El francés que engalana la ciudad con su acordeón
Por Fernando Manrique
fmanrique@noticiasnet.net
Fotos: Vanesa Schwemmler.
En las calles de la Comarca hay muchos personajes pintorescos que todos conocen por alguna gracia. Ugo Martínez, con su nombre sin hache, es uno de esos vecinos que quizás no lo ubicamos por su nombre pero sí con su peculiar apariencia.
Si lo llamamos “el francés del acordeón” o “el francés con la trompa de elefante” inmediatamente ya se sabe de quién hablamos. Ese es Ugo, quien también se apoda en su Facebook como Dufric Larue, que es un equivalente a “Guita de la Calle”.
El acordeonista se la rebusca cada día con su instrumento de difícil dominio y eligió quedarse en estas tierras por amor a una mujer y por aquellas costumbres que en el Viejo Continente ya se perdieron y aquí están más fuertes que nunca.
“Me enamoré de una chica y del lugar”
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Dialogamos con Ugo en su propia casa y ya en sus primeras palabras se pudo notar el inconfundible acento francés.
Consultado sobre su historia con el acordeón, contó que a los 23 años inició un viaje Praga, República Checa, y empezó a tocar el tema de Amélie que estaba de moda por esos tiempos, en 2001.
Relató en ese sentido: “Me di cuenta que podía vivir de eso, tocando un par de horas por día me alcanzaba, gracias a la gente que era muy generosa, que era buena onda conmigo. Después aprendí el oficio de trabajar en la calle con la música, con los gitanos de Rumania, que hay un montón que tocan en la calle en todo Europa. Con ellos más que aprender la música aprendí cómo se trabaja en la calle”.
En cuanto a su arribo a la Comarca, expresó que en 2006 concretó un viaje desde La Quiaca a Ushuaia haciendo dedo con el acordeón, hasta que encontró el amor en mitad del camino. “En Comodoro Rivadavia (Chubut) me encontré con Laura (Calfín), que en ese momento vivía en Comodoro pero es maragata. Nos quedamos dos años viviendo allá y después ella quiso volver al pago, como todo buen maragato, porque la familia y la tierra es lo más lindo que hay. Vinimos acá y León (el hijo que tienen en común) nació en el 2009”.
Martínez, que no parece un apellido francés y no lo es porque lo heredó de sus bisabuelos de la ciudad española Andalucía, contó que hasta los 15 años nunca pasó un verano en Francia pues viajaba mucho a otros países en un combie con toda la familia.
“Siempre tuve presentes los viajes, el encontrarme con otros, siempre tuve esto en la sangre y nunca había venido a América Latina. En 2006 me hice este viaje sin hablar castellano al principio, primero a Chile, después a Bolivia y Argentina. Me enamoré de una chica y al mismo tiempo me enamoré del lugar, me encanta, me parece que todos los latinos son un poquito así. Yo me encontré con el pueblo argentino y me encantó como era la gente”, destacó.
En la misma línea, agregó: “Cuando me preguntan los chicos cómo es Francia, si es mejor o no, les digo que es diferente. Hay muchas cosas que se perdieron en Francia, la familia acá es mucho más fuerte, en Europa hay muchos problemas de gente que está sola, hay mucha gente deprimida. Acá salir a pescar a La Baliza es una cosa común”.
Explicó bajo la misma tónica que en Francia “se volvió todo más individual, no existe más eso de ir a pedirle al vecino un poquito de sal, de aceite o de yerba. Hay mucha gente que no conoce a sus vecinos. A mí me gusta mucho estar acá, a pesar de la dificultad económica. Mi hijo nació acá, tiene a todos sus amigos acá y estamos participando de algo en la sociedad. Tengo una nostalgia porque ahora en Francia son más pechos fríos, no hay baile familiar, no hay Renault 12, no hay Citroën, está todo muy impecable”.
Una vida con la música
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La pregunta obligada era ¿Por qué lleva una trompa de elefante? Ugo respondió que la primera vez que tocó de forma abierta tenía algo de vergüenza y ese disfraz le sirvió para tomar valor y “hacer hablar al acordeón”.
Además, ese animal exótico tiene que ver con los sueños. “Muchas veces les hago chistes a los niños diciéndoles que cuando vuelvan a sus casas le comenten a sus papás que vieron a un elefante tocar el acordeón. Van a decir que es imposible y sí, de alguna manera es posible, aunque el elefante es flaco”.
Ese elefante flaco se ganó su fama yendo todos los días a la Feria Municipal, a las calles principales o a restaurantes con su acordeón de seis kilos a cuestas. Desde hace dos años sufre dolores de cintura y ya son menos los días en los que puede salir a ganarse el pan. Por ello, grabó un repertorio con 17 canciones con acordeón y voz y repartió miles de CDs para que no se pierda su música.
Narró sobre ese punto: “Vendí más de 4 mil CDs en la Comarca, lo que para mí es enorme. Estos más de 4 mil CDs los vendí como un artesano. Después es muy lindo el retorno de la gente que pasaba por la calle, me decían que se lo regalaron a su hijo, a su abuela, cuando tomamos mates tu música está en nuestra casa, cuando nos vamos de viaje ponemos tus CDs, eso es un honor”.
En sus materiales se puede disfrutar de viejos vals europeos, peruanos y obviamente los criollos como “Quiero ser tu sombra”, “Desde el alma” y “La vestido celeste”.
En vivo o en CDs la música siempre está. “Muchas veces se dice que si querés vivir de la música tenés que ser muy bueno, tenés que ir a Buenos Aires y aunque cantes canciones de amor hay que ser un tiburón. Y a mí me enseñaron que si das música la música te va a dar. Acá hay tremendos músicos de blues, de jazz, de tango, de folklore, pero es muy difícil vivir de la música. A mí los gitanos me enseñaron que si querés vivir de la música tenés que ir todos los días a la calle, tenés que aprender a tocar canciones que no te gusten a vos. Lo mío no son composiciones, tengo un par, pero toco viejas canciones francesas, rusas, alemanas, hay canciones rusas que son conocidas en todo el mundo y se tocan en casi todo el mundo. Pero me ha pasado algunas veces que por cuestiones económicas tuve que ir a tocar a la salida de La Anónima y más que tocar mis composiciones estuve tocando media hora sin parar El Bombón Asesino y ahí hago la plata y puedo volver”.
“Los gitanos me enseñaron que si das música la música te va a dar. Se dice que con un acordeón nunca te morís de hambre” precisó y completó que aunque en Europa te paguen con euros “acá hay mucha calidez, a la gente le encanta la música, te invitan a tu casa muy fácilmente”.
Ugo confesó también: “Yo después de mucho tiempo no sé bien cómo relacionarme con la gente sin la música, porque todos los encuentros se hicieron con la música. Antes pasaba el colectivo por acá e iba a Viedma con el acordeón. Ahora me pongo el acordeón y hago dedo y ya con el hecho de estar con el acordeón la gente dice ’El francés’. A veces los taxistas hablan de mí y caen unos franceses a mi casa”.
No hay que ser el mejor del mundo
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En otro orden, Ugo les dijo a los más jóvenes con ganas de incursionar en la música: “Hay mucha gente que dice que hace música y no es por la plata; o sea, lo tienen como un hobbie. Yo conozco a tremendos músicos que tocan mucho mejor que yo pero tienen su trabajo al lado. En mi caso yo decidí vivir de la música, sin buscar la fama, la plata sin la fama. A mí me parece muy importante escuchar a ese tío que cuando está un poquito en pedo, al final del asado, agarra la guitarra y toca Horacio Guarany”.
Parafraseó a Atahualpa Yupanqui, quien decía que una guitarra está hecha de un árbol que todavía recuerda el canto del pájaro, y manifestó: “Me parece muy bien que la música sea por placer pero también se puede vivir de ella. Al panadero, al plomero, no le pedimos que sean los mejores del mundo para vivir de eso. Yo cuando vine acá empecé a tocar y no sé si a los argentinos les da vergüenza tocar en la calle, pasar la gorra, pero parece que antes de mí no había personas que tocaran en la calle. Yo sembré una semilla, porque hay un par de músicos que empezaron a tocar en la calle como el Guille Acosta, los hermanos Gutiérrez que tocan música andina en la Feria y me parece lindo que siempre haya un músico en las calles de la ciudad”.
Por último, adelantó que se encuentra en la planificación de un proyecto para tocar en escuelas o geriátricos “porque me siento útil para ellos. Me gustaría trabajar para esta gente que quiere tanto a través de Cultura o Educación. El proyecto es de música terapia, yo sé que le hago bien a la gente tocando música, tengo muy buena relación con los chicos, los amigos de León del barrio saben saludar en francés, también les enseño sobre Filosofía”.
“Se puede presentar un proyecto para niños chiquitos, para adolescentes y hasta para los geriátricos que cuando toco un tango de Gardel se les pianta un lagrimón a un abuelo o a una abuela y para mí es un logro extraordinario” finalizó.
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