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28/01/2025

La escalofriante historia de Raúl Piñel, el caníbal argentino que mató y comió a su padre por un "pacto con el diablo"

Confesó su crimen: “Ahora a mi papá lo llevo bien adentro”.

El 20 de junio de 2008, en la localidad tranquila de Daireaux, Provincia de Buenos Aires, sucedió un crimen que conmocionó no solo a la comunidad local, sino a todo un país. Raúl Ernesto Piñel, un hombre de 33 años, fue detenido por cometer un asesinato perturbador: el primero reconocido de canibalismo en la historia reciente de Argentina.

La víctima fue su propio padre, Raúl Prudencio Piñel, en un acto que desafía el entendimiento humano y desafía la ficción más oscura.  La historia comenzó cuando un vecino, llamado simplemente para respetar su privacidad, llegó a la casa de Raúl Prudencio Piñel en un apacible barrio de nombre Don Cándido.

El tranquilo día se transformó cuando Raúl Ernesto, el hijo de Prudencio, lo invitó a entrar casualmente en la casa para tomar unos mates. Sin embargo, lo que el vecino encontró fue más que inesperado: manchas de sangre conspicuas en las paredes y un olor nauseabundo que emanaba de la vivienda. Alegando tener que "comprar bizcochos", el vecino se alejó rápidamente y contactó a las autoridades con un creciente terror.  

 

 

Cuando la policía llegó, la escena con la que se encontraron era de pesadilla. Los restos de Raúl Prudencio yacían mutilados, con órganos como el corazón y los riñones cocinados de una manera inverosímil a la provenzal, una receta que pertenecía a un libro de cocina y no a una escena criminal.

El horror aumentó cuando Raúl Ernesto Piñel, sonriente y aparentemente tranquilo, confesó su atrocidad diciendo que llevaba a su padre "bien adentro".  

La investigación policial reveló detalles escalofriantes. Dentro de una olla en la cocina, se hallaron órganos fileteados y parcialmente cocidos, confirmando así el acto de canibalismo.

 

 

Fragmentos restantes de estos órganos fueron la única evidencia encuentran en el lugar. Las pericias forenses detallaron además las características psicológicas y criminológicas del atacante.

Piñel había cumplido una condena por robo en la cárcel de Urdampilleta luego de ser arrastrado a la delincuencia por un amigo de la infancia. Estaba casado y tenía dos hijos, además de ser el mayor de tres hermanos.

Según lo expresado en el expediente del caso, durante ese tiempo en prisión, el joven se había obsesionado con los rituales satánicos y hasta aseguraba haberse topado cara a cara con el diablo en su celda.

 

 

Su actitud fue cambiando con el correr de los meses en cautiverio y hasta tuvo problemas con un guardia, a quien atacó mordiéndole el cuello. Cuando salió en libertad condicional, se divorció y empezó a vivir con su madre, que estaba separada de su padre desde su infancia.

Sin embargo, ya no era el mismo, y en el pueblo lo apodaban “el loco”. El día del asesinato, fue a dormir a la casa de la víctima, Raúl Prudencio, y luego del hecho, los detectives aseguraron que el asesino les manifestó que planeaba hacer lo mismo con su madre: “Ya curé y salvé a mi padre. Ahora me queda hacer lo mismo con mi madre”.

 

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