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20/06/2025

La vida a bordo: es de Viedma y recorre el mundo trabajando en cruceros

Juan Nervi cambió la tranquilidad de su ciudad natal por los desafíos de los grandes mares y las aventuras globales.
Cada día es un nuevo destino y un desafío cumplido.
Cada día es un nuevo destino y un desafío cumplido.

Desde las tranquilas orillas del río Negro hasta los imponentes mares del Caribe y más allá, Juan Nervi, un viedmense de 40 años, transformó la recepción de cruceros en su pasaporte a una vida itinerante y llena de desafíos.  En diálogo exclusivo con NoticiasNet, compartió su fascinante historia, una odisea que combina la pasión por el servicio, el dominio de los idiomas y la realización de un sueño de toda la vida.

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Juan se desempeña como International Guest Services Host, una posición que lo distingue del resto de los recepcionistas a bordo. Su habilidad para comunicarse en cuatro idiomas – inglés, castellano, italiano y portugués – lo convierte en el punto de contacto crucial para huéspedes de diversas nacionalidades. "Soy el que por ejemplo se encarga de hacer las traducciones en caso de que haya traducciones, soy el que hace los anuncios del barco en diferentes idiomas", explicó, destacando su rol esencial en la comunicación multilingüe a bordo de gigantes como el Wonder of the Seas de Royal Caribbean.

Su jornada laboral, de 9 a 12 horas diarias divididas en dos bloques, incluye la compaginación y traducción del "Compass", el diario de actividades del barco, siempre anticipándose a las necesidades de los días venideros. Además, como cada tripulante, participa en simulacros de emergencia, asumiendo una posición específica para garantizar la seguridad de los miles de huéspedes.

La vocación de Juan Nervi no es reciente. Con 20 años de experiencia en hotelería y turismo en ciudades como Buenos Aires, Mendoza y Bariloche, su carrera despegó en 2006. Tuvo un breve "impasse" entre 2021 y 2024, años en los que regresó a Viedma para trabajar como docente de inglés y guarda ambiental en Punta Bermeja y Pozo Salado.

El regreso a la vida internacional fue impulsado por el anhelo de volver a trabajar fuera del país, una experiencia que ya había vivido en Nueva Zelanda, Brasil y Dubái. "Hablando con un amigo, con Mauro, de irnos a trabajar afuera, apareció esta propuesta de los yates de lujo o cruceros", relató Juan. Tras un riguroso proceso de selección con una reclutadora, que incluyó tres entrevistas virtuales, fue seleccionado.

Para Juan, trabajar en un crucero no es un cliché; es la concreción de un sueño. "Para mí trabajar en un crucero o en una aerolínea siempre fue dentro de la hotelería uno de mis sueños", confesó. A pesar de la exigencia y la presión, especialmente en los primeros meses, la motivación de cumplir ese anhelo lo mantuvo firme.

La experiencia a bordo no solo le ha permitido cumplir su vocación, sino también conocer lugares que jamás había visitado. Desde que inició con la compañía, Juan ha explorado destinos exóticos como Orlando (Estados Unidos), Coco Cay y Nassau (Bahamas), Saint Thomas (Islas Vírgenes Norteamericanas), Saint Martin (Antillas Holandesas), Cozumel y Costa Maya (México), Roatán (Honduras) y Jamaica.

Fue precisamente a bordo de un crucero donde Juan encontró el amor. En Saint Thomas, se casó con Ayelén, también recepcionista para Royal Caribbean, quien comparte su pasión por la vida en el mar.

Los itinerarios semanales del Wonder of the Seas son vertiginosos: un barco en constante movimiento, con escalas de 8 a 10 horas en puerto y días de navegación. A pesar de los largos días de trabajo, la tripulación encuentra momentos para el esparcimiento. "Si justo estás en un puerto te bajas y recorres lo que gustes", explicó. Los días de navegación, el barco se transforma en una ciudad flotante con opciones para todos: gimnasio, spa, shows de teatro, clases de baile (zumba, salsa, aerobics, yoga, pilates), clases de cocina (sushi, cupcakes), shows de talentos y actividades organizadas por Recursos Humanos, como noches de pintura y vino.

Juan es enfático en desmitificar la idea de que trabajar en un crucero es sinónimo de vacaciones. Las jornadas son intensas, con un promedio de 200 huéspedes atendidos por día por cada recepcionista. "Muchas veces son días cargados de reclamos lo cual nos agota muchísimo. Más la presión de la empresa", adviertió.

A pesar de la dureza, Juan y Ayelén están canalizando su experiencia en un proyecto. "Con mi esposa estamos escribiendo un libro respecto a la vida a bordo para aquellas personas que deseen conocer el trabajo o estén pensando en sumar esa experiencia en sus vidas", reveló, invitando a otros a sumergirse en su historia y vivenciar la realidad de una vida que, aunque exigente, les ha permitido cumplir un sueño y recorrer el mundo.

La vida a bordo: es de Viedma y recorre el mundo trabajando en cruceros
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