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17/08/2026

San Martín en Viedma: una historia que vuelve cada 17 de agosto

Aunque el Libertador jamás pisó suelo norpatagónico, su huella permanece viva en la capital rionegrina a través de plazas, instituciones, arterias viales y emblemáticos espacios comunitarios.
La plaza que lleva el nombre del Libertador, sede de los grandes encuentros y desencuentros de los viedmenses. Foto: Archivo.
La plaza que lleva el nombre del Libertador, sede de los grandes encuentros y desencuentros de los viedmenses. Foto: Archivo.

Cada 17 de agosto, cuando el calendario vuelve a recordar la muerte del Libertador, esa presencia adquiere una dimensión especial. Pero la relación entre San Martín y Viedma no se reduce a una fecha ni a un acto protocolar: forma parte de la propia geografía de la ciudad.

Por eso, cada 17 de agosto, San Martín vuelve a aparecer en Viedma:  este lunes, autoridades municipales y provinciales, concejales y legisladores volvieron a reunirse en la plaza para homenajearlo al cumplirse 176 años de su fallecimiento.

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La plaza San Martín, en el corazón del casco histórico, es probablemente la referencia más evidente. Allí se encuentra el monumento ecuestre al Libertador y, desde hace décadas, el espacio es escenario de homenajes, actos, actividades culturales, deportivas y encuentros de la comunidad.

La plaza San Martín adquirió con el paso del tiempo una dimensión especial para Viedma. Es escenario de los grandes encuentros de la comunidad, de actos, celebraciones y actividades culturales y deportivas, pero también ha sido, en distintas ocasiones, escenario de desencuentros. Allí mismo tuvieron lugar protestas sociales que, en más de una oportunidad, terminaron en enfrentamientos.

Pero antes del monumento que hoy conocen los viedmenses hubo otro San Martín en ese mismo lugar.

Durante las primeras décadas del siglo XX, la plaza contó con un busto del Libertador. Su historia está relacionada con la gestión del gobernador territorial Carlos Gallardo y con una serie de bustos instalados en distintas localidades rionegrinas. El que estuvo en Viedma fue retirado en 1971 y trasladado al edificio de la Casa de Gobierno. En su lugar se instaló la estatua ecuestre que actualmente domina la plaza.

También hubo un intento de llevar hasta allí un pequeño fragmento de la historia sanmartiniana: un retoño del histórico pino de San Lorenzo. La iniciativa no prosperó y el árbol no sobrevivió, pero el recuerdo de aquel intento quedó incorporado a la historia del paseo público.

Y si se mira un poco más allá de la plaza, la presencia del Libertador se multiplica.

Está la calle San Martín, una de las arterias que atraviesan el centro de la ciudad. Está el Teatro San Martín, ubicado precisamente sobre esa calle y convertido con el paso de los años en uno de los espacios culturales tradicionales de Viedma.

Está también el barrio San Martín. Y allí aparece otro detalle: dentro de ese barrio hay dos calles cuyos nombres remiten directamente a personas fundamentales de la vida del prócer: una es Remedios de Escalada, la arteria que lleva el nombre de  la mujer con la que San Martín se casó en 1812 y madre de su única hija, Mercedes.

La otra es Cabral, en referencia a Juan Bautista Cabral, el granadero que quedó asociado para siempre a la figura de San Martín por su actuación durante el Combate de San Lorenzo, cuando acudió en auxilio del entonces coronel y contribuyó a salvarle la vida, antes de morir por las heridas recibidas.

La ciudad también llevó su nombre al deporte. El Club San Martín, una institución tradicional de Viedma, adoptó esa denominación en 1951, precisamente un 17 de agosto, abandonando el nombre original de Flor del Juncal. 

San Martín nunca estuvo en Viedma. Sin embargo, hace mucho tiempo que Viedma encontró distintas maneras de que estuviera presente.

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