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RÍO NEGRO-JUDICIALES

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22/02/2023

Claudio Kielmasz, el Robledo Puch de la Patagonia y una historia truculenta

Claudio Kielmasz, el Robledo Puch de la Patagonia y una historia truculenta
Claudio Kielmasz, el Robledo Puch de la Patagonia y una historia truculenta

El asesino Claudio Kielmasz está intranquilo y amenaza con más recursos y presentaciones para conseguir lo que tanto desea: que le otorguen un régimen de salidas transitorias que atenúen su condena a prisión perpetua que cumple desde 2001. ¿Le corresponde recibir ese mínimo de contemplación y humanitarismo?.

Fue detenido a fines de 1997 y desde entonces permanece entre rejas, con algunas esporádicas salidas para visitar a su madre, que padece una enfermedad terminal y hoy está internada en el hospital de Zapala. Sobre su conciencia pesan los crímenes de Verónica Villar y las hermanas Paula y María Emilia González, cometidos con una frialdad extrema después de mantenerlas secuestradas y haberlas torturado de varias maneras.

Dos hechos demostraron la sangre fría con que se manejó: primero, acercándose a las familias de las víctimas y hasta participando en las marchas para reclamar justicia. Después, en un intento de cobrar la recompensa que se ofrecía a quien entregara alguna pista que permitiera resolver el hecho. Denunció ante la policía el lugar donde podían encontrar la pistola calibre 22 con que se cometieron los tres femicidios. En un canal de desagüe, ubicado en una zona periférica de Cipolletti, encontraron el arma homicida.

En esa oportunidad, el asesino pecó por confiado y autosuficiente: había limado la numeración con una amoladora y estaba convencido de que nunca llegarían hasta él. Pero resultó que las pericias lograron identificar tres dígitos que se correspondían con la que tenía registrada su madre. Esto, sumado a otros datos que lo fueron ubicando en la escena del crimen, fueron los indicios que lo terminaron de condenar.

Durante aquel juicio sorprendió por su juventud, su “cara de ángel” y su mirada escrutadora. Hoy, con el mismo peinado, el mismo tipo de anteojos, ahora usando una barba recortada, muestra las señales del paso del tiempo. Este año va a cumplir 50 años, la mitad de los cuales los pasó en prisión.

También se lo acusó por el homicidio de Yanet Opazo y las gravísimas heridas ocasionadas a Claudina Kilapi en 1993, pero las pruebas aportadas no fueron consideradas suficientes y fue sobreseído.

De acuerdo al Código Penal vigente al momento del juicio por el triple crimen, a los 25 años le corresponde la posibilidad de pedir las salidas transitorias, pero el juez de ejecución penal – en este caso, Fernando Romera - debe solicitar diversos informes a los penales donde estuvo encerrado y una pericia psiquiátrica al cuerpo médico forense.

Según trascendió, todos esos informes fueron negativos: sigue manteniendo conductas antisociales y su personalidad psicopática no tuvo cambios. A lo largo de estos 25 años, no estableció relación con otros detenidos y tampoco se propuso realizar algún tipo de estudios.

Su falta de empatía y la forma en que cometió sus crímenes hacen recordar al temible Carlos Robledo Puch, autor de 10 homicidios calificados, un homicidio simple, un intento de homicidio y varios robos, durante su raid delictivo que duró dos años (entre 1970 y 1972). El llamado “Ángel de la muerte” seguía en prisión 50 años después, con un grave deterioro de su salud física y mental.

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