Publicidad
 

AIRE PARA SENTIR

|
09/09/2026

Decir "no" sin culpa ni rodeos: las claves para aprender a poner límites y ganar paz

En su habitual columna radial, la especialista en inteligencia emocional Mercedes Querejeta, explicó por qué la acumulación de silencios agota la mente y afecta la salud.
La charla estuvo enfocada en las reglas para soltar la justificación, vencer el temor al rechazo y entender que el límite es una muestra de amor propio.
La charla estuvo enfocada en las reglas para soltar la justificación, vencer el temor al rechazo y entender que el límite es una muestra de amor propio.

Decir que sí cuando se quiere decir que no tiene un costo invisible pero acumulativo. En una nueva emisión de su espacio "Aire para sentir", dentro del programa El Radar por Radio Noticias (105.5 MHz), la psicopedagoga y coach ontológica Mercedes Querejeta abordó una de las dificultades emocionales más frecuentes: la incapacidad de establecer límites claros con el entorno.

Leer más: La ESRN 154 de Viedma abrió sus puertas a la comunidad con una gran exposición educativa

Durante la entrevista, la especialista remarcó que la resistencia a poner límites suele estar ligada a mandatos culturales de disponibilidad permanente, al miedo al rechazo y al sentimiento de culpa. Sin embargo, advirtió sobre las consecuencias directas de sostener esta conducta: "La acumulación de los 'no' no dichos tiene un impacto claro en nuestra salud. A veces atribuimos el agotamiento solo a lo físico, pero el cansancio mental por estar siempre disponibles nos desgasta y nos hace explotar ante el menor inconveniente".

Chau justificaciones: el poder de ser breves

Uno de los puntos centrales expuestos por Querejeta es la tendencia a sobreexplicarse cuando se intenta declinar una propuesta o marcar una frontera personal. Según la profesional, dar largas explicaciones delata inseguridad y debilita la posición de quien busca cuidarse.

"Cuando queremos empezar a poner límites, la tendencia habitual es justificarnos durante diez minutos. La regla básica para cambiar ese hábito es ser cortitos: 'En esta oportunidad no puedo', 'Prefiero no hacerlo', o 'Te quiero, pero no estoy de acuerdo'. Poner un límite no es agredir ni rechazar al otro; es buscar la propia paz y proteger nuestro bienestar", afirmó.

Leer más: Una capacitación de nivel internacional, pone a Viedma en el mapa de las ciencias del deporte

Asimismo, la coach ontológica enfatizó que la reacción negativa o de enojo que pueda tener la otra persona no invalida la necesidad del límite. "La primera convencida de que se merece esa tranquilidad tiene que ser uno mismo. Como lo tome el otro depende de su propia historia; lo importante es hablar desde nuestras necesidades sin entrar en batallas de poder".

Escuchá la nota completa:

El límite como herramienta de crianza y amor propio

En otro tramo de la columna, se abordó la complejidad de aplicar estos conceptos en el ámbito familiar, especialmente con niños y adolescentes. Frente a las consultas de los oyentes sobre las pataletas o el enojo juvenil ante las restricciones, la especialista fue contundente: "El límite es amor porque educa, recorta y evita frustraciones futuras".

Leer más: Una voz joven para la ciencia argentina: estudiante de Viedma ganó un premio del Instituto Balseiro

"Si no sabemos ponernos límites a nosotros mismos, nos va a costar mucho más ponérselos a nuestros hijos. Con los adolescentes, cuyo rol natural es desafiar y buscar autonomía, los adultos debemos bancar la incomodidad con calma y firmeza. Si cedemos a los cinco minutos porque se enojaron, el límite pierde toda credibilidad", concluyó Querejeta.

¿Qué opinión tenés sobre esta nota?