Identidad
Si un viajero buscara datos en internet encontraría que “Viedma nació en el mismo acto fundacional que su vecina Carmen de Patagones, cuando el 22 de abril de 1779 …” y pensaría que 241 años es tiempo sobrado para construir una identidad. Sin embargo, tantos años, tanta gente, tantos hechos y este nuevo aniversario, en el marco de una pandemia que nos somete a cumplir con una cuarentena, nos muestra una foto que quizás, nos sorprenda.
El decano de la sede Atlántica de la Universidad del Comahue, Magister Claudio Menecozzi fue cuidadoso al referirse al concepto de “Identidad” porque “ha sido muy manoseado”, sin embargo se atrevió a compartir algunas reflexiones y se detuvo en un momento específico, el período que arranca con el anuncio del traslado de la capital federal a Viedma, entonces recuerda que luego, en los 90´, era frecuente escuchar en el marco de conversaciones casuales escuchar la frase en la que se señalaba el año de llegada.
Viedma no superaba los 5 mil habitantes en los años 60´ y su crecimiento poblacional fue sorprendente luego de que se formalizara su capitalidad. Los 70´fueron los años en los que se consolidó el esquema de la administración estatal atrayendo a muchos jóvenes profesionales, siguió traccionando en los 80´y el anuncio del traslado dejó más expuesto este desborde.
Este flujo permanente de gente que venía en busca de oportunidades, que en muchos casos formaron parte de los sectores que tomaban decisiones, quizás haya conspirado contra la construcción de una identidad colectiva.
Señala Menecozzi que en paralelo, la historia de Patagones fluía por otros carriles ya que “siempre tuvo un fuerte arraigo de identidad local” y como muestra de ello y como anécdota refirió que a principios de 1900, las autoridades bonaerenses controlaban de cerca a la ciudad maragata sosteniendo que si bien cumplían con las celebraciones de los días patrios, entendían que estos actos ni se acercaban a los festejos por la fecha del 7 de marzo, aniversario de la gesta contra los invasores brasileños.
No obstante esto y vuelve a subrayar que solo se trata de impresiones, entiende que muchos jóvenes que se fueron a estudiar a grandes centros urbanos, optaron por volver. Dice que antes eran los menos, pero ahora, por diversos motivos, desde la calidad de vida hasta la propia oferta cultural de la ciudad se convierten en un activo a considerar y estos que vuelven, quienes conocen y comparten la idiosincrasia local, con “protagonismo en distintos espacios” quizás esto haya ayudado a delinear la tan necesaria identidad.
Cree que el tipo de “movimiento social, fuerte, colectivo” como el que se produjo en protesta por la instalación de una planta nuclear en Viedma pudo ser posible a partir de esa identidad colectiva que permitió sobreponerse a distingos como los ideológicos o político partidarios, dijo “ahí veo como se expresa un movimiento con cierto tipo de identidad colectiva preocupado por lo local”
Poco antes del 2000, Viedma atravesó un período difícil, con varias masas salariales atrasadas y luego sobrevino un espacio con una alta tasa de suicidios y aunque no se logró financiamiento para una rigurosa investigación, algunos datos permitieron inferir que podría haberse tratado de una época en que las personas tuvieron lo que se define como “sensación de futilidad”, de resultar carentes de importancia en la sociedad.
Eran tiempos en que seguía viniendo gente en búsqueda de trabajo, de mejores condiciones económicas, sin certeza de fijar domicilio, menos aún de asumir como propio el destino de la ciudad y los vecinos, los llamó “gente de puertas adentro” por su falta de arraigo.
El tiempo fue consolidando el paso de la mirada individual a la mirada colectiva. Buen punto para nosotros, los comarqueños.