2025-08-07

Intento de homicidio en San Javier: hallaron culpable al acusado y se dictó su prisión preventiva

Richard González Conrado estuvo lleno de pruebas en su contra y el tribunal fue contundente. Tuvo que ser escoltado por la policía, porque se fue de su casa y no concurrió voluntariamente hasta el Poder Judicial.

Esta mañana se realizó la lectura del veredicto en el juicio por homicidio en grado de tentativa, contra Richard González Conrado, quien disparó a matar contra un jornalero de 27 años en San Javier. El sujeto salió de su casa, pero no fue a tribunales según un reporte de la Unidad de Arresto Domiciliario con Monitoreo Electrónico (Uadme), por lo que la Fiscalía le ordenó al comisario de la Unidad N° 38 que lo vayan a buscar en carácter de urgente. 

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Ya pasadas las 9 de la mañana, más de media hora más tarde, llegó escoltado por la policía hasta el Anexo del Poder Judicial, en la avenida 25 de Mayo. Allí, el tribunal de juicio, conformado por Marcelo Chironi, Ignacio Gandolfi y Guillermo Bustamante, resolvió por unanimidad la culpabilidad del imputado por homicidio agravado en grado de tentativa, amenazas y daños. Ahora quedará el paso para la audiencia de cesura, donde se debatirá la pena. Por el tipo de escala penal, podría tratarse de una condena cercana a los ocho años de prisión efectiva.

Ya con el veredicto de culpabilidad, la Fiscalía solicitó una medida cautelar de prisión preventiva, porque aumentó el riesgo de fuga, especialmente por su intento de ausentarse en esta última audiencia judicial. 

Desde el Ministerio Público Fiscal, informaron que González Conrado no tiene arraigo familiar ni laboral que lo haga mantenerse en Viedma. Además, posee un núcleo familiar en su lugar natal de Paraguay, se acreditó que tiene amigos en Mendoza (que está cerca de la frontera con Chile), en otra oportunidad dijo que debía "irse a Venezuela por una misión religiosa" y contaba con más de un millón y medio de pesos al momento de su aprehensión, con lo cual podría fugarse afuera del país.

También se certificaron conductas impropias, que dan lugar a creer que podría hacer cualquier cosa por tal de no ir a la cárcel, tales como amenazas en la sala judicial contra la fiscal y contra la misma víctima. 

La defensa, a cargo de la abogada Graciela Carriqueo, argumentó que el riesgo de fuga es una especulación de la fiscal, que no hubo ningún informe de la Uadme de haber salido de la ciudad y que tiene a su familia en San Javier, por lo que pidió que siga con prisión domiciliaria. 

El imputado González Conrado luego hizo uso de la palabra y manifestó: "La pasé muy mal en este proceso, pero no tengo rencores". El juez Chironi le preguntó si tiene hijos y contestó que tiene dos hijos de 8 y 11 años en San Javier y una niña de 4 años en Viedma. 

Finalmente, el tribunal tomó un breve cuarto intermedio, valoró los argumentos de cada parte y resolvió por unanimidad que el sujeto quede en prisión preventiva hasta que el Tribunal de Impugnación se expida al respecto. 

El hecho

La Fiscalía, con representación de Mariana Giammona y Francisco Marano, fue sólida en sus argumentos y el condenado admitió haber gatillado con una escopeta de calibre 12.

En este sentido, reconstruyendo la escena, Richard González Conrado se metió en la propiedad que alquilaba Marcos Quiroga, en la Manzana 450 del Lote 1 de San Javier, alrededor de las 2 de la madrugada del 22 de julio de 2024.

Luego de acusar al joven y a su grupo de haber dañado su vehículo con un ladrillazo, increpó con un cuchillo a un trabajador de la cebolla identificado como Francisco Amaya, abalanzándose contra él. Lograron persuadirlo con piedrazos y el agresor se fue hasta su casa, que estaba a pocos metros.

En menos de cinco minutos, González Conrado regresó por más: reapareció con una escopeta, pateó el portón de la vivienda y realizó destrozos con la culata del arma en un vidrio de la ventana. Ante el pedido de Quiroga para que se fuera del lugar, le efectuó un disparo a menos de cinco metros de distancia.

Producto de este ataque, el trabajador rural de 27 años estuvo cinco meses internado en terapia intensiva en el Hospital de Viedma y luego sufrió la amputación de su brazo.

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Inicialmente, el acusado enfrentaba un pedido de pena de prisión de seis años y medio si aceptaba un procedimiento abreviado, pero el condenado sorpresivamente se negó y ahora la Fiscalía solicitará más años.

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Intento de hacerse pasar por inimputable

Con una estrategia poco convincente, de hacerse pasar por alguien que no comprende la criminalidad de sus actos, González Conrado dejó un mensaje mesiánico cuando le tocó hablar. “El otro día dije que tenía un mensaje y es un mensaje por parte de Dios, para todos. Me da tristeza salir en las noticias y también le hablé a Marcos Quiroga, pero solamente le dije que le esperan cosas buenas", dijo.

“Marcos Quiroga le pidió algo a Dios y se lo va a dar. Todos los que hablaron mentiras que le pidan perdón a Dios, no a mí. Yo no le deseo el mal a nadie, yo la pasé re mal y Marcos también, pero Dios tiene una recompensa para nosotros", manifestó.

En cuanto al móvil de su brutal ataque, insistió en que le rayaron su vehículo Renault Fluence, aunque los peritos no lograron determinar ni un rasguño en la chapa del rodado. “Mi auto era el de mis sueños, luché tanto para comprarlo. Cuando me fui a diez metros, agarraron palos, piedras, lo que encontraron y me corrieron hasta la casa. Ahí yo agarré el arma y volví a entrar", justificó.

La intención de intentar hacerse pasar por inimputable fue descartada de plano, ya que González Conrado demostró haber comprendido cada uno de sus actos, desde el momento de la detención y hasta la última instancia judicial. 

El arma usada nunca se pudo encontrar, pero sí se halló un cartucho de calibre 12 arriba de la heladera de González Conrado y él mismo reconoció el disparo que comprometió la vida de Quiroga.

“Sentí que me moría, fue una sensación muy fea. Sentí que me quedaba sin sangre, sentía frío. No recuerdo cuando me dieron asistencia médica. Estuve cinco meses internado. Me llevaron a sala común, tenía el brazo muy hinchado y los dolores nunca bajaban”, expuso la víctima oportunamente.

“Me pusieron una prótesis y la rechazó, la reventó, me salía mucha sangre. Me dijeron que tenían que cortarme el brazo, sino podía perder la vida. Me llevaron a terapia y me amputaron el brazo”, cerró.

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