Lento abasteciendo de pescaderías y flojas aspiraciones para este Viernes Santo
Por Silvano Eric Rosso
srosso@noticiasnet.net
Fotos: Daniel Idiarte.
De la misma forma que los asuntos cotidianos se han modificado enormemente desde declarada la pandemia del coronavirus, este Viernes Santo no se parecerá en nada a los anteriores.
No solo en las celebraciones religiosas que lo caracterizan, que están todas suspendidas, sino también en las costumbres gastronómicas.
Bien es sabido que una de estas características es abstenerse de comer carne, para dar lugar a un ayuno, en referencia al sacrificio que hizo Jesús en vida, de ayunar durante los 40 días que pasó en el desierto. Es una invitación a salirse de lo cotidiano para pensar más en las realidades espirituales.
Pero las interpretaciones también variaron, y aquella ‘prohibición‘ de comer carne roja en el Viernes Santo se convirtió en la oportunidad para reemplazar ese menú por el de pescados o mariscos frescos.
En tiempos de cuarentena, de aislamiento social, y de un sinfín de medidas preventivas que tienen por fin contrarrestar el avance de este virus, estas costumbres también parecen modificarse.
Durante esta semana, varias de las pescaderías que atienden en la ciudad han incrementado sus ventas, aunque en un análisis general de la situación, nada de lo que se pueda vender alcanzará para calificar de exitosa la Semana Santa.
Pese a las largas colas de este jueves, las aspiraciones siguen siendo flojas.

Los inconvenientes en los comercios este tipo ya se avizoraban con el inicio de las medidas más extremas, hacia mediados del mes de marzo.
Entre varias de las restricciones impuestas por las autoridades políticas, estaba la de prohibir la actividad pesquera de los emprendimientos locales.
Estas restricciones se fueron graduando con el paso de los días, y en las últimas semanas se autorizó la pesca de embarcado, sólo para aquellos emprendedores que tenían los permisos actualizados: tanto en Viedma como en San Antonio.
Pero al ser poco el tiempo para abastecerse de recursos suficientes que permitan atender la demanda de decenas de clientes en la localidad, muchos de los emprendedores locales debieron recurrir a otras zonas con el específico fin de lograr algo de rentabilidad, en el marco de una situación altamente compleja para todas las economías.
No solo ese es el problema. En líneas generales, las ventas no son las deseadas, aunque con resignación, muchos entendieron que las aspiraciones no pueden ser elevadas si el contexto muestra una pandemia que aún no ha llegado al ciclo mayor de contagios, y con la seguridad plena que el aislamiento social se extenderá varios días más a la Semana Santa.
Los distintos locales buscan estrategias que permitan facilitar las ventas, atentas a las restricciones existentes para la circulación general.
Por ejemplo, publican ofertas en redes sociales y ofrecen teléfonos de contacto para hacer reservas, y mantienen abiertos sus locales en horarios corridos.
Otros se aferran a sus seguros clientes para que los números finales no queden en rojo.
Demanda y precios
El producto más requerido, como ya es costumbre, es el filete de merluza. Su costo varía según el local entre los 280 y los 310 pesos por kilo.
La milanesa de merluza, ya lista, tiene un costo en la mayoría de los locales de la ciudad que supera los 315 pesos por kilo.
Los tubos de calamares para la preparación de rabas son también productos de alta demanda en esta Semana Santa, como lo son además todo tipo de mariscos, algunos de ellos con precios exorbitantes.