Campanas de la Catedral: lo esencial que no se escucha
"Nosotros queríamos que las campanas de la Catedral sonaran al viento, pero la economía parroquial con pocos fondos, generó impedimentos", así lo señalan Leonardo Falce y Jorge Torcoletti, los dos voluntarios de la comunidad eclesiástica que a fines de los 70' protagonizaron la aventura de colgar el campario.
Inicialmente, pretendían que el tañido se escuche a lo lejos, y como para reivindicar lo histórico, y que se convierta en un acto cultural y turístico del lugar.
Para que se muevan las campanas, había que comprar una soga especial. Debía tener 30 metros de largo con 30 milímetros de espesor. La flaqueza de las finanzas, hizo que ese sistema se cambie por alambre para conectarlo al badajo de la campana..
Sin embargo, hay dos motivos por el cual los viedmenses no se pueden acostumbrar al sonido, ni siquiera para actos litúrgicos o efemérides locales.
Uno es que el actual Párroco, Luis García Rodríguez, aun en pandemia, tiene a su cargo siete capillas. Y según Falce: "No podés estar en el templo y en el campanario al mismo tiempo".
La otra razón es de carácter técnico. Al sistema pendular le faltan resortes, y en consecuencia, no tiene juego y mantiene trabadas a las campanas.
Hasta ahora, los fondos que aparecieron tuvieron otras prioridades más importantes en su restauración.
El año pasado se aprovechó fuertemente las restricciones para avanzar con las obras: Pintura en lo alto de los techos abovedados, refacción y pintura de columnas y paredes intervenciones en el sistema de iluminación.
El emblemático templo lleva más de 100 años en pie. Fue inaugurado en julio de 1912, tras varios avatares sufridos en el transcurso de décadas, que incluyen destrucciones totales de antiguos templos en el mismo sitio, a causa de un incendio la primera vez, y posteriormente por la histórica inundación de 1899.
Se pintaron las bóvedas y la cúpula en el alto del techo, de un color azul cielo, obras que se llevaron a cabo gracias a la intervención de un equipo de trabajo conformado por los propios feligreses, quienes además de aportar horas de esfuerzo, también aportaron herramientas, como por ejemplo los andamios. También se avanzó en la iluminación superior en led y ubicación de algunos reflectores, iluminando las bóvedas y la cúpula.
Otro de los trabajos fue intervenir en la capilla ubicada en el lateral de la Catedral, obra que ya se había iniciado y había quedado inconclusa como consecuencia de la cuarentena. Allí se llevaron a cabo reparaciones integrales de electricidad, y otras pequeñas refacciones, como el acondicionamiento del espacio y de las aberturas, para poner a resguardo el valor mobiliario de ese lugar.
La historia de la edificación
Esta edificación se inició sobre planos originales del Padre Juan Aceto, con la posterior intervención del Padre Vespignani, arquitecto experto en construcciones religiosas. Tuvo muchas demoras y modificaciones sobre la marcha de la obra, que finalmente se inauguró el 2 de julio de 1912.