Tuve un sueño y pasaron 30 años
Tres generaciones de clientas, los amigos, la familia, sus compañeros de trabajo y su compañero en la vida.
En la entrevista faltan las recetas, las clases de decoración, los consejos de belleza y de vida que nos da Darío mientras que nos deja divinas para salir a la rutina o a un evento especial (esto da para una nota aparte).
Contanos, ¿cómo comenzaste en la profesión?

Mis comienzos fueron casi como un juego. Siempre me gustó la profesión y de muy joven comencé con una tijera y un peine. Así pasaba fines de semana enteros peinando y a veces cortando el pelo a amigas y familiares. Después me entusiasmé y decidí perfeccionarme. Hice mis primeros pasos con profesionales de Viedma y luego comencé a viajar a Bahía Blanca donde culminé con los cursos teóricos/prácticos. Mis primeros pasos como profesional los hice atendiendo en los domicilios de amigas y personas que solicitaban mis servicios. Recuerdo que llevaba el secador; las tijeras; los peines y cepillos en una bolsa de nylon de un local comercial muy conocido de Viedma. Y así fue que me di cuenta que era lo que me gustaba hacer. Nació un amor incondicional entre la profesión y yo. Me gustaba mucho ver por la tv a los profesionales top del momento que peinaban en los grandes eventos. A muchos tuve la oportunidad de conocerlos personalmente en los cursos de perfeccionamiento que realicé en Buenos Aires. La capacitación es permanente. Como toda profesión tenés que estar siempre al día con las tendencias. Hoy las clientas y clientes son muy exigentes. Están las innovadoras y están las tradicionales. En el rango de adolescentes y jóvenes es donde más al día sobre tendencias debes estar.
Algunas de tus clientas ya son abuelas y has sido parte de sus vidas en momentos importantes.
Treinta años te lleva a conocer tres generaciones. Hoy tenemos en nuestro salón esas tres generaciones. Ayer fueron las que hoy son abuelas de nuestras jóvenes clientas. Peinamos para la boda de esa hija y hoy lo hacemos para los 15 de la nieta. Esto es maravilloso y nos da las fuerzas y energías que se necesitan para continuar. Es como ser parte de la familia. Después de tanto tiempo los conoces y aceptas como tales. Historias, anécdotas, relatos, acontecimientos, hechos, etc. etc., son estas cosas lo que te hacen parte de ellos.
¿Cómo fue el camino? ¿Dónde comenzaste hasta llegar a tener tu propio salón?
Como toda profesión lo más difícil es el comienzo. Como dije anteriormente comencé haciendo domicilios. Luego ingresé al staff de un salón en Viedma, donde también aprendí un poco más. En esta etapa conocí a quien desde hace 33 años me acompaña en la vida, siguiendo juntos a la par, decidimos probar suerte en otro lugar y nos mudamos a la ciudad de Neuquén, aquí trabajé en un salón de peluquería. También experimenté la profesión de modelo, participando de varios desfiles organizados por firmas de esa ciudad. Hermosa etapa. Posteriormente volvimos a Viedma con la idea de un salón propio. Con mucho esfuerzo y trabajo, el 13 de Enero de 1988 inauguramos nuestro propio salón de belleza, en el lugar que hasta hoy continuamos.
¿Qué le dirías a los jóvenes que piensan en elegir esta profesión?
A los jóvenes que se inician en esta profesión puedo decirles que es realmente hermosa. Requiere de mucha dedicación, tiempo, perfeccionamiento, responsabilidad y amor a lo que se hace. No olvidar nunca que nuestro trabajo es la perfección de la imagen, en busca de acertar de pleno en lo que nuestra clienta pide. Para esto nos perfeccionamos permanentemente buscando siempre las tendencias del momento y adoptarlas en cada una de nuestras clientas. Repito que la responsabilidad y la perseverancia acompañada del perfeccionamiento son la base del éxito en nuestra profesión.
¿Cómo ves el futuro de tu peluquería? ¿Proyectás cambios o te quedan sueños por cumplir?

El futuro de mi peluquería lo veo con innovaciones permanentes, no hay un final. El día a día nos va indicando el camino a seguir. Los cambios los impone la moda, las tendencias y la imaginación del profesional por sobre todas las cosas. Hoy puedo decir que tuve un sueño y lo pude hacer realidad. Pasaron muchos años. Pasaron muchos hoy profesionales como yo que me acompañaron en alguna de las etapas. Mi compañero de vida es parte del sostén diario. Mis compañeros de tareas son la otra parte de mí. Ellos también forman parte de mi profesión.
Me resta un gran agradecimiento y un gracias gigante a todas y todos mis clientes y amigos que me acompañan diariamente. A mi familia un gracias enorme por todo el apoyo recibido.