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06/11/2026

A ocho años del incendio que paralizó a Viedma: las sombras que aún rodean a la mayor tragedia familiar de la ciudad

Ocurrió en la madrugada del 8 de noviembre de 2018 en una pequeña habitación del barrio Zatti.
 Murieron Débora Huayquillán, sus seis hijos y, tres días después, Jonathan Sanzana, quien había intentado rescatarlos. Foto: Archivo.
Murieron Débora Huayquillán, sus seis hijos y, tres días después, Jonathan Sanzana, quien había intentado rescatarlos. Foto: Archivo.

La madrugada del jueves 8 de noviembre de 2018 quedó marcada para siempre en la historia de Viedma. El incendio de una pequeña construcción en el patio de una vivienda del barrio Zatti terminó con la vida de una familia y provocó una conmoción que atravesó a toda la comunidad.

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Ocho años después, el recuerdo de aquella tragedia sigue presente, especialmente entre quienes vivieron de cerca las horas dramáticas de aquel día. El fuego se desató en una habitación de aproximadamente 15 metros cuadrados, donde dormían Débora Huayquillán, de 27 años, y sus seis hijos. Las llamas avanzaron rápidamente y dejaron a sus ocupantes atrapados. Las víctimas fueron Guadalupe Luján Sanzana, de 12 años; Ayelén, de 11; Natacha, de 7; Félix, de 5; Yahir, de 3, y Maximiliano, de apenas un año.

Jonathan Sanzana, padre de los niños, consiguió salir inicialmente para pedir ayuda, pero volvió a ingresar en un intento desesperado por rescatar a su familia. Sufrió quemaduras en el 80 por ciento de su cuerpo y fue trasladado a un centro de alta complejidad en Córdoba. Murió el domingo 11 de noviembre, tres días después del incendio.

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La tragedia también expuso las condiciones en las que vivía la familia. Según habían relatado sus allegados, Débora había concurrido en reiteradas oportunidades a oficinas municipales para intentar acceder a un terreno donde construir una vivienda. Ante la falta de una respuesta que le permitiera resolver esa necesidad, su padre le ofreció ocupar el patio de la casa donde ella había crecido. Allí se levantó la pequeña construcción en la que vivía junto a Jonathan y sus hijos.

Aquel contexto formaba parte de una realidad que atravesaba a distintos sectores de Viedma: las dificultades para acceder a la tierra y contar con una vivienda propia y segura. Una demanda que, ocho años después, continúa formando parte de las necesidades de numerosas familias de la ciudad.

Después de la tragedia, la familia intentó reconstruirse y continuó viviendo durante muchos años en ese mismo lugar. La vida siguió su curso, aunque el dolor por las pérdidas permaneció.

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Para muchos vecinos, el recuerdo no se limita a los nombres y las imágenes de aquella madrugada: también está asociado al sonido de las ambulancias y las sirenas que recorrieron el barrio Zatti mientras se intentaba comprender la magnitud de lo que estaba sucediendo.

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