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25/08/2026

A 140 años de su nacimiento, el paso de Ceferino Namuncurá que dejó una huella en Viedma

Más allá del fenómeno multitudinario que conmueve a Chimpay, la capital guarda un capítulo fundamental en la vida del joven mapuche.
La figura del beato vuelve a estar en el centro de las celebraciones en Río Negro. En Viedma estudió, colaboró en la parroquia y atravesó parte de su enfermedad antes de viajar a Europa junto al cardenal Juan Cagliero. Archivo.
La figura del beato vuelve a estar en el centro de las celebraciones en Río Negro. En Viedma estudió, colaboró en la parroquia y atravesó parte de su enfermedad antes de viajar a Europa junto al cardenal Juan Cagliero. Archivo.

Este miércoles 26 de agosto se cumplen 140 años del nacimiento de Ceferino Namuncurá, una de las figuras religiosas más reconocidas de Río Negro y un personaje cuya historia también está estrechamente vinculada con Viedma.

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Mientras su localidad natal, Chimpay, se prepara para recibir a miles de peregrinos durante la 56ª Peregrinación a Ceferino Namuncurá, la capital provincial conserva distintas huellas de aquel joven que llegó a la ciudad a comienzos del siglo XX en busca de mejores condiciones para su salud y con el deseo de convertirse en sacerdote.

Ceferino nació en Chimpay el 26 de agosto de 1886, hijo del lonko mapuche Manuel Namuncurá, en un período atravesado por la llamada Conquista del Desierto y por el desplazamiento y despojo sufrido por numerosas comunidades indígenas.

En 1897 viajó a Buenos Aires junto a su padre. Allí comenzó a trabajar en el taller de la Armada en Tigre y posteriormente ingresó al colegio salesiano Pío IX, donde comenzó a profundizar su vocación religiosa. Su deseo era convertirse en sacerdote para llevar el mensaje cristiano a su pueblo.

Ese camino lo llevó a Viedma.
En 1903, cuando ya padecía tuberculosis, Ceferino fue trasladado a la entonces capital del Territorio Nacional de Río Negro por decisión del vicario apostólico de la Patagonia, monseñor Juan Cagliero. La expectativa era que el clima patagónico pudiera contribuir a mejorar su deteriorada salud.

Durante su estadía se alojó junto a los salesianos y continuó su formación en el Colegio San Francisco de Sales, en la actual Manzana Histórica. El edificio conserva todavía una placa que señala el aula en la que estudió, uno de los testimonios concretos que recuerdan su paso por la ciudad.

Pero su presencia en Viedma no quedó limitada a las aulas.

Ceferino también se desempeñó como sacristán en la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes, en pleno centro de la ciudad. Allí desarrolló parte de su vida cotidiana mientras continuaba con su formación religiosa.

Fue también durante este período cuando compartió su enfermedad con otro joven salesiano que años después tendría una historia propia de santidad: Artémides Zatti. Ambos permanecieron vinculados a la comunidad salesiana de Viedma y atravesaron juntos parte de aquellos años marcados por la enfermedad y la vocación religiosa.

La salud de Ceferino, sin embargo, continuó deteriorándose. Finalmente, los salesianos decidieron enviarlo a Europa con la expectativa de que pudiera recibir un tratamiento que le permitiera recuperarse y continuar su formación sacerdotal.

El 19 de julio de 1904 partió hacia Italia acompañado por monseñor Cagliero. Allí continuó sus estudios y tuvo la oportunidad de encontrarse con el papa Pío X, a quien obsequió un quillango mapuche tejido con lana de guanaco.

Su enfermedad avanzó rápidamente y, tras permanecer internado en Roma, Ceferino murió el 11 de mayo de 1905, cuando tenía apenas 18 años.

Más de un siglo después, su figura continúa convocando a miles de personas. En 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI en Chimpay, localidad que desde entonces se convirtió cada año en destino de una de las principales peregrinaciones religiosas de la Patagonia.

Este año, la celebración adquiere una dimensión especial por el 140º aniversario de su nacimiento. Bajo el lema “Artesanos de humanización y paz”, la 56ª Peregrinación a Ceferino Namuncurá se desarrollará entre el 26 y el 30 de agosto, con misas, procesiones, encuentros de jóvenes, espacios de reflexión y actividades comunitarias.

Pero la historia de Ceferino también permanece en Viedma.

Una calle y un barrio llevan su nombre, mientras que en el balneario El Cóndor existe un espacio que recuerda su figura. Y, sobre todo, permanece la Manzana Histórica, escenario de parte de su breve paso por la ciudad y uno de los lugares donde su presencia puede reconstruirse a través de la memoria y de los testimonios que quedaron.

También sobreviven algunas historias transmitidas por los vecinos a lo largo del tiempo. Una de ellas cuenta que Ceferino solía subir al campanario y lanzar flechas. Otra referencia popular ubica en la esquina de Colón y Rivadavia la denominada “esquina de Ceferino y Gardel”: Ceferino por su paso por la ciudad y Gardel por el museo que durante años funcionó en ese lugar y que mantiene viva la memoria del cantor.

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