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FAMILIA

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04/08/2025

Calu Rivero salió de vacaciones junto a su familia

Un escape a la naturaleza

En un merecido descanso alejados del bullicio y el ajetreo urbano, Calu Rivero, famosa actriz argentina, optó por unas vacaciones llenas de tranquilidad en el campo junto a su familia. Este retiro, impregnado de paz y cercanía con la naturaleza, se convirtió en la opción perfecta para revitalizar lazos familiares y alejarse del frenesí de la ciudad.

Calu Rivero, acompañada de su pareja Aíto de la Rúa, y sus hijos Tao y Bee, descubrió en los verdes campos argentinos un refugio donde la sencillez y lo esencial se funden. Las imágenes capturadas durante este oasis de serenidad revelan la pureza de la vida rural: extensos horizontes llenos de pastizales, caballos que trotan con paso firme sobre caminos de tierra polvorienta y la compañía entrañable de perros que merodean alegremente.
En el tranquilo amanecer campestre, Calu Rivero aparece entre sonrisas, vestida con prendas de invierno, lista para un paseo a caballo junto a su familia. Una fotografía especialmente conmovedora muestra a la actriz envuelta con suaves mantas mientras sostiene a la pequeña Bee, emergiendo erguida sobre el caballo, ambas inmersas en la brisa matutina.

Tao, por su parte, se mostró imparable, explorando con ansias cada rincón del entorno con su inagotable energía. De su mano siempre su padre, Aíto, quien también se regaló en esos días de calma, cultivando momentos sencillos, creados tal vez en improvisadas aventuras rutinarias, pero que tienen en su esencia un significado profundo y pleno.

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Pero estas vacaciones no solo significaron descanso, sino también un festín para los sentidos con la degustación de comidas típicas forjadas a fuego lento, seguido de tertulias vespertinas al amparo de una veranda celada por los sonidos de la fauna local. Al final, este paréntesis campestre devino en un tiempo especial para inhalar hondo, admirar el entorno y disfrutar placeres simples que la cotidianidad urbana a menudo eclipsa.

Los Rivero-De la Rúa, en efecto, mostraron con esta pausa la inclinación a vivir fuera de la velocidad impuesta, optando, por el contrario, en una ralentización que permite la verdadera conexión. La vuelta a lo más humano y afectivo queda inmortalizada no solo en las fotografías compartidas, sino también en los recuerdos que surgen de lo vivido: un presente enraizado en lo tangible y valorado en su justa medida, en el seno del amor familiar.

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