Publicidad
 

COLUMNA DE OPINIÓN

|
17/11/2025

La apicultura se consolida como una de las actividades productivas de mayor expansión en Río Negro

Análisis del INTA-Valle Inferior.
Controlando el enjambre. Foto gentileza INTA-Valle Inferior.
Controlando el enjambre. Foto gentileza INTA-Valle Inferior.

Con más de 90.000 colmenas activas, la provincia se consolida como un territorio con gran potencial productivo y ambiental. Desde el INTA Valle Inferior destacan la importancia del conocimiento, la formación y la diversidad de ambientes que hacen únicas a las mieles de Río Negro.

Germán Balbarrey, referente de apicultura de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Valle Inferior destacó que la apicultura provincial se caracteriza por su diversidad ambiental y productiva, una particularidad que permite obtener una amplia gama de mieles y productos derivados. “En Río Negro tenemos una riqueza en la diversidad que pocas regiones poseen. Cada ambiente —valles, estepa, zonas de montaña o frutícolas— ofrece floraciones distintas, y eso se traduce en mieles con características únicas”, señaló.

El especialista explicó que la actividad depende directamente del clima y de las floraciones, por lo que el éxito productivo está atado a condiciones naturales favorables. “Así como los cereales necesitan agua y las vacas pasto, nosotros necesitamos flores. Para tener floraciones que ofrezcan néctar y polen, se deben dar condiciones de clima benévolo que permitan el desarrollo de las abejas durante primavera y verano”, comentó.

Además del valor productivo, la apicultura cumple un rol clave en los sistemas de polinización asociados a los frutales de la región. “En el Valle Inferior, por ejemplo, cobra mucha importancia el servicio de polinización. Muchas colmenas llegan de otras provincias para prestar ese servicio, aunque cada vez más apicultores se establecen definitivamente en la zona”, agregó.

Consultado sobre la rentabilidad, Balbarrey reconoció que es un desafío, pero subrayó la importancia del conocimiento y la formación como principal capital del apicultor. “El capital más importante no es el cajón ni las abejas, es el conocimiento. En la medida en que los productores se forman, pueden adaptarse mejor, diversificar su producción y sostenerse en el tiempo”, afirmó.

En ese sentido, el técnico resaltó la nueva propuesta de formación profesional que comenzará en diciembre: el curso de Operario/a y Asistente Apícola, organizado por el Instituto de Educación Profesional de la Universidad Nacional de Río Negro, el INTA y el CFI, con financiamiento del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo. “Son 250 horas formativas, con modalidad híbrida, que combinan clases virtuales y prácticas en territorio. Buscamos fortalecer las capacidades locales y acompañar a quienes quieren iniciarse o mejorar su trabajo apícola”, explicó.

La inscripción estará abierta hasta el 25 de noviembre, y la propuesta se extenderá durante 2026, llegando a distintas localidades de la provincia.

Con entusiasmo, Balbarrey concluyó: “Río Negro tiene una enorme potencialidad apícola. La clave está en seguir formando, diversificando y aprovechando la riqueza natural que tenemos. La apicultura es conocimiento, territorio y comunidad”.

¿Qué opinión tenés sobre esta nota?