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07/09/2026

Río Negro echó raíces con casi 2.000 sauces criollos que ya fueron plantados en los valles

El Gobierno de Río Negro culminó en San Javier la campaña provincial de plantación masiva denominada “¡Sé planta!”. Una política iniciada para recuperar este ejemplar en los valles irrigados y ampliar su presencia en distintos ambientes de la provincia.
El trabajo llevado adelante fue en Viedma, San Javier y Fernández Oro y Choele Choel. Foto: gentileza
El trabajo llevado adelante fue en Viedma, San Javier y Fernández Oro y Choele Choel. Foto: gentileza

Casi 2.000 sauces criollos quedaron plantados en distintos puntos de Río Negro después de una campaña que recorrió buena parte de los valles irrigados y sumó a estudiantes, vecinos e instituciones en una tarea que va bastante más allá de poner un árbol en la tierra.

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Alumnos participaron de esta movida denomianda: "Se Planta". Foto: gentileza

 

La última jornada de “¡Sé planta!” fue en San Javier, pero el trabajo había comenzado días antes en General Fernández Oro, continuó en Choele Choel y pasó por Viedma. En total, fueron diez los sitios elegidos para incorporar ejemplares: riberas, espacios urbanos, viveros y plantas de tratamiento de efluentes.

La iniciativa busca recuperar la presencia del sauce criollo, una especie estrechamente ligada a los ríos y al paisaje de la región. Es, además, la única especie nativa de sauce de la Norpatagonia y el único árbol nativo de los valles irrigados de Río Negro.

La plantación fue de casi 2 mil ejemplares. Foto: gentileza

 

Por eso, la campaña no se limitó a plantar. También puso el foco en conocer la especie, conservar material genético, producir ejemplares en viveros y avanzar con ensayos y seguimiento técnico para saber cómo se adaptan los árboles en cada ambiente.

“Cerramos esta plantación masiva con casi 2.000 ejemplares en distintos lugares y ambientes”, señaló el ministro de Desarrollo Económico y Productivo, Carlos Banacloy. Y resumió la idea detrás de la propuesta: recuperar una especie que forma parte de la vida cotidiana de quienes viven cerca del río, pero hacerlo entendiendo que producción y ambiente no son caminos separados.

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Uno de los aspectos que marcó la campaña fue la participación de las escuelas. Más de 450 estudiantes de los niveles primario, secundario, técnico y superior formaron parte de las distintas jornadas. Entre plantación y plantación, pudieron conocer qué lugar ocupa el sauce criollo en los ecosistemas de los valles: ayuda a proteger las riberas, fija el suelo y aporta refugio y hábitat para otras especies.

El ministro de Desarrollo Económico y Productivo, Carlos Banacloy, recorrió la zona. Foto: gentileza

 

Hay, además, una dimensión que no se mide en cantidad de árboles. Banacloy la puso en palabras al hablar de los chicos que participaron: muchos de ellos, dijo, podrán regresar dentro de unos años con sus familias, sentarse bajo la sombra de uno de esos árboles y recordar que lo plantaron cuando estaban en la escuela.

Ese vínculo con el lugar es, en buena medida, uno de los objetivos de la propuesta. Que la recuperación de una especie nativa no quede solamente en una política ambiental, sino que también se transforme en una experiencia compartida y en una forma de construir pertenencia.

La plantación terminó, pero el trabajo continúa. El director de Recursos Forestales en Valles Irrigados, Antonio Puerta, explicó que ahora comienza una etapa menos visible, aunque fundamental: relevar los sitios, controlar cuánto de lo plantado logra prender y elaborar informes técnicos.

“La campaña de plantación termina, pero nosotros continuamos con los relevamientos”, explicó. La intención es que lo realizado este año no sea una acción aislada, sino el comienzo de una política que se extienda durante los próximos años.

En San Javier, la última jornada tuvo una postal que resume buena parte del espíritu de la campaña. Estudiantes de la Tecnicatura en Producción Agropecuaria, del CEPJA y de la escuela primaria de jornada extendida compartieron la tarea con vecinos e instituciones de la localidad.

Para Gladys Almuna, la clave está justamente en ese encuentro. “Uno quiere lo que conoce”, dijo. Y en este caso, conocer significó aprender sobre una especie propia del territorio, poner las manos en la tierra y asumir, entre varios, la tarea de cuidarla.

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