Permanecen debajo del acantilado pese al peligro y la advertencia
Los constantes derrumbes, las advertencias de guardavidas, la cartelería visible desde varios puntos, y los antecedentes que incluyen accidentes que podrían haber sido fatales, no alcanzan para que varias personas entiendan la magnitud del peligro que existe si se permanece en cercanías de los acantilados, en cualquier punto de la extensa costa atlántica.
En el fin de semana que pasó, con calores agobiantes que permitieron que sean miles los que se acercaran al mar en procura de encontrar el alivio ante las altas temperaturas, fue posible ver varios casos de personas que hicieron caso omiso a las indicaciones, y sin ningún tipo de temor, permanecieron orillando la barranca.
Hay lugares donde no solo hay carteles. Como muestra la foto, en El Espigón, se colocó una cinta para rodear la zona de exclusión, donde el peligro es mayor y donde hace pocas semanas, un joven de 31 años salvó milagrosamente su vida tras ser alcanzado por rocas desprendidas de la barranca, que apenas le generaron algunas heridas.
Justamente allí, varias personas permanecieron sin importarles nada: ni su vida ni la de los niños que acompañaban, en una actitud severamente irresponsable.
Desde la Municipalidad de Viedma se reitera a la comunidad que tengan cuidado ante los peligros de derrumbes en las zonas de acantilados, en las playas del Camino de la Costa.

En este sentido, desde la comuna fueron alertados por vecinos e integrantes del cuerpo de guardavidas sobre potenciales derrumbes de acantilados en toda la zona costera, desde el Faro hasta La Lobería.
Hubo casos en que los propios turistas y lugareños se encargaron de advertir a los irresponsables sobre los reales peligros.
Cabe recordar que el 12 de enero pasado un hombre caminaba por debajo del acantilado de El Espigón y fue golpeado por piedras.
En esa ocasión, el joven ingresó a la guardia del hospital de Viedma con politraumatismo producto del incidente. Al momento de ingreso se encontraba lúcido, orientado en tiempo y espacio con lesiones leves y fractura en el tabique nasal.
Todos los sectores están señalizados con cartelería que advierte sobre estos peligros, pero es de suma relevancia que se respeten las recomendaciones a rajatabla.
Los derrumbes de acantilados se producen por acción de la propia naturaleza. Es que las rocas y materiales de granulometría se ven desplazados por el viento y los cambios de temperatura y así quedan expuestas a eventuales caídas.