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06/11/2026

Masculinidades, odio y violencia grupal: el análisis detrás del ataque a mujeres trans

En medio de un tema que crece y preocupa, NoticiasNet habló con Sebastián Fonseca, sociólogo especialista en Políticas de Cuidado y Masculinidades
El ataque en los bosques de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, fue el domingo pasado. Foto: captura de pantalla
El ataque en los bosques de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, fue el domingo pasado. Foto: captura de pantalla

El brutal ataque a un grupo de mujeres trans en los bosques de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, volvió a poner en discusión una problemática que atraviesa a la sociedad: la violencia por motivos de género y diversidad sexual, y el modo en que determinados discursos impactan especialmente entre los jóvenes. El episodio, protagonizado por un grupo numeroso de varones, en su mayoría menores de edad, encendió las alarmas por el nivel de organización y la saña de la agresión.

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No se trata de un hecho aislado. Las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual en esa zona denuncian situaciones de discriminación y hostigamiento cotidiano, que van desde las agresiones verbales hasta la violencia física. En este caso, además, los propios atacantes registraron y difundieron imágenes del episodio, una circunstancia que suma otro elemento para analizar: la exposición de la violencia como una forma de exhibición y validación frente a otros.

Para profundizar en lo ocurrido y en las causas sociales y culturales que pueden estar detrás de este tipo de comportamientos, NoticiasNet habló con Sebastián Fonseca, sociólogo especialista en Políticas de Cuidado y Masculinidades, quien planteó que el ataque debe analizarse más allá de la conducta de un grupo de jóvenes y advirtió sobre el contexto en el que estas expresiones de violencia encuentran legitimidad

“Lo que pasó no tiene antecedentes en niveles de violencia grupal. Más de 60 varones jóvenes se organizaron, porque fueron con cadenas, con palos. No eran elementos que estaban en la zona, sino que llevaron. Había una intención, estaba organizada, no fue espontánea”, remarcó.

Sobre la decisión de registrar el ataque y difundirlo en redes sociales, Fonseca recuperó los aportes de la escritora y activista feminista Rita Segato para explicar el carácter expresivo de este tipo de violencia. “Además, lo filmaron para mostrarlo en redes sociales”.

“Ahí podemos decir, con Rita Segato, que la violencia podemos entenderla como... Rita habla de la violación. Pero podemos usar su análisis de la violación para hablar de la violencia física extrema, como fue en este caso. Lo que Rita dice es que tenemos que entender que la violencia de este tipo no es instrumental, sino más bien de tipo expresiva”, subrayó.

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En esa línea, el especialista explicó que la agresión no está dirigida únicamente contra quienes la padecen, sino que también funciona como un mensaje hacia el entorno de quienes la ejercen. “Una violencia que tiene dos dimensiones: una dimensión vertical, que es la violencia como mensaje, como expresión hacia la víctima, para que experimente el terror y sentir el goce de ese dominio, el poder total sobre la víctima. Una dimensión expresiva de enviar un mensaje hacia el grupo de pares, a lo que Rita llama la fratría. Ahí cobra sentido que lo hayan filmado, lo que fue la violencia en sí, sino la previa, toda la preparatoria”, recalcó.

Sebastián Fonseca, sociólogo especialista en Políticas de Cuidado y Masculinidades

 

Fonseca también cuestionó las interpretaciones que reducen estos episodios a conductas individuales o aisladas. Para el sociólogo. “Los medios de comunicación, intentando simplificar los mensajes, en general, intentan llevarnos a pensar que esto tiene que ver con un grupo de loquitos sueltos, que se encuentran y se ponen violentos”.

“En realidad, esto tiene raíces más profundas, que tiene que ver con un malestar que experimentan los jóvenes, que se viene generando como caldo de cultivo. Un clima cultural de violencia, un clima estimulado desde lugares de poder. Y cuando desde esos lugares se legitiman determinados discursos la violencia pasa a no tener un costo visible, sino que pasa a ser como el ejercicio de un derecho”, profundizó.

En particular, advirtió sobre la circulación de expresiones que descalifican a las mujeres y a las diversidades sexuales. “Actitudes transodiantes, misóginas están validadas y vienen siendo fogoneadas desde los espacios de poder y los propios medios de comunicación. Con muchos periodistas que vienen fogoneando y avivando estas brasas en la población. Podemos poner un montón de ejemplos, pero desde cuando empezaron a demonizar el Ministerio de las Mujeres, las políticas sociales para colectivos y minorías históricamente postergadas”.

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Otro de los aspectos que destacó es el comportamiento de los grupos numerosos y la manera en que la pertenencia colectiva puede diluir la responsabilidad individual. “Actitudes que se ven potenciadas en la manada, en el grupo numeroso donde el individuo se disuelve. Se disuelve la responsabilidad individual cuanto más numeroso es el grupo”.

“Ahí se genera algo en común, del tipo colaborativo que hace de alguna manera que se borren las individualidades y lo único que está presente es el goce de la acción violenta en sí misma y de manera colectiva. Además, sintiendo que estás en tu derecho y que tenés razón, porque es el mismo poder el que te está palmeando el hombro para que termines haciendo lo que estás haciendo”, desarrolló.

La edad y el género de quienes participaron del ataque también forman parte del análisis. “No es casualidad que sean todos varones, que sean varones jóvenes, según tengo entendido, todos menores de edad. Como sociedad, no les estamos ofreciendo ninguna alternativa, ninguna previsibilidad de futuro a nuestros jóvenes”.

Y sumó: “Son el grupo más postergado, el grupo que debería construir el futuro y no les estamos dando ninguna oportunidad para que lo hagan. Hay mucha frustración, que lleva a que en esa desorientación se vean interpelados por determinados influencers y discursos desde la política y los medios de comunicación”.

Finalmente, el especialista puso el foco en los mandatos tradicionales de masculinidad y en las tensiones que se producen cuando esos modelos chocan con las condiciones materiales de vida actuales. “Podemos decir que el modelo de masculinidad que aparece como tierra fértil para este tipo de prácticas y reacción ante determinados discursos... es el mandato de masculinidad más clásico, más tradicional”.

“El modelo del varón proveedor, que sigue flotando fuerte en el imaginario, siendo un factor de condicionamiento. Pero la realidad material, la precarización laboral, la calidad de vida, cada vez peor, con la falta de oportunidades, todo eso es la base material sobre la que se desarrollaba el varón proveedor, ya no pueda realizarse y es una idea que flota en un vacío, vacío que se llena de ira y resentimiento. La chispa de todo esto, lo que lo enciende, es el discurso de odio”, cerró su análisis.

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