Mandrake, un brasileño en situación de calle en Viedma, contó su historia
Quienes peinan canas se acuerdan de Mandrake el mago, la tira cómica que nació en 1934 y es considerado como el primer superhéroe por historietistas.
Como una especie de Superman, trabajaba públicamente como mago de escena, pero detrás de esa fachada luchaba contra criminales y entidades sobrenaturales.
Bajo un halo de misterio, manifestó que está tramitando su documento y que está esperando resultados de exámenes médicos por un fuerte dolor en la espalda, "por cargar mucho peso desde hace muchos años".
En cuanto a su futuro, también pateó la respuesta para afuera: "Yo vivo, si tengo plata en el bolsillo y me quiero ir me voy, no hago planes, yo vivo la vida", al tiempo que no se considera brasileño aunque su lenguaje lo delata. "Yo soy de la Pachamama, yo no soy patriota, no tengo banderas".
Mandrake además vende bijouterie hecho con sus propias manos. Ante un posible secuestro de su mercadería, fue tajante: "Trabajar no es un crimen, que me muestren en la Constitución donde está prohibido trabajar. Se me vienen a romper las pelotas, chau, ¿que creen que yo vine a vivir acá por amor? Tengo un montón de ciudades. Yo acá tengo que hacer trámites porque estoy mal de la columna".
En esta línea, lamentó: "¿Creen que me gusta dormir en la calle, no tengo lugar para bañarme ni para higienizarme, tengo que ir a la costanera porque no tengo un baño público, creen que estoy contento?"

Al mismo tiempo que se mostró enojado por la gente que le saca fotos, pero nunca colaboraron con él y con el Estado "que no hace ni bosta".
Y no podía faltar la pregunta: "¿Maradona o Pelé?". A lo que contestó: "No me gusta el fútbol y no me gusta tomar café aunque probé los mejores cafés del mundo". "Me gusta la lectura para el conocimiento, que te hace pensar, pero la cosa no es leer sino la comprensión", completó.
Finalmente, un interrogante más que esquivó, fue por qué se hace llamar "Mandrake". "Un nombre no hace a una persona, una persona hace a un nombre", a la vez que no quiso fotos y hasta ahí llegó el reportaje, no sin antes llevarnos dos aritos made in Mandrake.