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12/08/2025

Irina Sarquis, la joven que salió de Viedma para trabajar en un crucero y recorrer el mundo

A los 26 años, Irina dejó los libros de inglés para embarcarse en una experiencia laboral intensa y transformadora. Hoy trabaja para una empresa naviera y recorre países que jamás imaginó conocer.

Irina Sarquis tiene 26 años y nació en Viedma. Su historia no es común, pero representa a una generación que busca salir de los caminos tradicionales para encontrar su propio destino viviendo una envidiable experiencia laboral.

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En 2018, se fue a La Plata con un objetivo claro: estudiar el profesorado de idioma Inglés, una lengua que viene aprendiendo desde que tiene siete años. Pero la vida dio un giro inesperado, y hoy trabaja en un crucero perteneciente a una de las empresas más grandes del planeta, viajando por el mundo y viviendo un virtuosismo tan increíble como exigente.

“Dejé la carrera, estaba buscando un trabajo, y encontré este trabajo por internet. Y bueno, apliqué y se me dio bastante rápido, por suerte”, cuenta en diálogo con NoticiasNet.

Una vida flotando entre culturas

Hoy, Irina trabaja a bordo de un crucero internacional como parte del departamento de Food & Beverage (área de gastronomía), cumpliendo funciones similares a la de una moza. Su tarea requiere un alto nivel de esfuerzo físico, muchas horas de pie y un ritmo laboral que no da respiro.

A juzgar por su relato, no todo es agotador en el mar, pues las constantes transacciones culturales y el viaje por distintos países del mundo le abrieron la cabeza. “El intercambio cultural es muy fuerte, es una experiencia increíble y muy intensa. Conocí países que no sabía que existían. Empezás a ver el mundo diferente, la verdad”, destacó.

Todos los días es lunes

En el barco, el tiempo se mide de otra forma. “Nos es indiferente qué día de la semana es. Una frase muy común ahí arriba es decir ‘todos los días es lunes’. Nos manejamos por los días del crucero: día uno, día dos, y así”, explicó.

Su rutina cambia constantemente, por lo que cada mes tiene nuevos horarios, nuevos compañeros y nuevos sectores de trabajo. En este sentido sintetizó que un día típico puede comenzar a las sieter de la mañana con el turno de desayuno en el buffet, tener un descanso de cinco horas, y luego volver para el turno cena hasta las 22 o 23 horas.

Entre el trabajo y los puertos

A pesar del ritmo exigente, los tripulantes tienen la posibilidad de bajar a tierra durante los descansos. “En los breaks podemos bajar a los puertos, conocer los distintos lugares, pasear. Pero siempre con tiempo limitado. A veces, por más que quieras conocer, elegís descansar porque sabés que, si no dormís, no vas a rendir en el trabajo”, comentó Irina, destacando lo valioso que se vuelve el sueño en ese contexto.

Si bien, la joven -quien jugó al básquet en los clubes San Martín y Sol de Mayo- domina el inglés y el español, lo que le permite manejarse bien en un entorno donde conviven personas de todos los continentes. “Es re loco porque ahí arriba es normal que las personas hablen dos o tres idiomas. Estás en una reunión y se cambian los idiomas constantemente. Es muy natural”.

La diversidad y multiplicidad de turistas y tripulantes también le denota uno de los aspectos más desafiantes es la inestabilidad de los vínculos. “Es difícil con las relaciones porque no podés apegarte a nadie. La gente se va cuando se terminan sus contratos. Así como se va tu amiga, se va tu jefe. Te tenés que adaptar constantemente a los cambios muy rotundos”.

Los proyectos de vida anclados al crucero como puente al mundo

Desde hace varias semanas, Sarquis volvió a Viedma para disfrutar con su familia y amigos, después de estar meses trabajando incansablemente. En la oportunidad, fue consultada sobre sus proyectos y mencionó que en septiembre volverá a embarcarse barco, pero con un itinerario distinto.

Ya se siente como en casa arriba del buque, y aunque disfruta de la experiencia, tiene objetivos claros a futuro: “Tengo como objetivo tratar de ascender o cambiarme de departamento. Restaurante no es mi puesto favorito, es mucho esfuerzo. Pero sé que es posible tener una buena vida arriba del barco: trabajar seis horas, tener un sueldazo, días libres y menos trabajo físico. Obviamente, eso lleva tiempo”.

Mientras tanto, sigue construyendo su camino en el mar, uniendo su pasión por los idiomas con una experiencia laboral fuera de lo común.

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