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18/04/2026

El gigante dormido en Patagones: a 33 años de un hallazgo que sorprendió a la ciencia

Ocurrió en una zona inhóspita, casi por casualidad, y terminó revelando la existencia de una criatura imponente que habitó la región hace millones de años. A más de tres décadas, la historia vuelve a cobrar vida.
Imagen de cómo se vería el animal según una reconstrucción de ChatGPT.
Imagen de cómo se vería el animal según una reconstrucción de ChatGPT.

Hace 33 años, a fines de noviembre de 1993, un inesperado descubrimiento en el partido de Carmen de Patagones cambió la mirada sobre el pasado prehistórico de la región. En las cercanías de Bahía San Blas, cerca del Faro de la Segunda Barranca, un hallazgo fortuito terminó sacando a la luz los restos de un animal tan imponente como desconocido para el territorio.

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Los protagonistas de este hito fueron el vecino Daniel Rochetti, quien encontró los restos casi por casualidad y compartió el recorte de un diario de La Plata sobre aquel histórico episodio. En esos días, el escultor Diego Scarfó también se ofreció a hacer una escultura sobre su figura en el lugar, pero no tuvo aceptación, de acuerdo a una conversación en el grupo "Comarca Patagones Viedma: un viaje al pasado", reconocido de Interés Municipal.

Las crónicas de la época señalaron que las paleontólogas Cecilia Deschamps y Susana Bargo, investigadoras del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, fueron quienes analizaron los restos fósiles de un Glossotherium, un perezoso gigante extinguido que habitó el continente hace aproximadamente dos millones de años.

El hallazgo se produjo en las inmediaciones del Faro Segunda Barranca, una zona aislada a la que solo se accede tras varios kilómetros de travesía. Allí, un vecino del lugar, el señor Rochetti, encontró fragmentos óseos y, sin saberlo, dio inicio a una investigación clave para la paleontología regional.

Lo que siguió fue una cadena de comunicaciones que involucró a instituciones científicas y autoridades locales, hasta que el caso llegó a manos de especialistas. Tras las primeras excavaciones, se confirmó lo que parecía improbable: se trataba de un ejemplar de grandes dimensiones, con una longitud cercana a los 3,5 metros, mayor incluso que un buey.

Los restos recuperados incluyeron fragmentos de maxilar, costillas, patas y vértebras, enterrados bajo capas de sedimento. También se hallaron pequeños huesecillos incrustados en la piel del animal, una característica distintiva de esta especie, que poseía una suerte de “armadura” natural.

El Glossotherium formaba parte del grupo de los mamíferos edentados, emparentado con los actuales perezosos, osos hormigueros y mulitas. Se alimentaba de hierbas y habitó amplias regiones de América del Sur y del Norte durante el período Cuaternario, hasta extinguirse entre el final del Pleistoceno y el inicio del Holoceno.

Este descubrimiento tuvo un valor adicional: era la primera vez que se encontraban restos de esta especie en esa zona específica de la provincia de Buenos Aires, ampliando el mapa de distribución de estos animales prehistóricos.

La historia, sin embargo, tiene un antecedente aún más remoto. En 1835, el naturalista Charles Darwin ya había hallado restos de esta misma especie en las cercanías de Punta Alta, en uno de los primeros registros científicos del Glossotherium.

A más de tres décadas de aquel hallazgo en Patagones, el eco de ese descubrimiento sigue vigente. No solo por lo que reveló sobre el pasado, sino porque demuestra que, incluso en los lugares más inhóspitos, la tierra aún guarda secretos capaces de reescribir la historia.

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