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27/03/2026

En la mira: los blancos del terrorismo de Estado antes y durante la dictadura en Viedma

Una investigación histórica reconstruye los atentados, persecuciones y secuestros que tuvieron lugar en la capital rionegrina. 
 Fuera la idea de que en la región la represión fue menor o inexistente.  Fotos: Vanesa Schwemmler.
Fuera la idea de que en la región la represión fue menor o inexistente. Fotos: Vanesa Schwemmler.

Viedma fue blanco de atentados y acciones represivas en el marco del terrorismo de Estado, incluso antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Lejos de tratarse de hechos aislados, distintos episodios registrados en la ciudad dan cuenta de una violencia sistemática impulsada por estructuras parapoliciales y estatales que ya operaban bajo la lógica de persecución política.

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Durante los años previos a la dictadura, los ataques estuvieron dirigidos contra militantes políticos, trabajadores, instituciones y espacios vinculados a la organización social, en una etapa en la que el accionar represivo comenzó a consolidarse bajo el amparo del propio Estado. 

Con el golpe, ese entramado se profundizó y adquirió carácter plenamente institucional, con la implementación de un plan sistemático de persecución, secuestro y desaparición de personas.

Esta caracterización se sustenta en la investigación de la licenciada Gladys Elvira, quien el pasado jueves 26 de marzo presentó su libro “Silencios develados. Inteligencia, vigilancia y represión política. Viedma–Carmen de Patagones (1974-1983)” en el Complejo Universitario Regional Zona Atlántica y Sur (Curzas) de la Universidad Nacional del Comahue.

A partir de fuentes documentales, testimoniales y judiciales, el trabajo reconstruye con precisión los blancos del terrorismo de Estado en la ciudad durante los años 1974 y 1975. Entre los hechos relevados se encuentran atentados contra un colectivo con militantes peronistas y la colocación de una bomba intimidatoria en la librería “Contramano”, vinculada a la militancia juvenil.

También se registraron acciones directas contra funcionarios y edificios del Estado provincial. Entre ellas, el atentado contra la vivienda del entonces ministro de Planeamiento, Remo Costanzo, el ataque al automóvil del ministro de Gobierno, Jorge Frías, y un atentado contra el edificio del Ministerio de Economía, donde funcionaba la oficina del ministro.

A estos hechos se suman ataques a la emisora LU15 Radio Viedma, allanamientos en el hospital y atentados contra viviendas de trabajadores del sistema de Salud, además de detenciones ilegales en el marco de conflictos laborales, como la huelga de HIPASAM en Sierra Grande.

En su exposición, Gladys Elvira fue contundente al desarmar la idea de que en el interior la represión tuvo menor impacto. “El terrorismo de Estado impuso el terror en todo el país, a lo largo y a lo ancho, y en todos los pueblos, incluso los más chiquitos”, afirmó.

En ese sentido, precisó que en la comarca Viedma–Patagones “hubo medio centenar de secuestros entre 1976 y 1978”, dando cuenta de la magnitud del accionar represivo en la región, cuyas consecuencias, en algunos casos, aún permanecen abiertas.

La investigación también pone el foco en el proceso previo al golpe, señalando que la represión no comenzó el 24 de marzo de 1976, sino que fue el resultado de una planificación sostenida en el tiempo. “El golpe se preparó, y la preparación es de larga data”, explicó la autora.

En ese marco, el libro documenta cómo el aparato represivo definió sus objetivos en distintos niveles: militantes políticos, trabajadores organizados, estudiantes, profesionales y actores vinculados a la vida pública e institucional de la ciudad.

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