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PULSO ARTÍSTICO

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28/03/2026

Era cantante de ópera y con su instinto de superación llevó emoción a los escenarios

Se trata de Rosalina Violandó de Mallemacci. Acaba de cumplir 101 años y repasa toda su trayectoria desde su Brasil natal a Viedma.
La artista y el baúl de los recuerdos de sus amplios horizontes con la música a cuestas. Fotos Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.
La artista y el baúl de los recuerdos de sus amplios horizontes con la música a cuestas. Fotos Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.

Hay una historia que inspira. Transmite pasión, perseverencia y amor por el arte. A sus 101 años que acaba de cumplir, exhibe una trayectoria que irradia un vínculo con las emociones. Éste es el caso, de Rosalina Violandó de Mallemacci, nacida el 10 de enero de 1925 en San Pablo, Brasil, hija de un francés y una carioca. Allí, dio sus primeros pasos con el arte influida por las vetas artísticas de su padre.

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Arrancó a los seis años con el canto. Mostró desde niña un talento innato para la música y una voz que parecía destinada a llenar grandes teatros. Pese a las dificultades propias de la época y el entorno, su instinto de superación la impulsó a formar parte de coros y talleres musicales que fueron la base de su formación.

Desde el conservatorio consiguieron una beca para perfeccionarse en la Scala de Milán porque ya se perfilaba como una verdadera promesa. Un significativo desafío por entonces frente a la posibilidad de acceder al teatro, inaugurado en 1778 en esta ciudad italiana. Está considerado como uno de los principales teatros de ópera y ballet del mundo. “Yo quería ser solista de ópera”, apunta a NoticiasNet.

Entre notas y sueños apareció la posibilidad y junto a su madre partieron en el buque “Neptunia” hacia Europa donde se ganó la confianza del capitán que –a cambio de un espectáculo de canto los sábados- pasaron de hospedarse en “clase especial” del barco ya que viajaban en “segunda”. Sin embargo, no llegaron lejos. Europa estaba en los comienzos de la segunda guerra mundial.

Un giro en su vida

Rosalina y su madre, pese a la frustración, cambiaron de barco porque el capitán temía sufrir el hundimiento por torpedo. Recalaron en Buenos Aires donde su madre comenzó a actuar y, ella a perfeccionarse. A partir de su radicación porteña, tuvo algunas actuaciones radiales y mostrando su producto con su registro de voz, de soprano ligera.

“Mi mamá me decía que el primer grito para cantar lo pegué en su panza (de embarazada).Yo cantaba ópera, pero soy internacional: también interpreto tango, milongas y zarzuelas”, sostiene ante una entrevista a este medio en su actual residencia en Viedma.

La azarosa vida de artista de su madre la trajo a Punta Alta, y Rosalina comenzó a desplegar todo su talento con grandes actuaciones en las radios LU 7 General San Martín y LU 3 Del Sur, ambas de Bahía Blanca. Por entonces, la música le demandaba unas 16 horas mostrando una dedicación incansable.

Nuevo destino

Sus hijos puntaaltenses se radicaron en Viedma en Viedma a mediados de la década del ’70. Como su marido –quien colaboraba eligiendo las partituras- estaba jubilado decidieron instalarse en Viedma donde en 1974 abrió una filial de música del conservatorio D’Andrea.

Llegó a tener 80 alumnos. Hubo actuaciones memorables incluyendo Comodoro Rivadavia generando beneficios a entidades de bien público. Sin embargo, el punto culminante fue una presentación en Viedma, durante julio de 1981 de la Zarzuela Luisa Fernanda; de Federico Moreno Torroba, estrenada en Madrid en 1932.

Vale la pena detenerse en lo que generó Rosalina esa noche actuando como la Duquesa Carolina y poniéndose la mochila de la dirección general. Subieron al escenario del Centro Municipal de Cultura un total de 18 exponentes, entre los que se destacaron el tenor Primo “Palito” Salicioni, el barítono Oscar Lanza y la soprano lírica María del Carmen Martín, entre otros.

Una de las tantas actuaciones. Foto gentileza.

Distinción

El 14 de mayo de 2015 el Concejo de Deliberante de Viedma le entregó una mención como “Ciudadana Destacada”, por toda su trayectoria de vida. En la actualidad, a sus 101 años, conserva intacta esa chispa que la llevó a conquistar escenarios y corazones. Su historia es testimonio de la fuerza del espíritu humano y de cómo el arte puede transformar vidas. Con cada relato y cada sonrisa, Rosalina comparte una emoción auténtica que trasciende generaciones. Y anda con ganas de un último concierto.


En 2015 recibió un homenaje en el Concejo Deliberante de esta ciudad. Foto archivo.

Era cantante de ópera y con su instinto de superación llevó emoción a los escenarios
Era cantante de ópera y con su instinto de superación llevó emoción a los escenarios
Era cantante de ópera y con su instinto de superación llevó emoción a los escenarios
Era cantante de ópera y con su instinto de superación llevó emoción a los escenarios
Era cantante de ópera y con su instinto de superación llevó emoción a los escenarios
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