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10/10/2026

Cacho Farías, entre la gloria del boxeo y las cuentas pendientes con Viedma: "Te besan en la calle y después se hacen los boludos"

Fue campeón argentino, llegó a estar entre los mejores del país y protagonizó noches que todavía se recuerdan en la Comarca. Hoy da clases de boxeo, transmite lo que aprendió y habla sin vueltas sobre las decisiones que marcaron su carrera.
Néstor "Cacho" Farías, leyenda viviente del deporte de Viedma. Fotos NoticiasNet.
Néstor "Cacho" Farías, leyenda viviente del deporte de Viedma. Fotos NoticiasNet.

Néstor "Cacho" Farías conoce las dos caras del boxeo. Vivió el reconocimiento, las grandes veladas y el respeto que se gana arriba del ring, pero también las decisiones equivocadas, los vínculos que se diluyen cuando se termina la gloria y las dificultades para volver a empezar. A sus 56 años, el excampeón sigue ligado al deporte que le cambió la vida, aunque reconoce que su historia también está atravesada por oportunidades que dejó pasar y por heridas que todavía no cerraron.

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Hoy da clases de boxeo en el municipio, una actividad que desarrolla desde hace unos cinco años. Allí no solo enseña a pegar, defenderse o moverse sobre el ring: busca transmitirles a los chicos una forma de afrontar la vida. "El boxeo siempre lo vi como algo muy bueno para sacar a muchos chicos", contó en una entrevista con Radio Noticias, a través del programa Un Día Cualquiera.

Según relató, varios jóvenes que llegaron a entrenar sin trabajo encontraron después otro rumbo. "Muchos chicos que ni siquiera tenían laburo hoy son policías, otros son enfermeros, chicas que han terminado la escuela y ya tienen su trabajo. Eso es el boxeo. Una cuestión de vida".

Para Farías, el deporte puede funcionar como una herramienta de transformación incluso para quienes nunca llegan a competir. "Muchos ni siquiera pelearon, pero iban ahí y les cambia mucho la mentalidad". Por eso insiste en que el entrenamiento va más allá de lo físico: "El boxeo es sacrificio, conducta".

"El boxeo me dio el nombre, el prestigio y el respeto"

La relación de Cacho con el deporte comenzó mucho antes de sus primeras peleas profesionales. Su padre, recordó, fue una figura decisiva en su formación y un impulsor de distintas disciplinas en los barrios de Viedma.

"Mi viejo era un visionario. Nosotros éramos un grupo de hermanos y siempre nos metió en el deporte. Él tenía equipo de fútbol, de atletismo, fue un creador de la mayoría de los deportes en los barrios con el Fuerte Argentino", evocó.

En su familia había lugar para distintas actividades. Uno de sus hermanos se destacó en el atletismo y otros se inclinaron por la música. Pero su padre parecía tener claro cuál sería el camino de Cacho.

"Yo tenía 12 o 13 años, iba a mirar las peleas y me gustaba Monge, porque era un muchacho que andaba bien y me gustaba su estilo. Una vez fui con mi viejo y me dijo: 'Vos vas a ser el orgullo de Viedma en el boxeo'".

Farías recuerda que en ese momento le costaba creerle. Era apenas un chico que miraba las peleas desde abajo del ring, mientras su padre le anticipaba un futuro que parecía demasiado grande.

Con el tiempo, aquel pronóstico empezó a tomar forma. Su padre le transmitió movimientos y recursos que después se convertirían en parte de su estilo, entre ellos el famoso "voleo", un golpe que todavía recuerda como una de sus armas más efectivas.

"Mi papá me enseñaba las cosas que yo tenía, los voleos, que eso lo aprendí de él y ya lo tenía incluido", explicó. También destacó una enseñanza defensiva que considera fundamental: "Siempre me decía que barriera las manos. Actualmente no se ve, no aprenden a barrer las manos o a cabecear los golpes".

La disciplina y la conducta fueron parte de esa formación. Para Farías, el boxeo le permitió construir una identidad que se mantuvo incluso después de abandonar la competencia.

"El boxeo me dio el nombre, me dio el prestigio, me dio el respeto y la esencia de mi persona. Nunca la cambié, siempre fue igual", afirmó. Y agregó: "En los mejores momentos y en los malos momentos siempre me pasó lo mismo. Actualmente sigo siendo el mismo".

Aunque durante años tuvo una exposición pública considerable, asegura que conserva un perfil bajo. "Cuando entreno siempre corro para las chacras, para el campo. Siempre ando solo. Es una costumbre también de vida".

De una promesa olímpica a las grandes noches profesionales

Antes de instalarse definitivamente en Viedma y construir su carrera junto a Alfredo Vargas, Farías integró la selección argentina, fue campeón argentino y americano y llegó a estar clasificado para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Sin embargo, decidió dar el salto al profesionalismo.

"Cuando llegué acá encontré a Vargas y yo siempre fui muy de Viedma. Soy orgulloso de Viedma y de la Comarca. Siempre la he promovido", recordó sobre su encuentro con quien sería una figura clave en su carrera.

Con Vargas como entrenador, los resultados llegaron rápidamente. Farías contó que acumuló una extensa racha invicta y llegó a ocupar el primer puesto del ranking del Consejo Mundial de Boxeo en su categoría.

"Fui invicto hasta las 30 peleas, 32 peleas con él. Estaba número uno en el Consejo", relató.

Pero cuando mira hacia atrás, identifica dos decisiones que considera determinantes: no ir a Barcelona y alejarse de Viedma para continuar su carrera en Buenos Aires. "Yo quería ganar plata y veía que los profesionales ganaban plata y me quedé. Esa es la primera mala decisión que tuve. La segunda fue haberme ido de acá y haber dejado a Vargas", reconoció.

La oportunidad olímpica quedó atrás y su carrera profesional continuó con logros importantes. Sin embargo, Farías cree que pudo haber llegado todavía más lejos si hubiera sostenido el equipo de trabajo que lo acompañó en sus primeros años.

"Yo no tendría que haberme ido nunca de Viedma. Quizá hoy tenía otra historia", sostuvo. Para dimensionar el nivel que había alcanzado, recordó que compartía el ambiente del boxeo con figuras internacionales que después llegaron a ser campeones del mundo. "Me nombraban en esa época con la gente de Pacquiao, Barrera, Naseem Hamed. En ese grupo estaba yo y todos fueron campeones del mundo. Y yo me quedé en el camino, pero por ahí fue un problema de decisión que tuve".

Farías no responsabiliza únicamente a quienes lo aconsejaron. Reconoce que también tuvo parte en lo que sucedió y que, con el tiempo, entendió mejor cómo funciona el mundo profesional. "Guarda que no hay que echarle toda la culpa a Rivero, porque también fui irresponsable yo", aclaró, en referencia al representante Osvaldo Rivero, que apareció en su carrera en 1992.

"Cuando llegás a Buenos Aires, te marean las luces"

El traslado a Buenos Aires significó mucho más que un cambio de ciudad. Farías pasó de una vida que conocía a un ambiente con otras reglas, posibilidades y tentaciones. La exposición, el dinero y las relaciones que se construyen alrededor de un boxeador exitoso terminaron siendo parte de una experiencia que hoy analiza con autocrítica.

"Cuando uno llega a Buenos Aires con todas las luces, te marean las luces. Eso me pasó", admitió. Y explicó por qué considera que la formación es importante para afrontar ese tipo de situaciones: "Uno por ahí no está preparado para llegar a un lugar o moverse en un lugar donde no sabe. Por eso, cuando yo me pregunto, digo: 'No, loco, estudien, estudien, porque eso te da todo'".

En su caso, la falta de herramientas para desenvolverse en determinados ambientes le jugó en contra. "Terminás encontrando gente que habla de otra manera y vos no le entendés cómo hablan, porque no tenés estudio o no sabés lo que te están diciendo con otras palabras. Eso es lo que me pasó a mí".

Con los años, esa experiencia se transformó en una advertencia que intenta transmitirles a los jóvenes que se acercan al gimnasio. No alcanza con tener condiciones físicas ni con ganar las primeras peleas: también hace falta preparación, constancia y capacidad para elegir a quienes acompañan el recorrido.

"Por ahí tenés cuatro peleas y ya te creés que vas a lograr un montón de cosas, y resulta que el boxeo no es fácil como muchos piensan", señaló. Su consejo es directo: "El boxeo primero que todo tiene que tener la mentalidad de que vos tenés que sacrificarte al ciento por ciento y no salirte de la línea. Si tenés condiciones, escuchás y sos estudiado, creo que lo lográs".

Farías también cuestiona la idea de que el éxito dependa exclusivamente del talento individual. A su entender, el equipo que rodea al deportista puede ser tan importante como lo que sucede arriba del ring. "El boxeador es muy difícil que llegue solo, porque vos después vas haciendo el equipo. Cuando yo tuve un equipo fue imbatible. Pero cuando empecé a desarmarlo, ya me empezaba a faltar parte de mí", explicó.

En ese grupo, precisó, no solo estaban el entrenador y quienes lo preparaban físicamente. También contaban las personas que lo ayudaban con la publicidad, la alimentación y las decisiones cotidianas. "El que está en el rincón te resuelve cosas también. El que te lleva al banquito, el que te va a comprar las vitaminas o el que te ayuda con publicidad: todo tiene que ver con todo".

Entre los consejos que recuerda especialmente está el del periodista Julio Ernesto Vila, a quien describió como una persona de gran conocimiento y de quien aprendió escuchando. "Cada vez que yo hablaba con él, lo escuchaba, me daba consejos. Me decía: 'Pibe, vos podés hacer un montón de cosas, pero acordate de que el que pelea sos vos y el que decide sos vos'", dijo.

Vila, recordó, le había advertido que tuviera cuidado antes de tomar determinadas decisiones sobre su carrera. "Antes de que yo me fuera con Rivero me dijo: 'No te metas, sé dependiente'. Y no lo escuché a un tipo de esos. Pasó lo que pasó".

Los amigos del campeón y los que desaparecieron

El reconocimiento público también tiene una cara menos amable. Farías recuerda que, durante sus mejores años, estuvo rodeado de personas que lo acompañaban, lo invitaban a distintos lugares y buscaban estar cerca de él. Cuando los resultados dejaron de ser los mismos, muchos desaparecieron.

"Me llevaban a comer, toda esa gente era amiga mía, me llevaban para todos lados. Y después, cuando no fui campeón, no encontré a ninguno", contó.

La frase que atribuyó a Ringo Bonavena —sobre quedarse solo cuando te sacan el banquito— resume una parte de esa experiencia. Para Farías, el entorno que rodea a un deportista puede cambiar rápidamente cuando deja de ocupar el centro de la escena.

"Es como dijo Ringo: cuando vos peleás, después te sacan el banquito y quedás solo. Y es verdad, eso me pasó", afirmó.

Aun así, distingue entre los vínculos circunstanciales y el cariño que todavía recibe de la gente de Viedma y Carmen de Patagones. Ese reconocimiento cotidiano, dice, es una de las cosas que conserva con orgullo.

"La familia siempre es la familia. Yo soy el campeón siempre. O la misma gente que te ve en la cancha y te dice: 'Campeón, campeón'. Y eso es lindo. Uno nunca deja de ser campeón, por más que no pelee más", expresó.

Durante su mejor etapa, Farías llegó a pelear varias veces por mes y sus combates convocaban a una gran cantidad de público. También tuvo presencia en la televisión nacional y aseguró que representaba a la provincia en cada presentación.

"Yo peleaba en Canal 9, en ESPN y en otros canales. Si peleaba yo, no representaba solamente a Viedma o a Patagones: representaba a la provincia", recordó.

Según relató, en algunos períodos llegó a disputar entre 14 y 16 peleas por año, con presentaciones en la región y en Buenos Aires. Sin embargo, sostiene que el dinero y la exposición no siempre se tradujeron en relaciones sólidas ni en un reconocimiento duradero.

Más de 90 peleas profesionales y una vuelta al ring en La Pampa

A pesar de los altibajos, Farías no se alejó definitivamente del boxeo. Su trayectoria, según contó, incluye más de 90 combates profesionales y más de 70 como amateur. Incluso después de un largo tiempo sin pelear, aceptó volver a entrenar para una presentación en La Pampa.

"Me llaman de La Pampa y me dicen: '¿No te animás a hacer una pelea?'. Yo les dije: 'Dame tres meses'", recordó.

Aunque hacía años que no subía al ring, se tomó el desafío en serio. Volvió a correr, recuperó el entrenamiento y viajó para enfrentar a un rival al que describió como un zurdo difícil de conectar.

"Empecé a correr, a correr. Y fui, y gané en el primero", contó. La anécdota también le permitió volver sobre una cuestión que todavía le genera malestar: siente que el reconocimiento que recibe fuera de la ciudad no siempre se repite en el ámbito del boxeo local.

"Por ahí duele que uno va afuera y tiene su nombre, y te respetan. Y por ahí acá, entre la gente que está en el boxeo, no me he sentido respetado", manifestó.

Su crítica apunta especialmente a la forma en que se administra la actividad. Considera que, cuando el negocio ocupa el lugar central, quienes suben al ring pueden quedar relegados. "El boxeo es muy especial. Cuando te agarran para el negocio del boxeo y ganan los que no pelean, es difícil", cuestionó.

Y agregó: "Uno no cobraba, y yo dije: '¿Por qué le pagan a todos y a mí no me pagan?'. Entonces pasa. El boxeo es un negocio de abajo hasta arriba".

Farías recordó que durante sus mejores años ganaba bien, aunque reconoce que también fue generoso con muchas personas y que esa característica le trajo problemas.

"Siempre fui amable con mucha gente. Siempre fui generoso y lo sigo haciendo", aseguró. En ese sentido, explicó que todavía intenta ayudar a quienes se acercan, incluso cuando sabe que no todos pueden pagar por las clases o por el entrenamiento.

Pero también admite que esa predisposición puede ser aprovechada. "De dar mucho también se abusan. Después tenés los vivos, pero uno va aprendiendo".

Da clases, vende empanadas y reclama que lo tengan en cuenta

Lejos de la actividad profesional, la actualidad de Farías transcurre entre las clases de boxeo y distintas changas con las que busca sostenerse. Contó que en ocasiones vende empanadas y que se las rebusca cuando necesita dinero. "Estoy con las clases de boxeo y después me las rebusco. Por ahí vendo empanadas. De vez en cuando, si necesito algo, lo hago", explicó.

No habla de su situación desde la resignación. Recuerda de dónde viene y destaca que su familia siempre buscó salir adelante por sus propios medios. "Nosotros veníamos de un ranchito de cartón, de piso de tierra. Te imaginás que te la sabés toda. Esto no es nada. Sobreviví", afirmó.

Lo que sí le duele es sentir que algunas autoridades y algunos referentes que antes lo celebraban dejaron de tenerlo en cuenta. Según relató, muchas personas que lo saludaban con admiración cuando era campeón después no respondieron cuando él o su familia necesitaron apoyo.

"Te agarran, te besan en la calle, 'ídolo, campeón', y después se hacen los boludos, ni siquiera te atienden. Eso es lo que me duele y me da bronca", expresó y sostuvo: "Yo hice boxeo, me dio mi nombre y todo, pero no cambié mi personalidad, porque sigo siendo el mismo".

Esa personalidad, reconoce, también le trajo enfrentamientos. Dice que no suele callarse cuando algo le parece injusto, aunque eso implique incomodar a personas con poder o influencia. "Cuando a mí me dicen cosas que no me gustan, yo soy de decirlas, sea quien sea. No me importa quién sea", afirmó.

El consejo que les deja a los chicos: estudiar y no perder el rumbo

A los 56 años, Cacho Farías mira su carrera con orgullo, pero sin idealizarla. El boxeo le permitió salir de una infancia humilde, construir un nombre y representar a Viedma en escenarios importantes. También le dejó aprendizajes que, según reconoce, llegaron después de cometer errores.

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Por eso no busca que todos los chicos que pasan por sus clases se conviertan en boxeadores profesionales. Al contrario: prefiere que primero se formen, estudien y tengan otras herramientas para desenvolverse en la vida.

"Cuando me dicen: 'Qué raro, no tenés tus hijos que son boxeadores', les digo que estudien primero. Tienen otras cosas por ahí para destacarse", contó.

Su postura no significa que haya perdido el amor por el deporte. Al contrario, lo sigue considerando una de las experiencias más importantes de su vida, aunque conoce de cerca sus riesgos y sus contradicciones.

"El boxeo es el deporte más completo en lo físico y también en lo que te forja el carácter. Tenés que tener disciplina, tenés que tener constancia. Pero eso es hasta que te subís al ring; después de las primeras peleas empezás a decidir qué va a ser de vos", reflexionó.

En sus clases intenta transmitir justamente esa diferencia entre aprender a boxear y aprender a tomar decisiones. Porque, para él, tener talento no garantiza llegar lejos, del mismo modo que haber sido campeón no asegura que las puertas permanezcan abiertas para siempre.

Su historia conserva las noches de gloria, las remontadas, las victorias y el cariño de un público que todavía lo reconoce. Pero también tiene una parte menos visible: la de un deportista que siente que su ciudad podría haber valorado más su trayectoria y que hoy busca transmitir lo aprendido a una nueva generación.

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Y aunque no reniega de lo vivido, tiene claro qué les diría a quienes empiezan a soñar con el ring: "Si vos no te salís de la línea, tenés condiciones, escuchás y sos estudiado, creo que lo lográs en el boxeo".

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