Néstor Martínez, el fotógrafo que se inspira en la naturaleza de Viedma
Desde 1972, Néstor Martínez vive en Viedma. Criado en el campo y dedicado desde hace más de tres décadas a la ganadería en la colonia agrícola del valle inferior, encontró en la fotografía una forma de unir su conexión con la naturaleza y su pasión por el arte.
En la actualidad, a los 64 años, combina su experiencia rural con una sensibilidad aguda que lo llevó a capturar algunas de las postales más únicas de la fauna patagónica.
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“El tema de la fotografía empezó allá por 1986”, contó a NoticiasNet. Su formación inicial fue en el histórico Foto Club (FC) Banco Río Negro, luego convertido en FC Viedma, donde aprendió con maestros como Eduardo Frías, Hebe Medrano de Bochi Otero, Juan Preus y Estela Estracere.
Desde entonces, exploró distintos tipos de fotografías que iban del retrato, las sesiones de estudio hasta los paisajes, pero fue la fauna la que realmente lo atrapó: “Por haber nacido, criado y vivido en el campo, siempre llamó la atención el tema fauna en general”.
La experiencia que marcó un antes y un después en su carrera fue el inesperado encuentro con orcas en La Lobería, sin cámara digital y con película en blanco y negro: “Fue un flechazo a primera vista”. Desde ese momento comenzó una búsqueda constante por capacitarse con biólogos locales y fotógrafos como Miguel Iñigues. Las salidas, aseguró, tienen todo un ritual: seguir los reportes de guardas ambientales, prepararse con equipo, víveres y mucha paciencia.
En plena era digital, su arsenal incluye cámaras Nikon de última generación como la Z8 y lentes especializados de hasta 500 milímetros. Sin embargo, aclaró que el equipamiento es sólo una parte del proceso: “En realidad, no hay una regla. Cada uno elige y utiliza las herramientas según la ocasión”.
Más allá de los premios –que no lo movilizan especialmente–, encuentra en las redes sociales una plataforma para compartir su arte: “Soy fanático del Facebook. Tengo más de 5.000 seguidores de todo el mundo”. Allí comparte su trabajo, recibe elogios, críticas constructivas y, sobre todo, conecta con quienes valoran la belleza de la fauna patagónica.
Detrás de cada imagen hay horas de espera y dedicación. “Por ahí estoy más de 3 o 4 horas escondido, camuflado, esperando hacer una foto a un pajarito Chacurí o de sol a sol por las orcas”. Su último avistaje fue durante una mañana de niebla cerca de la Ruta 1, donde pasó más de una hora acostado en el pasto frío y húmedo para capturar a un zorro alimentándose de un ñandú. “Esto es así, qué vamos a hacer”, dice entre risas.
Con humildad, agradeció a su familia, amigos y seguidores por el apoyo constante. Y dejó en claro que más allá del frío, el viento o la soledad de una jornada de campo, la pasión por fotografiar la fauna es lo que lo mantiene en pie, cámara en mano.