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AIRE PARA SENTIR

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06/11/2026

¿Por qué esperamos que los demás cambien?: una revisión de nuestros propios vínculos

En una charla radial, la psicopedagoga Mercedes Querejeta explicó qué hay detrás de esa necesidad, por qué nos cuesta tomar decisiones y cómo recuperar el protagonismo en nuestras relaciones.
La psicopedagoga y coach ontológica Mercedes Querejeta con su propuesta "¿Qué pasa si dejamos de esperar que los demás cambien?" Fotos: Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.
La psicopedagoga y coach ontológica Mercedes Querejeta con su propuesta "¿Qué pasa si dejamos de esperar que los demás cambien?" Fotos: Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.

¿Cuántas veces esperamos que nuestra pareja cambie, que nuestros hijos actúen de otra manera, que un amigo tenga otra actitud o que un compañero de trabajo modifique su comportamiento? La expectativa de que los demás hagan algo distinto puede convertirse en una fuente de frustración y terminar condicionando nuestra propia tranquilidad.

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Sobre ese tema reflexionó la psicopedagoga, coach ontológica y especialista en Inteligencia Emocional Mercedes Querejeta, durante una nueva edición de “Aire para sentir”, el espacio de Radio Noticias dedicado a conectar con las emociones y los vínculos.

La pregunta que abrió la conversación fue directa: ¿qué pasa si dejamos de esperar que los demás cambien? Para Querejeta, detrás de esa necesidad pueden aparecer distintos factores, entre ellos la búsqueda de control, las expectativas demasiado elevadas y el temor a tomar decisiones cuando la otra persona no modifica su conducta.

"Muchas veces ponemos en manos del otro nuestro bienestar y nuestra tranquilidad", explicó. Y agregó que, cuando insistimos permanentemente para que alguien cambie, podemos generar el efecto contrario: "Esa persona se siente de alguna manera presionada, se resiste y se profundizan aún más las diferencias que tenemos".

La especialista señaló que no siempre se trata de relaciones de pareja. También ocurre con los hijos, las amistades y los vínculos laborales, donde las expectativas sobre cómo debería comportarse el otro pueden terminar ocupando demasiado espacio.

Cuando esperar se convierte en una forma de postergar decisiones

Uno de los puntos centrales de la charla fue el miedo a enfrentar una respuesta que no queremos escuchar: que la otra persona no va a cambiar.

"Si el otro no cambia, ¿qué hacemos? En ese caso, los que tendríamos que cambiar somos nosotros. Hay que dejar de esperar y tenemos que tomar decisiones", planteó Querejeta.

La especialista aclaró que eso no significa que todos los vínculos deban terminar ante una diferencia. Existen posibilidades intermedias, espacios de conversación y acuerdos que permiten construir relaciones más saludables.

En ese sentido, destacó la importancia de la responsabilidad afectiva, la comunicación y la posibilidad de expresar con claridad lo que necesitamos. "El otro tiene derecho a sentir, a vivir, a pensar, a vivir como quiere, pero nosotros también", sostuvo.

También invitó a revisar si estamos relacionándonos con la persona real o con una imagen que construimos sobre cómo nos gustaría que fuera. "Muchas veces tenemos la fantasía de que el otro o la otra puede cambiar, va a madurar. Y eso en realidad tiene que ver con una representación imaginaria nuestra", explicó.

En ese camino, dejó una pregunta para quienes permanecen en un vínculo esperando que algo se modifique: "¿Por qué va a cambiar? ¿Qué señales me está dando? ¿Me está dando señales? Y mientras tanto, el tiempo pasa".

Mirarnos también a nosotros mismos

Otro aspecto que abordó Querejeta fue la dificultad para reconocer el papel que cada uno ocupa en sus relaciones. En lugar de concentrarnos exclusivamente en lo que hace o deja de hacer la otra persona, propuso revisar nuestras propias actitudes.

"Tenemos que mirarnos. ¿Yo expreso claramente eso que estoy necesitando? ¿O lo dejamos supeditado a la libre interpretación del otro, a que adivine?", preguntó.

La reflexión también alcanza a los roles que se construyen dentro de las amistades y las familias. Por ejemplo, cuando una persona siempre es la que llama, escucha o toma la iniciativa, puede resultar difícil correrse de ese lugar y permitirse recibir afecto o expresar sus propias necesidades.

En relación con los hijos, la especialista señaló que los cambios propios de la adolescencia también exigen flexibilidad de los adultos. "Uno dice: quiero hijos que puedan volar, que sean libres, pero ¿cuántas veces les elegimos el rumbo? Sí, volar, pero volar por ese camino", reflexionó.

También cuestionó algunas respuestas habituales cuando alguien plantea la necesidad de modificar una conducta, como "yo soy así" o "me conociste así". Para Querejeta, esas expresiones pueden funcionar como una forma de invalidar cualquier posibilidad de revisión personal.

Los límites que no se deben negociar

Durante la entrevista, la especialista remarcó que construir un vínculo requiere comunicación, empatía y respeto, pero también reconocer que existen límites que no deberían cruzarse.

"Hay límites que no debemos permitir pasar, las cosas que tienen que ver con el no respeto o el maltrato. Eso, a mi criterio, es innegociable", afirmó.

En ese sentido, explicó que cada persona debe evaluar hasta dónde está dispuesta a sostener una relación y cuál es el costo emocional de permanecer en ella.

También advirtió sobre el riesgo de postergar aspectos personales para mantener un vínculo: "Muchas veces uno, por continuar una relación, de alguna manera se traiciona y está postergando o renegando aspectos de uno en pos de continuar la relación".

La decisión, sostuvo, no siempre implica alejarse. Puede haber mucho para conversar, comprender y acordar. Pero cuando ya no existen señales de que la situación pueda mejorar, también es válido correrse.

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Una historia para entender por qué no podemos cambiarlo todo

Hacia el final de la charla, Querejeta compartió un cuento que resume buena parte de la reflexión. La historia tiene como protagonista a un hombre que estaba enojado con el viento, porque no le permitía disfrutar de su jardín.

El hombre intentaba cambiarlo, le gritaba y se frustraba porque el viento seguía soplando. Hasta que un vecino le hizo una pregunta sencilla: ¿por qué no cambiaba la silla de lugar y se sentaba del otro lado, donde había más reparo?

"Estaba tan acostumbrado a pedirle al viento que cambiara que se olvidó de que él también podía tomar decisiones", resumió la especialista.

La anécdota sirvió para recuperar la idea central del encuentro: no siempre podemos modificar lo que hacen los demás, pero sí podemos revisar nuestras decisiones y la manera en que nos vinculamos.

Antes de despedirse, Querejeta dejó una recomendación para quienes se sintieron identificados con el tema: "Que se escuche, que no se traicione, que lo más importante es el amor propio, que hay límites que no tenemos que permitir cruzar".

Además, recordó que pedir ayuda también es una posibilidad cuando una persona siente que no puede afrontar sola determinadas decisiones. "Hoy hay ayuda. Muchas posibilidades terapéuticas, tanto en lo privado como en lo público", señaló.

La charla cerró con una nueva pregunta para el próximo encuentro: el amor propio. Porque, como anticipó la especialista, "nadie puede dar lo que no tiene" y el principio de todo vínculo también está relacionado con la manera en que aprendemos a querernos y valorarnos.

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