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17/04/2026

Compras online: ¿por qué fracasó el intento de cobrarle una tasa al e-commerce en Viedma?

Una investigación explica por qué castigar con tasas al comercio electrónico terminaría afectando indirectamente a los negocios locales
El crecimiento del mercado digital obliga a replantear la estructura tributaria. Foto archivo.
El crecimiento del mercado digital obliga a replantear la estructura tributaria. Foto archivo.

En los últimos años, el paisaje urbano de Viedma sumó un actor protagonista: las camionetas de reparto que recorren la ciudad de punta a punta. El auge del comercio electrónico es una realidad innegable, pero tras él surgió un debate que llegó a los despachos oficiales: ¿es posible cobrar una tasa a estos gigantes digitales para compensar el uso de la infraestructura local y equilibrar la competencia con el comercio de barrio?

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La respuesta a este interrogante forma parte de la investigación de Juan Alomo, quien recientemente obtuvo su título de Contador Público en la Universidad Nacional de Río Negro (Sede Atlántica). En diálogo con NoticiasNet, el profesional detalló las conclusiones de su tesis: "Tributación al comercio electrónico en el contexto local: efectos de la imposición sobre la equidad y la eficiencia".

El primer gran escollo para aplicar un tributo a las compras online es estrictamente normativo. "Para poder aplicar una tasa es necesario que exista un local, un establecimiento al cual el municipio le pueda brindar un servicio y que justifique el cobro", explicó. En términos técnicos, se trata del nexo territorial.

Al no tener un espacio físico en la ciudad, el comerciante externo queda fuera del alcance de las tasas municipales. Ante esto, la investigación exploró la posibilidad de gravar a las empresas de logística (la famosa "última milla"), similar al modelo implementado en Barcelona en 2023. Sin embargo, en Viedma la realidad es otra.

¿Quién controla los paquetes?

Incluso si se lograra sortear el vacío legal, el municipio se enfrentaría a un desafío logístico casi imposible de resolver. "Surgiría un gran problema que es el de fiscalización. El municipio tendría problemas para poder identificar qué envíos corresponden a comercio electrónico y cuáles a simples encomiendas personales", señaló el flamante contador.

Esta dificultad obligaría a la comuna a implementar sistemas de control costosos y complejos, cuya operatividad podría terminar siendo más cara que el beneficio recaudatorio buscado.

Uno de los puntos más llamativos de la investigación es que un impuesto al e-commerce podría terminar perjudicando a los mismos comerciantes viedmenses. "Hay comerciantes locales que utilizan el mismo comercio electrónico para abastecerse, entonces esto les podría terminar afectando", advirtió Alomo.

Además, resaltó que encarecer los productos digitales impacta en el bolsillo del consumidor final, restándole dinero que podría destinar a otros servicios locales, como la gastronomía o la recreación. "Se podría estar afectando indirectamente a otros comerciantes que no compiten por precio con las plataformas", añadió.

Fomentar en lugar de castigar

Desde el ámbito municipal, las autoridades consultadas por Alomo coincidieron en que aplicar tributos no es hoy una opción viable. "Ellos prefieren optar por vías de fomento de consumo o migración del comercio minorista a la producción local o de servicios. La idea es acompañar este fenómeno y no combatirlo", concluyó el profesional.

Para el joven contador, la conclusión es clara: en el contexto actual, regular esta actividad mediante tasas municipales es una tarea escasa y riesgosa. Al tratarse de una actividad transjurisdiccional, los intentos de gravamen podrían terminar en anulaciones judiciales o afectando a los mismos actores económicos que se intenta proteger.

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