Juan Marchesi, el maestro que supo ganarse el corazón de la Comarca a pincelazos
Por Fernando Manrique
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Fotos: Eugenio Sicardi.
¿Por dónde podemos empezar hablando de Juan Marchesi? Es que pocas personalidades de la Comarca cuentan con una trayectoria tan rica, la misma que lo llevó a ser merecedor de tantos reconocimientos.
Marchesi nació en 1943 en el barrio porteño de Flores. Desde pequeño, a los 11, se destacó con el pincel en la Escuela Juan Bautista Peña. Allí era el indiscutido encargado de los dibujos en las fechas patrias y al regresar a su casa pintaba para su madre. El pincel era una extensión más de su cuerpo y hoy a sus 75 años lo sigue siendo.
Con la muerte de su padre, a los 15, comenzó a trabajar en una óptica al lado del famoso Café La Humedad, pero no pasó mucho tiempo para que su talento salga a flote y comience a biselar vidrios. Luego, ingresó a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano e hizo el Profesorado Nacional de Pintura en la Prilidiano Pueyrredón.
Fue el realizador de esculturas en el Teatro Colón con Antonio Pujía, más tarde estuvo a cargo de escenografías en Canal 7 y en 1970 fue enviado a Italia para estudiar la Televisión a Color de la cadena RAI, ya que en Argentina aún persistía la pantalla en blanco y negro.
En 1975, Marchesi se convirtió en un hombre patagónico cuando llegó a Bariloche. Allí tuvo un giro que lo marcó para toda su vida y no exageramos al decir que él también marcó el arte en la Patagonia. En la ciudad andina nació su personaje El Espión y le dio riendas sueltas al Marchesi pintor. En esos años tuvo sus primeras exposiciones y sus obras fueron aplaudidas por todos sus críticos. En los primeros años de los 80 volvió a Buenos Aires, tuvo otro paso breve en El Bolsón y Bariloche y con la vuelta a la democracia arribó a Viedma donde encontró su lugar en el mundo. La tranquilidad de estos pagos y su parecido con las islas del Tigre lo llevaron a Juan y a su compañera Lili a afincarse definitivamente en Viedma.
Trabajó en el proyecto El Arte en la Escuela, una experiencia de despertar a través del arte de los resabios de la dictadura. Fue docente en la Escuela Alcides Biagetti de Patagones y se jubiló en 2010. Fue asesor de Artes Plásticas de la Secretaría de Cultura de Río Negro, presidente de la Asociación de Artistas Plásticos y Director de Cultura de la Municipalidad de Viedma, siempre con la continuidad de más ilustraciones y obras.
En la Comarca se ganó el título de maestro, de docente, de profesor de la vida y a la fecha sus creaciones son tan aclamadas tanto por grandes como por chicos.
Un ilustrador de la vida

Como ilustrador, realizó una treintena de trabajos para Ediciones de La Flor, Colihue, Fausto y El Ateneo.
El artista plástico y crítico de arte Luis Felipe Noé lo definió como un excelente ilustrador porque cuenta con la sensibilidad de hacer en un dibujo, una fotografía de la realidad.
En el taller que tiene montado en su propia casa, Marchesi nos mostró la última pieza -aún no terminada- de su colección Escaleras al cielo y nos dijo: “Mirá, esta pintura podría ser perfectamente una ilustración, porque yo estoy narrando una historia. Uno ilustra cuando lo que estás ilustrando responde a un texto, hay un mensaje, algo que querés decir, transmitir. Por ejemplo, cuando la gente no sabía leer en el año mil, ¿cómo entendía la Biblia? Por medio de los dibujos”. Y mostrando su pintura dijo: “Yo acá estoy ilustrando, ¿por qué? Porque esto para mí es la Tierra y ¿qué está pasando? Están los balseros, los pobres tipos que se mueren en el Mediterráneo, un tipo aterrado que huye de la guerra, el político y la patrona a la que le voy a hacer el pelo blanco por la señora del Fondo Monetario (Christine Lagarde)”.
Por otra parte, comentó: “Están los árboles de la vida y siempre las escaleras al cielo, donde está la imaginación, cada uno ve lo que imagina. Yo llegué hasta Saturno, esa es la historia. Entonces, estoy ilustrando”.
Noé también lo caracterizó a Marchesi con su personaje El Espión, dado que puede estar deambulando en un laberinto pero también puede observarlo por encima. Sobre este punto Marchesi, detalló: “El Espión es un personaje, allá se ve uno que se asoma -y nos señaló su primer Espión sobre la pared-.Yo siempre dibujaba líneas en las paredes con un personaje que se asomaba, que no tenía boca, tenía la nariz, los ojos, las orejas y las dos manos. Siempre lo dibujaba y me ligué alguna amonestación en la escuela de Bellas Artes porque lo dibujaba en la pared. Cada tanto iba apareciendo, después yo me olvidé y una vez estaba en Bariloche, estaba haciendo una pintura que tenía que mandarla a un salón, no me salía nada, pintaba y nada, le pegué una patada, la revolié, cayó contra un retrato y en el agujero que le había hecho a la pintura apareció esa cara. Ahí lo empecé a llamar El Espión”.
Transformación en la Patagonia

Consultado sobre sus sensaciones en Bariloche y en Viedma, Marchesi fue contundente: sus vivencias en nuestra región no las cambiaría por nada. “Yo no me arrepiento para nada haberme ido de Buenos Aires, a lo mejor allá hubiera tenido más éxito económico, pero como eso mucho no me interesa estoy muy bien como estoy. En Bariloche pinté muchísimo, conocí a muchos amigos pintores, tengo a dos hijos viviendo en Bariloche, para mí Bariloche y Viedma son dos ciudades hermanas”.
En Bariloche explicó que tuvo su etapa más agitada, con sus 30 y 40 años, dibujó de aquí para allá y a Viedma la calificó como “más tranquila”. “Cuando llegamos nos hicimos amigos de mucha gente, yo tuve una buena entrada, enseguida me empezaron a llamar como profesor. Tuve una cantidad incalculable de alumnos”, marcó.
Al preguntarle cómo es el viedmense, precisó: “El viedmense me parece muy interesante porque esta es una ciudad a la que la pueden ver como gris, de empleados públicos, pero sin embargo toda esa gente y los hijos de esa gente fue generando un caldo de cultivo de una ciudad donde culturalmente es muy importante. Acá hay dos actividades muy importantes, el deporte y la cultura”.
Sus más de treinta años en Viedma le valieron para ser reconocido por el Concejo Deliberante local como Ciudadano Ilustre, algo que lo estremece de sólo pensarlo, porque “es como el sueño cuando uno era chico”. Por su vasta trayectoria también le otorgaron el premio Domingo Faustino Sarmiento en el Senado de la Nación y “para mí es un gran honor, yo soy docente de toda la vida, me jubilé como docente y estoy muy agradecido. Lo único que tengo para con esta zona es agradecimiento, me siento muy querido con la gente”.
El cariño de la gente, su motor

Ante la pregunta ¿Qué sensaciones te genera haber sido transversal a todas las generaciones?, Marchesi respondió: “Eso es lo que me hace tener el motor encendido y que a los 75 años siga trabajando como cuando tenía 18. Esa pintura que vos ves ahí -apuntó nuevamente su obra inédita de Escaleras al cielo- tiene dos metros cincuenta por uno y pico, me subo a las escaleras y la hago en una semana”.
El afecto de las personas “es el motor que me impulsa para seguir trabajando y saber que voy por el camino correcto” y “hay una frase que siempre me guía, que donde hay paz hay cultura y donde hay cultura hay paz”.
Y para que haya cultura tiene que haber cuadros a imitar y, sin dudas, la docencia de Marchesi permitió que afloren muchos talentos locales. Así, entre mates y la mirada impávida de El Espión a lo lejos, contó su experiencia en 2013 con la intervención en el Barco Hundido: “Fue una cosa muy linda, incluso el otro día estuve hablando con José Luis Foulkes y le dije que me gustaría restaurarlo para fin de año, porque todos los pibes que lo pintaron ahora deben tener veinte años, están todos estudiando afuera y para diciembre o enero por ahí vienen. Quería juntar a los que puedan, sumar a alguno más que quiera y restaurarlo, volver a pintarlo”.
“Me gustaría que si se vuelve a restaurar el barco se complete, porque los pibes habían pensado un proyecto que incluía un jardín, que le pongamos tierra adentro con plantas, que no se pudo hacer pero a lo mejor ahora sí”, auguró.
Colores en la ciudad

Al consultarle, sobre si a Viedma le faltan más colores, Marchesi reflexionó que ve con buenos ojos que las casas ya no son todas grises o verdes y “ahora hay muchos colores”.
Que vivir del arte es muy difícil no es ninguna novedad, pero a decir de Marchesi: “Yo a los que veo que les gusta estudiar, son inteligentes y tienen capacidad, les digo que nunca dejen de pintar porque lo estético y lo expresivo se puede hacer siempre. Si te gusta la medicina seguí la carrera de Medicina, porque de eso vas a poder vivir, y lo otro lo seguís haciendo. Porque yo sigo pintando y no sé si lo voy a poder vender o no, yo lo hago porque es lo que yo siento. El arte no tiene que estar presionado por una cuestión económica, ya ahí vamos mal, porque si vos estás pintando para vender ya no es una obra importante lo que vas a hacer”.
“Asumir el arte es una forma de vida, donde tenés que saber que habrá épocas donde no vas a tener guita para comer o vas a tener frío. Te la tenés que bancar porque es más fuerte que vos. Yo lo he pasado, yo realmente pasé por todas las etapas que se pueden pasar en la vida y eso me ha hecho crecer. Yo sé lo que es tener frío y hambre y no me olvido”, cerró Marchesi como mensaje ejemplificador.