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28/01/2026

La historia del hombre en situación de calle que duerme en una vereda: “La pasás, pero no te acostumbrás”

Se trata de Caio. Hace nueve años que no tiene hogar y hace uno que llegó a Viedma desde su córdoba natal. Admite que no es fácil, pero nunca le pidió ayuda al Estado local.
Caio duerme en el Hospital Zatti y vende bolsas de residuo en la esquina del nosocomio. Fotos: Vanesa Shwemmler
Caio duerme en el Hospital Zatti y vende bolsas de residuo en la esquina del nosocomio. Fotos: Vanesa Shwemmler

Caio nació en Córdoba capital, hace 50 años. La vida, como un mar de olas sin control lo llevó por distintas situaciones. Sin mapa, comenzó a moverse, en busca de la costa y poder pisar tierra firme, hasta que llegó a estas latitudes. El próximo 22 de febrero -según su registro- cumplirá un año de su arribo a Viedma, donde no pudo encontrar ese destino que anhelaba.

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Hace nueve años que está en situación de calle y admite que no es fácil, pero todas las mañanas se levanta con el sol para emprender un nuevo día que se repite una y otra vez sin demasiados cambios. Aquellos que circulan por el Hospital Zatti lo verán allí, en un rinconcito, donde al caer la noche se arma una cama improvisada para poder descansar. 

Cuando la ciudad se despierta agarra sus cosas y generalmente se mueve unos metros, a la esquina de Rivadavia y Guido. “Acá vendo bolsitas de residuo, es a voluntad de la gente. Me sirve para poder comer. Para eso me alcanza”, le contó a NoticiasNet.

Consultado sobre si no tiene familiares a quien recurrir para intentar quebrar este destino, contestó: “Tengo familia, pero hace de cuenta que no. No es familia, en la vida que vivimos en este mundo. Llega un momento en el que se muere papi y mami y se termina. Todos los argentinos vivimos en una circunstancia que no tenemos derechos. No hay ley como tiene que ser representada verdaderamente. La Justicia no ve los problemas que nosotros tenemos cotidianamente. 

Caio pasa sus días cerca del Hospital Zatti. Fotos: Vanesa Shwemmler

 

—¿Tiene hijos?

Tengo dos, pero ya son grandes. Viven acá en Río Negro, en Ingeniero Huergo. Hace años que no tengo relación con ellos. Ellos ya tienen sus respectivas familias, no puedo usurpar eso, ese camino que ellos ya han construido en la vida. Yo ya soy grande y ellos también.  

—¿Nunca buscó acercarse?  

Cuando me separé de la madre de mis hijos nunca más molesté a nadie, es una ley de mi expareja y hay que respetarla. Jamás fui y golpeé la puerta. Hay derechos y no hay que molestar...ella (su expareja) formó su familia y yo la mía buscando otro camino. Y ya está. Hay que dar vuelta la página.

—¿Antes de quedar en situación de calle a qué se dedicaba?

—En Córdoba yo era cartonero. Pero tengo varios oficios… soy carpintero, pintor... Acá no puedo trabajar de eso porque no tengo un lugar, donde dejar las herramientas. Si hubiese tenido la posibilidad de un techo, un alquiler bien barato, hubiera salido por todo Viedma a buscar una fuente de trabajo.

—¿No recurrió al Estado?

No, nunca. No he ido a molestar. Yo duermo acá, a la mañana temprano me levanto voy y trabajo vendiendo las bolsitas. Me sirve para comer, para "pilotearla" día a día.

—¿Cómo es vivir en la calle? 

Día a día te va llevando a golpe tras golpe, tras golpe… (Sus ojos se pusieron brillosos, con lágrimas a punto de caer, pero que finalmente no salieron, tal vez por esa coraza que se tuvo que poner para no flaquear ante desafíos constantes) Para uno que nunca estuvo acostumbrado a esto...tuve épocas de dormir en la calle, pero una o dos noches, nada más. Nunca 9 años seguidos. Nunca te acostumbras. La pasas, pero no te acostumbras.

—El invierno debe ser duro...

Sí, pero ya está curtida la piel al invierno (muestra su brazo). Este invierno que pasó no pasé frío. Lo pude pasar bien.

—Hay un albergue del municipio, donde se podría quedar a dormir...

Sí, pero nunca fui. En realidad, ya pasé una experiencia en esta vida y es "puterío" y robo. No podés sacar una ropa porque te la roban. En vez de ser más solidaria la gente entre los que somos pobres, que estamos en un albergue, no. Todo lo contrario, y hacen lo que no tenés que hacer en la vida. Muchos te muestran una cara que no es. Porque en la calle somos más solidarios, pero cuando entran ahí adentro tenés que pagar (derecho de) piso. Una ley que no existe. 

—¿Qué busca para su destino?

El destino que busco no está en este país. Por circunstancias de la vida los gobiernos de este país no reconocen lo que yo soy. Pero soy pobre, no tengo pasaporte, no tengo nada. Hay protocolos de la vida, pero no se entienden

—¿Cómo es su relación con la policía y con los vecinos?

—Ni un problema. No busco tener problemas con alguien, no busco hacer la delincuencia, no busco nada de eso. Me enfoco en no meterme en problemas con nadie.  

—¿Y cómo hace con las necesidades básicas, como ir al baño, higienizarse?

—Y bañarme...una lavada de cara en el baño de acá (el hospital). Hay cuestiones que viviendo en la calle se hacen imposibles.  

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