Intento de homicidio en San Javier: concluyeron los alegatos y González Conrado está al filo de la prisión
La tercera audiencia del juicio contra Richard González Conrado, acusado de haber disparado a quemarropa contra Marcos Quiroga en julio de 2024, cerró con los alegatos finales.
El fiscal Francisco Marano, que acompaña a la Doctora Mariana Giammona, fue categórico: para él, no hay dudas de que el acusado actuó con “dolo homicida”. La defensa, en cambio, sostuvo que se trató de una reacción desmedida en medio de una noche oscura, confusa y cargada de alcohol.
El 22 de julio de 2024, en la Manzana 450 de San Javier, Marcos Quiroga —jornalero de 27 años— recibió un disparo que casi le cuesta la vida. Estuvo internado por meses y sufrió la amputación de su brazo derecho. La gravedad del hecho llevó al Ministerio Público a calificar la conducta de González Conrado como tentativa de homicidio agravado por el uso de arma de fuego.
Marano, en un alegato meticuloso y extenso, desmenuzó los hechos: habló de un arma de gran poder vulnerante —una escopeta—, del disparo realizado a menos de cinco metros de distancia y de la dirección del tiro: al torso superior de la víctima.
"Gracias al movimiento defensivo de Marcos Quiroga y a la asistencia médica inmediata, hoy no estamos ante una causa de homicidio consumado", remarcó Marano, citando jurisprudencia del Superior Tribunal de Justicia para fundamentar la acusación.
La jornada de alegatos, estaba cargada de miradas y fuertes argumentaciones de las partes. Sin embargo, la presencia de Quiroga no pasó desapercibida, ya que se tuvo que sentar a una distancia prudente del hombre que le provocó la perdida de su brazo y puso en riesgo su vida.
Además, el fiscal puso énfasis en la actitud del acusado antes y después del hecho. Afirmó que González Conrado apuntó de forma constante a la víctima, rompió vidrios en una habitación donde había niños, amenazó a terceros, se fugó tras el ataque y se escondió en una chacra. “Eligió una y otra vez la violencia”, concluyó.
Por su parte, la abogada de la defensa, Graciela Carriqueo planteó una narrativa distinta. Admitió la gravedad del hecho, pero insistió en que su defendido nunca quiso matar. “Fue un momento de descontrol, de enojo. Él estaba alterado, sacado. Todos estaban alcoholizados y era de noche. No había luz. No lo conocía a Quiroga, no tenía un motivo para matarlo”, sostuvo.
Pidió que se recalcifique la figura penal por la de lesiones gravísimas (artículo 91 del Código Penal), lo cual implicaría una pena considerablemente menor. Apuntó a las condiciones emocionales del imputado esa noche y negó cualquier intención homicida. “Mi asistido no midió las consecuencias”, señaló.
Durante la audiencia anterior, González Conrado sorprendió al tribunal con un discurso cargado de referencias religiosas y mensajes ambiguos. Aseguró que “Dios tiene una recompensa para todos” y pidió perdón, aunque también relativizó su responsabilidad: “No hay que arrepentirse, ya fue. Son todos patoteros. Si no está grave, hay que ver qué pasa”.
Estas declaraciones generaron incomodidad en la sala y fueron retomadas por el fiscal como indicio de la falta de remordimiento genuino.
Por todo esto, el Ministerio Público solicitó al tribunal que lo declare culpable de los delitos imputados y adelantó un pedido de pena cercano a los ocho años. La defensa, por su parte, insistió en una recalificación que podría implicar una pena menor y pidió “una respuesta justa, equitativa y conforme a la legalidad”.
No obstante, el tribunal se tomará unos días para deliberar. Se espera que el veredicto se conozca en las próximas semanas. Mientras tanto, la comunidad de San Javier, y en particular la familia de Marcos Quiroga, espera una definición judicial que cierre un año de dolor, recuperación y búsqueda de justicia.