2023-08-24

VIEDMA

Día del Peluquero: dos generaciones unidas por el arte de ser estilista

Como sucede desde 1877, cada 25 de agosto se celebra en la Argentina el Día del Peluquero. Este reconocimiento tuvo su origen en el teatro Coliseo, cuando fue creada la Sociedad de Barberos y Peluqueros, pero fue en 1940 cuando se realizó la designación oficial de esta fecha durante el Congreso Nacional de Peluqueros desarrollado en la ciudad de Pergamino.

Comenzando por la historia mundial, se remite al siglo XIII, donde el servicio de peluquería era solo para la nobleza. En esos tiempos, la clase alta de la sociedad europea utilizaba pelucas y, el peluquero, que era varón y pertenecía a la clase plebeya, se ocupaba de perfeccionarlas.

En Francia, el Rey Luis IX decidió jerarquizar a su peluquero nombrándolo "hombre libre" y dándole un título similar a la de los caballeros y médicos. Es por esto pues, que el Día del peluquero se celebra en todo el mundo el 25 de agosto; fecha en la cual se conmemora la santificación de Luis IX, en el año 1270.

Es por esto que NoticiasNet decidió reunir a dos generaciones dedicadas a esta profesión. Por un lado, el reconocido peluquero Luis Bond, de extensa trayectoria en la capital, y Franco Zoloaga, representante de Espi Barber Shop. Curiosamente, estos colegas desarrollan su profesión a metros de distancia, ya que sus respectivos locales se encuentran uno frente al otro, ubicados en calle Colón a metros de Sarmiento.

"Somos dos épocas totalmente diferentes. En el tiempo que yo empecé, se comenzaba a trabajar de muy chico. A los 9 años, a la mañana iba a la escuela y durante la tarde estudiaba peluquería y ya a los 10 años hice mi primera afeitada, porque antes te enseñaban a cortar el pelo, peinar, afeitar y afilar la herramienta", expresó Bond en el inicio de la charla.

Y continuó con el relato de sus comienzos como peluquero. "Al año que yo comencé con la peluquería, surgió que se puso de moda el corte a la navaja en Argentina. Mis inicios fueron con cortes en caballeros, pero a los 14 años me fui a trabajar a Bahía Blanca en una peluquería muy grande de dieciséis sillones. Allá L'Oréal de París tenía un centro técnico en la calle Colón y pedían gente, entonces me presenté sin saber nada de cortes de damas. No tenía ni idea de un peinado para una mujer, de poner un rulero o aplicar una tintura, pero para mí sorpresa me citaron y luego me dijeron que era mejor contratar a alguien para formar y no a un profesional con vicios. Y así fue que quedé trabajando ahí hasta que levantaron el local y me querían mandar a Chaco, entonces renuncié"

Luis Bond fue pionero en Viedma, ya que fue el primero en poner en funcionamiento una peluquería unisex en la ciudad. "En el año 1972 llegué a Viedma para instalar la primera peluquería unisex, en la galería Tucma. Tengo muchas anécdotas de aquel tiempo, como por ejemplo de decirle a un cliente que pasara a lavarse la cabeza y me decían que no, que se la lavaban en su casa. O también pasaba que llegaba un cliente y veía que le estaba cortando a una mujer y me decía 'ah, pero yo me corto en peluquería de hombres', pero esos prejuicios luego se fueron perdiendo. En las grandes ciudades se usaba, pero acá todavía no había llegado", recordó.

Si bien en la actualidad el boom de las barberías sigue creciendo, Bond rememoró el trabajo que los antiguos barberos realizaban. "El hombre acostumbraba a ir a afeitarse y el dicho era 'barba y pelusa un sábado y al otro era barba y pelo'. Se hacía una afeitada que duraba una semana, en cambio ahora lo que se hace es arreglar y recortarla. Hoy en día vienen máquinas eléctricas que afeitan y lo suplantaron con eso, que no me parece mal porque la profesión va avanzando", contó.

Bond lleva 64 años de trabajo ininterrumpido. Durante su carrera fue campeón argentino de corte y peinado de damas y caballeros y también obtuvo un título en alta fantasía y caracterización. Además, fue formador de muchos peluqueros y peluqueras de la Comarca junto a su amigo y colega Alberto Ottolini. 

"Tengo mi clientela y sigo trabajando con gente que no hay que hacerle el trabajo que realizan los chicos hoy en día. Antes pelaba a los chicos desde que nacían, porque tengo clientes de la cuarta generación, pero ya no lo hago más. Ahora para mí la peluquería es como un cable a tierra, lo sigo haciendo porque me gusta y porque es mi pasión", dijo.

"Antes trabajaba de corrido desde las 8 de la mañana a las 22 y después a las medianoche me ponía a practicar lo que iba a presentar en el campeonato. Y lo hacía así porque me gustaba. También formamos mucha gente en la escuela que teníamos con Alberto Ottolini. Al principio era una sociedad, donde él enseñaba caballeros y yo damas, y luego él comenzó a aprender cortes para mujeres y cada uno siguió con lo suyo. Con 'Otto' sigue la misma amistad de siempre", sostuvo.

Luis hizo público un intercambio que tuvo con el dueño anterior de la barbería. "El chico que estaba antes que ellos acá enfrente, cuando iba a poner la peluquería me llamó y me preguntó si no me molestaba que pusiera el local y le dije que no, que el sol sale para todos, porque lo que ellos hacen es muy diferente a lo mío. Además, tenemos que ayudarnos entre nosotros porque es nuestra profesión y yo ya estoy de vuelta, vengo a disfrutar de lo que hago. Ellos están comenzando y tienen que meterle horas porque hay objetivos como los tuve yo cuando empecé", remarcó.

 

 

Barberos: el representante de la nueva generación

Sentado al lado de Luis Bond se encontraba el joven Franco Zoloaga, quien llegó desde General Roca a Viedma a realizar sus primeras armas como barbero. "Lo mío comenzó el año pasado y me tocó en una etapa donde no tenía muy en claro un proyecto a futuro. Hablando con mis padres, mi mamá me tiró de hacer el curso de barbería. Al principio no tenía la idea clara de ser barbero, pero a medida que fui aprendiendo la teoría y la morfología craneal, empecé a buscar videos por internet, a mirar distintos cortes, prácticas y comencé a agarrarle la mano, me empezó a gustar", expresó.

"Cuando terminé el curso me anoté en un seminario y fue un boom para mí, porque recibir tanta información de dos tipos muy grosos fue grandiosos. Eso me motivó a seguir mejorando en esta profesión", agregó.

Las ahora llamadas barberías están en auge, al igual que el cuidado varonil, situación por la cual su popularidad va en aumento. "Lo nuestro, como decía Luis, es más para emprolijar la barba y darle ese mantenimiento que necesita el hombre. Más que un trabajo es hacer arte, porque uno le da una buena imagen al cliente", dijo Franco.

En la actualidad no solo la peluquería como tal cambió, sino que las tendencias y los cortes se fueron renovando: el famoso degradé o "fade" y los dibujos o líneas son los estilos más solicitados por algunos clientes, mientras que otros le dan mucha importancia al cuidado de la barba.

"El ambiente en la barbería es muy bueno. Mi llegada a Viedma fue por un tema de estudios y para trabajar como barbero, por eso hace poco me sumé a trabajar con los chicos y la verdad es un lindo grupo", sostuvo.

"Cuando vas conociendo a más gente que corta el pelo, está bueno ir conociendo su manera de cortar. Eso aumenta después tu capacidad y uno puede ir viendo que técnicas usar y el buen manejo de una máquina, como también de la tijera. Esto va avanzando continuamente, por eso que se puede ir aprendiendo para crecer es bienvenido", afirmó Zoloaga.

El trabajo de peluquero fue mutando con el paso de los años. Aquellos cortes con los que se formó Luis y que debían realizarse en 15 minutos como lo indicaban los formadores, ahora en las barberías donde se lleva adelante el trabajo que representa Franco ronda cerca de la media hora.

Otro aspecto importante que remarcaron los protagonistas es la buena recepción hacia los clientes, mediante una charla que muchas veces puede servir de contención para quienes se acercan a una peluquería o una barbería.

"Muchas veces pasa que una persona viene a cortarse y quiere dialogar con alguien, porque tal vez no está pasando por un buen momento. Además de cortarle el pelo, terminas conociendo aspectos de su vida, sus problemas, es una manera de ayudar también a alguien que necesita contar lo que le pasa", reflexionó Franco.

"Uno termina siendo como una especie de psicólogo de los clientes. En mi caso le corto el pelo a gente hace cincuenta años, por eso siempre digo que vengo a la peluquería a charlar con mis amigos", cerró Bond.

El boom de las barberías es una oportunidad laboral que le permite a muchos adolescentes pre adultos poder mirar con buenos ojos esta profesión. Es un oficio con una rápida inserción laboral, ayudado por el cuidado de la estética por parte del público masculino. Por otro lado, referentes como Luis Bond mantienen su vigencia y disfrutan de su oficio, por eso desde este medio saludamos a todos los peluqueros y barberos en su día, quienes con pasión, dedicación y compromiso cuidan la estética de sus clientes y mejoran su autoestima sin importar su condición social.

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