Noticias (105.5 MHz).
Durante la charla, el especialista trazó una radiografía que combinó la preocupación por el impacto de las heladas tardías en el Valle con el sostenido crecimiento tecnológico y productivo que experimenta la zona del Golfo de San Matías.
El período entre mayo y junio marca el corazón de la cosecha de aceitunas en la provincia. Sin embargo, Marilef advirtió que este año la productividad general de los frutales se vio resentida: "Este no fue un año muy bueno para la cosecha en general. El 28 de octubre del año pasado sufrimos una helada tardía que afectó la fruta que estaba cuajando o desarrollándose, impidiendo que llegue a ser cosechada".
Frente a este escenario adverso, el rol del INTA resulta clave. En su estación experimental, el organismo evalúa una colección de alrededor de 20 variedades - mayormente aceiteras - para analizar su adaptación fenológica al riguroso clima local.
"En la zona mayormente se produce Arbequina o Frantoio, pero este año detectamos tres variedades aceiteras que tuvieron un muy buen comportamiento frente al clima: Chapi Dorado, Drita y Canino", reveló el técnico, abriendo nuevas alternativas genéticas para los productores regionales.
A pesar de las contingencias climáticas, la Patagonia ofrece ventajas competitivas únicas para el aceite de oliva. Debido a las condiciones de una zona semiárida combinada con inviernos fríos, las propiedades organolépticas (sabor, aroma y acidez) del producto final son consideradas de excelencia internacional.
Los números de producción en la región sorprenden a la industria nacional, ya que los aceites de la zona alcanzan un rinde de extracción de entre el 18% y el 20%, un porcentaje que resulta notablemente superior al de otras regiones olivícolas tradicionales de la Argentina.
Al analizar el mapa productivo de la provincia, Marilef marcó una clara diferencia entre el Valle Inferior y la zona costera. Mientras que en Viedma el invierno y las heladas primaverales pueden lastimar el crecimiento de las primeras ramas de una planta - la cual demanda entre 7 y 8 años para lograr una producción significativa -, la costa marítima corre con ventaja.
"Para el Golfo de San Matías, la proximidad del mar actúa como un regulador térmico. Tienen otra resistencia y producir allá es un poco más accesible", explicó el licenciado. Allí se asientan los cuatro establecimientos más grandes de Río Negro, los cuales sostienen el verdadero motor de crecimiento de la actividad en la provincia.
Inversión privada y tecnología de punta
El dinamismo del sector en San Antonio y alrededores no solo genera empleo temporal debido a lo artesanal y demandante que suele ser la cosecha manual, sino que además ha comenzado a automatizarse.
"Los productores del Golfo tienen maquinaria propia donde procesan la fruta y producen su propio aceite. De hecho, ya hay dos establecimientos que adquirieron una máquina cosechadora", destacó Marilef, subrayando que se trata de una inversión tecnológica de gran magnitud para el agro rionegrino.
Con puestos de venta consolidados a la vera de las rutas turísticas y una demanda sostenida por la altísima calidad del producto, el sector olivarero rionegrino demuestra que, con paciencia, tecnología y el respaldo técnico del INTA, el "oro líquido" del sur tiene un horizonte cada vez más competitivo.