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01/05/2026

Día del Trabajador: la historia de Alicia, una cocinera de Viedma con una vida hecha a fuego lento

Aprendió a cocinar a los siete años en un hogar y hoy, con 62, sigue encontrando en las hornallas su forma de salir adelante.
Alicia Tripailao es un ejemplo de superación y de perseverancia. Desde hace ocho años que realiza platos religiosamente en el local "Provenzal" de la calle Roca de Viedma. Fotos NoticiasNet.
Alicia Tripailao es un ejemplo de superación y de perseverancia. Desde hace ocho años que realiza platos religiosamente en el local "Provenzal" de la calle Roca de Viedma. Fotos NoticiasNet.

Alicia Tripailao tiene 62 años, pero su historia en la cocina empezó mucho antes, cuando apenas tenía siete. No fue en una escuela gastronómica ni en un restaurante: fue en el Hogar El Cóndor, donde creció y donde aprendió lo que hoy sigue siendo su herramienta de vida.

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“Yo me crié en un hogar, y de ahí aprendí a cocinar”, contó a NoticiasNet sin vueltas. Y enseguida agregó algo que no es menor: “También aprendí a coser, a hacer un montón de cosas que hoy quizá los chicos no lo saben. Se ha perdido mucho eso”.

Alicia trabaja desde hace ocho años en la rotisería de "Provenzal", en la calle Roca de Viedma.

 

Desde hace ocho años trabaja en la rotisería “Provenzal”, de la calle Roca de Viedma, donde todos los días pone en práctica ese oficio aprendido desde chica. Pastas caseras, empanadas, guisos, milanesas, hamburguesas, todo pasa por sus manos. “Acá se hace de todo, ravioles, ñoquis, fideos caseros… todo manual, todo a mano, se corta a cuchillo”, describió.

Pero su historia no se quedó en la cocina. También está atravesada por el esfuerzo cotidiano. Vive en el barrio Lavalle junto a su esposo —que tiene problemas de salud— y su hijo, que trabaja en una chacra. Y como a muchos, no siempre alcanza. “A veces también hago cosas en casa para vender, para ayudar un poco más la economía, porque como está hoy la situación”, dijo.

En ese contexto, defendió con firmeza al barrio donde vive. “El Lavalle es muy mal nombrado, pero hay gente muy trabajadora, muy luchadora, que pelea día a día para salir adelante”, remarcó. Y fue más allá: habló de las dificultades, de la pobreza que conoce de cerca y de lo que falta. “Me encantaría que el gobierno hiciera algo para sacar a los chicos de la delincuencia y las adicciones, que se les dé una oportunidad”, planteó.

Alicia no romantizó su historia, pero tampoco renegó de ella. Al contrario, la reivindicó. “Le doy gracias a Dios y a la familia Coppola (dueña del emprendimiento de "Provenzal", que me dio la posibilidad de trabajar acá. Gracias a ellos puedo sustentar mi casa”, reconoció.

Cuando se le preguntó qué significa la cocina en su vida, la respuesta no fue técnica ni elaborada: fue emocional. “Es mi cable a tierra. Me gusta inventar, buscarle la vuelta para salir adelante”, explicó.

Alicia dijo que el secreto del éxito es cocinar con amor. 

 

Y hay una clave que repite casi como un mantra: “No es lo mismo cocinar con amor que hacerlo a las apuradas. Mis nietos me dicen que les encantan las hamburguesas de la abuela, porque son grandes, caseras, con una ya no quieren más”.

En un nuevo Día del Trabajador, su historia no aparece en estadísticas ni en grandes discursos. Está en una cocina, en una olla, en una receta que se transmite sin escribirla.

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